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MARGEN CULTURAL
EL IDIOTA MORAL EUROPEOEdurne Iriarte
EL TIEMPO
Si nosotros, los europeos, ignoramos durante años los millones de crímenes estalinistas, también los nazis al principio, con mucha más tranquilidad hemos dado la espalda a los cientos de miles de crímenes de los terroristas colombianos. Las víctimas colombianas están muy lejos y las excusas ideológicas de los criminales muy cerca. Son las mismas que las de todos los terrorismos de extrema izquierda, las mismas que las de Eta. Algunos europeos aún las comparten y ni siquiera reconocen a los asesinos. Sospechan de las propias víctimas y de los demócratas colombianos.
Por eso hemos tardado varias décadas en salir a la calle en Europa y en el resto del mundo a decir "Basta ya a las Farc", como lo hicimos el 4 de febrero. Quienes hasta ahora hablaban en Europa eran los ideólogos del conflicto, los que sí entienden que los crímenes de los paramilitares son sólo crímenes, pero persisten en confundir los otros crímenes, los del otro terrorismo, con el conflicto.
Y luego viene el otro lado de la idiocia moral europea. Aun hace sólo una semana, una prestigiosa y respetable revista francesa de centroderecha preguntaba al Presidente colombiano por qué llamaba terroristas a la guerrilla. O si su política antiterrorista era fruto de la venganza porque su padre fue asesinado por las Farc. Preguntaba el idiota moral europeo. Desde la izquierda, llama conflicto al crimen. Desde la derecha, llama venganza a la firmeza democrática. Demasiadas aberraciones, demasiada ignominia contra las víctimas colombianas para que un día de protesta sea suficiente. Queda un largo camino para que Europa repare su deuda moral con Colombia.

No importa cuántos millones fueron: la manifestación fue contundente. Que las FARC son inmunes a la protesta ciudadana, dicen muchos. Tal vez. No obstante, parece innegable que las FARC están considerablemente reducidas en lo militar y necesitan recuperar espacio político en el escenario internacional. Chávez se ha convertido en su salvavidas pero, no por salvarlas a ellas, dejará que lo arrastren a él.

He asistido en los últimos dos meses a varios foros donde se discuten las diferencias entre Colombia y Venezuela y he visto con asombro que hay una tendencia dominante a reducir el conflicto a la locura de Chávez y a sus delirios expansionistas. Incluso gente culta e informada se atreve a esta simplificación.
El rumbo político que han tomado los dos países es muy distinto y los factores de conflicto no son menores. El futuro de las relaciones es incierto y solo una toma de conciencia de la gravedad de la situación y un esfuerzo inmenso por reducir las tensiones puede evitar la marcha hacia un escenario catastrófico.
El contraste político no podía ser mayor. Mientras Uribe encarna un populismo de derecha de corte autoritario, Chávez representa un populismo de izquierda y un autoritarismo no menos agresivo.
Ambos han tenido un gran respaldo popular, aunque en el momento el mandatario venezolano, que lleva más años en el poder, acusa un desgaste en las encuestas.
Con otro ingrediente de tensión: las relaciones con Estados Unidos en la fanática era de Bush. Mientras Chávez, sentado en unas reservas petroleras envidiables, se alejaba más y más de Washington, nuestro mandatario buscaba cobijo seguro en el rancho americano.
En Caracas floreció la idea de que Colombia sería la cabeza de playa de una intervención militar norteamericana en el territorio venezolano y en Bogotá la preocupación -alimentada desde la Casa Blanca- de que quizás las guerrillas colombianas estarían recibiendo un considerable apoyo soterrado de Venezuela y los narcotraficantes una franquicia descarada para sus operaciones.
Ahora nos enfrentamos a tres posibles escenarios: uno, optimista, en el cual se normalizan las relaciones, quizás con la mediación de líderes como Castro, Lüla o Carter, se levantan los obstáculos al comercio y se activan nuevamente todos los mecanismos de integración. Pero esto implicaría una vuelta de Chávez a las gestiones de paz y un cambio de rumbo de Uribe en la estrategia frente a las guerrillas.
Otro, especialmente trágico, en el cual la cadena de agresiones y de maniobras políticas continúa hasta derivar en incidentes bélicos en la frontera. Colombia tendría como aliada, por momentos, a la oposición política venezolana y apelaría a una intervención punitiva de Estados Unidos. Pero Chávez tendría como parte de su ejército a los guerrilleros colombianos y contaría con la solidaridad o la neutralidad de la gran mayoría de los países de América Latina.
Y un tercero, en el cual las cosas siguen, como ahora, por un período. Chávez mantiene una interlocución con las guerrillas sin traspasar el ámbito político, y Uribe le permite que siga jugando un papel protagónico en la liberación de los secuestrados. El comercio sufre algunos tropiezos, pero no un completo descalabro. El Palacio de Nariño no responde a las agresiones verbales que salen del Palacio de Miraflores.
Es posible que me tachen de tremendista por hablar de posibilidades de guerra, pero este escenario no es descartable y Uribe debería considerarlo. La conformación de un grupo especial de crisis conformado por un general avezado, un empresario representativo de los intereses que están en juego y un diplomático conocedor de los asuntos venezolanos, le podría ayudar a buscar los caminos menos tormentosos para nuestro país. En todo caso no debería engolosinarse con la popularidad que le da el plantarle retos a Chávez.
lvalencia@nuevoarcoiris.org.co
EL CAMINO EQUIVOCADOLAURA GIL
EL TIEMPO / 5 de febrero de 2008
Algunas voces han solicitado que el Gobierno lleve al Consejo de Seguridad de la ONU la controversia con Venezuela. Esto constituiría un error.
Es verdad que la tensión bilateral debería recaer en el mandato del Consejo de Seguridad, el órgano internacional encargado de "mantener la paz y seguridad internacionales". El presidente venezolano representa una amenaza de no poca monta.
"Colombia está fraguando una confrontación bélica para obligarnos a una respuesta", afirmó. Cabe preguntarse: ¿respuesta a una acción de guerra o fabricación de justificaciones para emprenderla?
El pronunciamiento parece apuntar a una argumentación de defensa preventiva.
Una confrontación de tropas regulares es poco probable. Más bien, la cooperación directa y robusta con las Farc podría ser considerada desde la orilla vecina como una defensa preventiva.
Vale la pena recalcar que un vínculo estrecho con la guerrilla puede terminar comprometiendo la responsabilidad estatal de Venezuela e incluso la responsabilidad penal del presidente Chávez por los crímenes cometidos por las Farc.
El Consejo podría determinar que la situación constituye "una amenaza a la paz y seguridad internacionales". En el mejor escenario, sus resoluciones, de obligatorio cumplimiento, condenarían la actitud de Venezuela, exigirían el cese de todo auxilio a las Farc y advertirían de las consecuencias de una acción bélica contra Colombia. Podrían ir más allá: el Consejo ha adoptado embargos de armas contra Estados que patrocinan a grupos armados no estatales. Pero no nos dejemos tentar por las posibilidades porque son muchos los peligros.
Si bien un texto jurídico -la Carta de las Naciones Unidas- rige el Consejo de Seguridad, este no deja de ser un órgano político compuesto por 15 Estados miembros. Venezuela contaría con aliados en el Consejo. ¿Acaso no es Libia miembro de él? Los largos tentáculos de los petrodólares podrían conseguir unos cuantos más. Algunos utilizarían a Colombia para expresar su oposición a Estados Unidos y, en Latinoamérica, pocos están dispuestos a controvertir a Chávez. Rusia es el principal proveedor de armas de Venezuela, y China continúa multiplicando la compra de su petróleo.
De otra parte, desafía la imaginación especular sobre la posición de Francia si se le abre la compuerta para deliberar sobre los secuestrados.
Además, el Consejo de Seguridad no cuenta con una lista de organizaciones terroristas, que permita requerir de Venezuela la aplicación de la Resolución 1373, el marco jurídico de la ONU en la lucha antiterrorista.
¿Por qué tendría Colombia que ofrecerle en bandeja a Venezuela una plataforma internacional? Basta con imaginarse al presidente Chávez vociferando contra el "peón del imperio" desde Nueva York. Ya lo estaría haciendo si sus planes para acceder al Consejo hubiesen cuajado. Bien hizo la embajadora María Ángela Holguín en depositar el voto contra Venezuela. En aquel entonces, muchos se lo reclamaron.
Más importante aun, al internacionalizar el problema con el vecino, se pone sobre la mesa el conflicto armado en su conjunto. No se discute que existen las condiciones para que el Consejo lo considere una amenaza a la paz y seguridad internacionales -fronteras porosas, violaciones de los derechos humanos y del derecho internacional humanitario, desplazamientos masivos de personas, narcotráfico, contrabando de armas, toma de rehenes e injerencia de países vecinos-. Pero el Gobierno colombiano, cualquiera él fuera, deberá asegurarse que su inclusión en agenda se dé en condiciones más favorables.
Hoy, los debates en la ONU no harían más que alimentar la confrontación bilateral. Por ahora, es preferible el silencio del Consejo de Seguridad.
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El 25 de agosto de 2007, cuando apenas comenzaba la mediación de Chávez, escribimos en la columna "Chávez y la llave de la paz" (ver índice):
"Aunque es posible que se dé la liberación total de los secuestrados, en realidad es poco factible. Las FARC no cederán en el despeje de Florida y Pradera y en reintegrar a sus filas los guerrilleros presos, puntos en los que afortunadamente Uribe es aún ``inamovible''.
Esa situación conduciría más bien a un fracaso que Uribe utilizaría para legitimar el rescate militar y Chávez para desvirtuar vínculos con la guerrilla. No obstante, eso no comulga con el tratamiento que deben dar las FARC a quien consideran su principal y potencial socio estratégico. Tampoco con el expansionismo chavista.
Se abre entonces un escenario intermedio. Es más probable que liberen uno o varios secuestrados, pues la lógica terrorista y su experiencia les indica que son los cautivos quienes les permiten obtener réditos políticos. Preferirá soltarlos a cuentagotas, a medida que sus planes avancen, sin descartar una nueva masacre, como la de los once diputados, para mantener la agenda y disuadir operaciones de rescate.
Chávez aparecerá en esa escena como el hombre que tiene la llave para la paz y Uribe como el obstáculo. Se reiterará que no habrá paz mientras no haya un gobierno que privilegie la negociación, desmilitarice territorios y confine a las fuerzas armadas a los cuarteles. Para ambientarlo las FARC habrán aprendido que cada acción militar fortalece la línea dura del gobierno y quizás enfaticen en generar hechos políticos y hacer propaganda. Ya debieron percatarse que en las coyunturas en que su discurso se posiciona, como la marcha de Moncayo, Uribe queda a la defensiva".
El anuncio de la liberación de tres secuestrados debe recibirse positivamente, pero no pasar por alto que se trata de un intento de manipular los ciudadanos, antes de la marcha del 4F.
Lo que es evidente es que el anuncio es ya un primer triunfo de la firmeza con la cual la sociedad colombiana ha hecho sentir su rechazo a las FARC .
La primera enseñanza de la convocatoria a la marcha es que Colombia debe mantener la movilización ciudadana contra las FARC para lograr que todos los secuestrados regresen a casa y se acabe el terrorismo.
Un grupo en Facebook denominado “Un millón de voces contra las FARC” puede haber comenzado el cambio de actitud ciudadana frente al terrorismo, indispensable en el camino a la paz. La iniciativa originó la convocatoria a rechazar rotundamente el 4 de febrero la violencia “fariana”.
Algunos apresuradamente consideran que se trata de otro esfuerzo sin mayores repercusiones, ante una guerrilla autista que desprecia la opinión pública. Al fin y al cabo, de acuerdo con Andrés Paris, ex - negociador de las FARC, ésta “termina siendo el resultado practico de las campañas informativas”, por lo que las manifestaciones ciudadanas las adjudican a la manipulación mediática del “enemigo de clase”.
Pero ahora es distinto. Las FARC y sus camaradas camuflados en la legalidad lo saben. Nunca antes el país se movilizó con el exclusivo fin de repudiarlas. Aunque el reproche social siempre ha estado implícito, las voces eran más vehementes a la hora de implorar la libertad de los secuestrados, negociar con las guerrillas o rechazar de manera generalizada la violencia. Lo importante de la actual coyuntura es que la consigna del 4F contribuye a romper la lógica terrorista y conseguir en el mediano plazo doblegar la voluntad de lucha guerrillera.
El cálculo clásico del terrorismo enseña que su propósito es provocar un comportamiento de la población o de los gobiernos, favorable a sus pretensiones, a través de acciones violentas y planificadas que generan miedo y espanto en la población, al tiempo que apoyo de sus simpatizantes.
Desde esa perspectiva, producir una perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario es fundamental para someter la voluntad de la sociedad, dividirla y lograr que una parte de ella justifique su accionar o incluso adopte su discurso. El miedo y el espanto son tan efectivos que trasladan la responsabilidad de los actos terroristas a los gobiernos y lleva incluso a la defensa de sus autores. Tiene razón la profesora Edurne Uriarte, al afirmar que el “miedo sostiene la irresistible tendencia de muchos ciudadanos de apoyar cualquier forma de negociación con los asesinos, la atracción por la cesión y la rendición”.
La unidad contra el terrorismo despedaza ese presupuesto. La permanente movilización implica que los ciudadanos no se dejan subyugar, tampoco manipular y que lejos de justificar repugnan las acciones violentas, tornándolas infructuosas. De esa forma, el 4F es el primer ladrillo de un muro que desde la sociedad civil se puede construir, no sin dificultades, para impedir el avance terroristas y restringir el campo de acción de quienes en la legalidad lo patrocinan y legitiman.
Como lo recuerda el psicólogo Luis de la Corte, una forma de desaparición de este tipo de organizaciones es su decisión de “sustituir el terrorismo por una estrategia de acción política pacífica o institucional”, debido a que la “la violencia ha sido inútil”. Pero son las actitudes de rechazo o cesión ante el chantaje terrorista las que determinan esa inutilidad o utilidad; en otras palabras, la persistencia del terrorismo depende no sólo de la eficacia del Estado para combatirlo sino de la valentía con la que la sociedad lo enfrente.
Si bien esta puerta se abre con el 4F, la división de la dirigencia política se convierte en el principal obstáculo. Al parecer en el Polo Democrático y en reductos populistas del Partido Liberal sigue pesando más el antiuribismo que el terrorismo. Se dedicaron a petardear la marcha calificándola de guerrerista, luego negándose a asistir, para terminar, en el caso del Polo, armando el mismo día una concentración diferente con el fin de desvirtuar la contundencia del mensaje antiterrorista y pretender reventar así la empresa del 4F.
Obviando a Piedad Córdoba, el caso del Partido Comunista, enclavado en el Polo, es el más patético. Mientras directivos como Carlos Lozano rechazan el 4F argumentando que participar sería “sumarse a las hordas de la violencia y la intolerancia”, defienden la “vigencia del movimiento guerrillero y la validez de la lucha armada”.
Esperemos que este sea el hito que inicie una nueva etapa en la que la determinación ciudadana se imponga sobre las divisiones políticas, los sofismas de distracción y los discursos justificadores que legitiman, dentro y fuera de Colombia, la violencia fariana. También para que quienes no condenan a las FARC asuman en las urnas el costo de su complicidad o indiferencia.
Nota: En Miami es a las 10:00 a.m. en el Consulado de Colombia. 280 Aragon Avenue, Coral Gables.
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Publicación autorizada por los chateadores.
Opine sobre el chat:
RAFAEL dice:
Creo que la mayor ayuda que puede darles hoy Chávez a las FARC para bien de su proyecto bolivariano y del plan estratégico fariano no es el apoyo militar ni económico
Otros días vendrán dice:
sino
RAFAEL dice:
la mejor ayuda está en construir un imaginario hacia 2010 en el que la agenda electoral se preocupe principalmente por la negociación política del "conflicto social y armado", el canje de prisioneros, y el reconocimiento del fracaso de la seguridad democrática (en términos de las FARC)
RAFAEL dice:
si eso lo logran es mucho mejor que darle fusiles o dinero
RAFAEL dice:
eso se traduciría en un rompimiento en las urnas de la legitimidad de la política de seguridad, en un triunfo de las FARC traducido en haber resistido la embestida gringa y de la extrema derecha... etc., etc.
RAFAEL dice:
eso es lo importante en este momento para Chávez
RAFAEL dice:
y sólo así podría avanzar en su proyecto
Otros días vendrán dice:
espera que se me derramo el tinto
RAFAEL dice:
así quien le reconocería beligerancia a las FARC sería un gobierno de Colombia, el mismo que pediría que las sacaran de la lista de terroristas...
Otros días vendrán dice:
pues mira, a mi no me parece grave que se posicione lo de solución política y negociada al conflicto, si eso implica avanzar en un proceso de paz con las FARC de verdad, me doy por bien servida
RAFAEL dice:
ese sería un punto para discutir.... yo tampoco creo que eso sea necesariamente malo si hay buena fe de las farc para negociar....... si la hay, bienvenida
RAFAEL dice:
pero devolviéndonos....
Otros días vendrán dice:
aja
RAFAEL dice:
no crees que es mejor para Chávez ese camino que el de un evento militar con Colombia
RAFAEL dice:
o el de entregar armas a las FARC?
Otros días vendrán dice:
obviamente
Otros días vendrán dice:
la única arma que realmente marcaria una diferencia en las FARC de hoy serían misiles tierra aire, y eso implicaría una escalada militar de la aviación que tampoco les conviene
RAFAEL dice:
de hecho, la entrega de armas o el apoyo militar sería más probable con la "politización" de las FARC que en su condición de terroristas
Otros días vendrán dice:
casi igual
RAFAEL dice:
hacerlo ahora sería un error, pero como con Chávez lo racional no es suficiente para analizarlo...... hay que prever lo peor.... como hacen los realistas en relaciones internacionales
Fragmento de un debate sobre los caminos que puede tomar Hugo Chávez en la actual coyuntura.
¿Qué opina?

Después de todo, tal vez el rey Juan Carlos no tenía razón. A Chávez no hay que callarlo, sino dejarlo hablar. El es su peor enemigo. El gobierno colombiano no tiene que defenderse de los ataques de Hugo Chávez. Lo que debe hacer es divulgarlos. El espectáculo de ese pintoresco personaje vestido de rojo profiriendo los peores insultos contra el presidente Alvaro Uribe es el mejor argumento en contra del desquiciado venezolano. Quien vea y escuche esas groseras ofensas sólo puede pensar que está ante un matón de quinta categoría al que urgentemente hay que colocarle una camisa de fuerza.
Pero hay algo más que locura y violencia verbal. El espionaje venezolano está interesado en el funcionamiento de los cuarteles del país vecino: mientras se desarrollaba este grotesco episodio, la revista Cambio de Bogotá revelaba que la inteligencia colombiana había descubierto la intensa penetración del aparato subversivo chavista en las instituciones militares nacionales, incluida la deserción del coronel Carlos Alberto García, quien se habría pasado a Venezuela con importantísimas informaciones sobre las operaciones secretas de la lucha antiterrorista. Simultáneamente, El Nuevo Herald, en un artículo firmado por Gonzalo Guillén, contaba cómo millares de balas compradas o producidas para las fuerzas armadas de Venezuela habían ido a parar a manos de las narcoguerrillas comunistas de las FARC y del ELN, dos organizaciones calificadas como terroristas por la Unión Europea y por cualquier persona que no tenga las entendedoras atontadas por el fanatismo ideológico.
Parece evidente, pues, que los dos países, como resultado de las injerencias de Hugo Chávez, van camino de una confrontación, lo que no quiere decir que el conflicto evolucionará hacia una guerra abierta y declarada. Sin embargo, inevitablemente todo el hemisferio se verá obligado a tomar posiciones. Estados Unidos y Canadá, que son dos democracias maduras a las que el venezolano no tiene forma de amedrentar, apoyarán a Colombia y a su presidente Uribe, que hoy cuenta con el 80% del respaldo popular en su patria de acuerdo con una encuesta reciente de Gallup.
El México de Felipe Calderón, empeñado en apaciguar a la izquierda doméstica y acosado por su lucha contra el narcotráfico, ha vuelto a refugiarse en la indiferente hipocresía de la doctrina Estrada --no injerencia en los asuntos internos de otra nación aunque se violen todos los derechos humanos-- y ha optado por una diplomacia vergonzante y blandengue, alejada de la que desplegaran Ernesto Zedillo y Vicente Fox, aunque bajo cuerda y en silencio intentará ayudar a los colombianos.
Los países centroamericanos y del Caribe tratarán de ignorar el problema (Panamá, Guatemala, Honduras, Belice, República Dominicana y los cayos e islas con bandera e himno regados por el Caribe) para no perder las ventajas de los acuerdos petroleros con Caracas, aun cuando sus secretas simpatías estén con Uribe. Las excepciones serán Costa Rica, cuyo presidente, don Oscar Arias, no teme colocarse paladinamente junto a quienes defienden la libertad y la democracia, y El Salvador, donde Tony Saca no se oculta para denunciar la complicidad creciente entre la oposición del Frente Farabundo Martí y las redes subversivas bolivarianas. La Nicaragua de Daniel Ortega, sin embargo, con la oposición de la mayoría parlamentaria, se colocará francamente en el campo chavista. Para Daniel Ortega, las narcoguerrillas terroristas de las FARC y del ELN son sus hermanas ideológicas y Hugo Chávez el nuevo adalid revolucionario.
La región andina es otro cantar. Rafael Correa, el presidente ecuatoriano, es profundamente antiuribista y ya su cancillería comenzó a jugar maquiavélicamente con el lenguaje diplomático. Para Correa, quien no considera a Fidel Castro un dictador, mientras sostiene que Chávez es el único presidente latinoamericano al que le ha oído decir cosas inteligentes, de manera muy coherente con esa retorcida manera de percibir la realidad opina que las FARC de los secuestros, los asesinatos y el narcotráfico no son fuerzas terroristas, sino irregulares. Alan García, en cambio, que siente un profundo desprecio intelectual por Chávez, y que tiene en su casa peruana al chavista Humala haciendo de las suyas y dirigiendo a una buena parte de la oposición, respaldará sin miedo a Uribe.
En el sur, Chile es el único país que decidida aunque discretamente se colocará junto a Colombia. La Argentina de la señora Kirchner, comprometida con los maletazos llenos de petrodólares, el Brasil de Lula da Silva --demócrata y prudente dentro de sus fronteras, pero irresponsable y prodictadura en el exterior--, la Bolivia de Evo Morales (discípulo amado de Hugo Chávez), el Uruguay de Tabaré Vázquez, con cierta repugnancia antropológica, pero atado al lenguaje de la izquierda, militarán de una u otra manera en el bando de Chávez. Paraguay, que pesa poco en el terreno internacional, no entrará en la contienda, aunque la mayoría colorada no tiene la menor simpatía por el venezolano.
Con este panorama, el otoño próximo va ser para alquilar balcones. Este año la Cumbre Iberoamericana será en El Salvador y todos los protagonistas de la presente trifulca se sentarán en la misma mesa. Tal vez el rey Juan Carlos deba modificar sus instrucciones a Hugo Chávez. En vez del legendario ''¿Por qué no te callas?'' lo más sensato acaso sea decirle: ``Hable, presidente, para que se hunda. Hable mucho''.
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