sábado, diciembre 29, 2007

EL CAMUFLAJE TERRORISTA

Publicado el viernes 28 de deciembre del 2007

By RAFAEL GUARIN

Una vieja táctica contra el régimen democrático es hacer de los canales de participación política, las libertades y los derechos individuales armas para destrozar el Estado constitucional. La reciente sentencia de la Audiencia Nacional española referente al asunto EKIN desnuda esa conducta y cómo el terrorismo se camufla en la legalidad.

De acuerdo a la providencia, el inminente final de la dictadura franquista y el reconocimiento de los derechos de asociación, formación de partidos políticos y sindicatos produjo que a finales de 1974 ETA apostara a combinar la acción política legal con la armada.

La banda terrorista entonces decide lanzar sus frentes político, cultural y obrero a la legalidad. El objetivo de la ''teoría del desdoblamiento'' era desestabilizar el Estado democrático ''desde sus propias estructuras, aprovechando las fisuras y las anomalías que necesariamente presentaría''. De esa forma, construyó un entramado político, ideológico, internacional, económico y mediático que le servía de soporte. Mientras ETA se encargaba de la acción militar y era la ''vanguardia'' de la dirección política, la Koordinadora Abertzale Sozialista KAS, subordinada al aparato armado, ejercía la codirección política, adelantaba la lucha de masas y controlaba las restantes organizaciones de apoyo. A esto se agregó la ''lucha institucional'' de su brazo político, Herri Batasuna.

El mérito español es haberse dotado de herramientas jurídicas para enfrentar dicha amenaza con respeto absoluto del estado social y democrático de derecho. Otro ejemplo, además del fallo, es la ley orgánica de partidos de 2002 y la posibilidad de ilegalizar una organización política para evitar que atente contra el régimen democrático, justifique el racismo y la xenofobia o sea puntal político de un grupo terrorista. El caso de Batasuna.

Esta medida, coincidente con jurisprudencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos, existe también en Alemania. La ley fundamental la establece cuando el Tribunal Constitucional encuentre que por los ''fines y comportamiento'' de un partido se tiende a prescindir del ordenamiento constitucional liberal. Así sucedió en 1952 con el Sozialistiche Reichspartei y en 1956 con el Kommunistiche Partei Deutschaland.

En Francia la disolución de organizaciones políticas está a cargo del gobierno con base en facultades destinadas a luchar contra grupos de combate y milicias privadas. El evento más reciente es el de la organización ultraderechista y neonazi Unidad Radical.

Lo paradójico es que la democracia colombiana, amenazada por el narcoterrorismo, no cuente con mecanismos similares. En los años ochenta el proceso de paz con las FARC le permitió tener en la Unión Patriótica su brazo político. De acuerdo con la académica de izquierda Socorro Ramírez esa guerrilla no negociaba, ''al menos en principio, con la intención de desmontar el ejército popular, sino para darle una presencia política''. Jacobo Arenas, ideólogo fariano, reconoció que la táctica política de la guerrilla era la combinación de todas las formas de lucha de masas y las campañas electorales una de esas formas.

Igual táctica emplearon narcotraficantes para reformar la Constitución y prohibir la extradición. Pero los más avezados discípulos de las FARC fueron los narcoparamilitares. Partidos como Convergencia Ciudadana y Colombia Democrática, en que pululan parapolíticos, fueron canales para llegar al Congreso, gobernaciones y alcaldías. En cuanto a los partidos liberal y conservador la precariedad de sus controles internos y la complicidad con estructuras delincuenciales en las regiones sirvieron para que también consiguieran elegir parlamentarios y controlar porciones del aparato estatal.

A eso se adicionan los históricos vínculos de la izquierda comunista con las guerrillas. Las FARC, más que un fenómeno campesino surgido en medio de la violencia partidista, son un engendro del Partido Comunista. De este subsisten pedazos camuflados en el Polo Democrático y en reductos populistas del Partido Liberal que se resisten a condenar la ''lucha armada'', aún más, defienden su vigencia. Lo mismo ocurre con organizaciones no gubernamentales y empresas de comunicación vinculadas estrechamente o surgidas del seno de las guerrillas y cuya misión es la misma adjudicada al demolido entorno político de ETA.

En Colombia es apremiante trabajar en blindar las instituciones democráticas. Se necesitan normas que proscriban partidos políticos, estructuras disfrazadas de organizaciones sociales y medios de comunicación que hacen parte de la estratagema del narcotráfico y el terrorismo. Y segundo, está pendiente erradicar definitivamente la teoría general de la justificación del crimen, sólo así superaremos la barbarie de los siglos XIX y XX. En eso Europa va a la delantera.

6 comentarios:

  1. Considero que nos falta un acto de conciencia propio frente a lo que hemos justificado como bien lo dices.

    Desde que inició la guerrilla como ciudadanas y ciudadanos le dejamos eso al gobierno 'de turno'; al poder de las fuerzas militares 'de turno' y a la población campesina y rural que estaba más alejada de las capitales, de los medios y vías de comunicación y quienes eran los que realmente enfrentaban y sufrían en sangre propia el estar en un fuego cruzado.

    Como todo lo que no se controla a tiempo, esto se nos salió de las manos... Comenzamos a ceder ante la extorsión, el chantaje y el secuestro y hemos permitido ser cohartados y cohartadas, ultrajados y ultrajadas por quienes ostentan las armas.

    No solo es necesario blindar las instituciones.

    El primer paso y decisivo lo debemos dar las mujeres y los hombres del común... esos y esas que vivimos en las ciudades y en el campo; quienes no tenemos nada y quienes pueden tenerlo todo; donde la realidad es la que nos une. Esa realidad que nos requiere desarrollarnos y tener el derecho a elegir libremente nuestros gobernantes y a equivocarnos si lo hacemos mal, y exigir el rezarcimiento cuando nuestros elegidos no ejercen lo que les delegamos. Pero tenemos el derecho a hacerlo libremente, a expresarnos libremente; ejerciendo el poder libremente, el poder ciudadano, el del consenso, el del acuerdo.

    No podemos seguir dejando que el poder lo ejerzan quienes con las armas frenan, obstaculizan, mutilan, asesinan, secuestran, ultrajan nuestro presente como lo hicieron con nuestro pasado.

    Es necesario que los primeros en derrumbar la polarización seamos quienes nos hemos dejado polarizar por partidos, medios de comunicación y organizaciones con turbios intereses. Esa polarización que es cómplice de la impunidad y fanática del ejercicio de las armas es la que debemos derrotar como ciudadanos y ciudadanas.
    4 de Febrero - Movilización por Colombia.

    Rosa Cristina Parra
    Bogotá, Colombia

    ResponderEliminar
  2. La verdad el concepto de ilegalizar un partido político porque se resista a condenar la lucha armada, per se, me parece absurdo y una violación elemental a los derechos de libertad de expresión y asociación. Creo que un partido se podría ilegalizar si se descubre que apoya o tiene nexos directos con el terrorismo, no simplemente por tener un discurso no aprobado por el Estado. Creo que en eso Europa está colgada con relación, no a Colombia, sino a los Estados Unidos

    ResponderEliminar
  3. Rafael, uno siempre está en minoría tratando de explicar que más que del Partido Comunista las guerrillas son la tropa de la clase intelectual, es decir, de las clases altas sedimentadas que partían con ventaja en cualquier competencia en el mundo universitario y que proyectaron la revolución para asegurarse los cargos de forma vitalicia e inevaluable. Por eso es tan difícil explicar a la gente que en Colombia las falacias criminales más funestas, como la del "delito político" están en la Constitución y son promovidas por las más altas instancias judiciales.

    En contraste, los españoles son conscientes de la gravedad de conceder esperanzas a los terroristas de que sus hazañas tendrán premio. Le recomiendo este artículo sobre ETA y las perspectivas de negociación, el cual contiene muchas enseñanzas interesantes para quien se ocupe de la situación colombiana.

    El problema no es ilegalizar partidos, al menos no mientras siga habiendo esa conciencia generalizada de que las guerrillas son el fruto de un capricho selenita de injerirse en un país ya desgraciado por muchos otros motivos. Al menos no mientras cada vez que uno declara que las guerrillas son la tropa de la clase de personas que conforman la Corte Suprema de Justicia y la Corte Constitucional lo miran como si le preguntaran "¿Y usted qué se tomó?". Claro que eso sí, respecto al contenido de las sentencias como la que se comenta en el enlace de arriba nadie dice nada y respecto a conductas como la del magistrado Velásquez todo el mundo se vuelve olvidadizo.

    El problema de la legitimación del terrorismo es el del poder de su base social. Como nadie quiere aceptar que la inmensa mayoría de los lectores de prensa y de las personas instruidas está más bien a favor del programa de las FARC, parece que es cosa fácil prohibir a los partidos aliados con esa banda, pero en la realidad uno parece un chiflado cuando pone en duda que los secuestros tienen una motivación altruista.

    No están unos sicarios remotos atormentando a los rehenes, eso es sólo la sombra de la corrupción profunda que hay en el seno de la vida académica, periodística y cultural. Pero ni siquiera por la labor de los usufructuarios del crimen, sino por el "avestrucismo" genealizado.

    Un saludo.

    ResponderEliminar
  4. Rosa Cristina: felicitaciones por el impulso que le han dado al grupo de facebook "Un millón de voces contra las FARC".Comparto plenamente lo que me dices respecto a la movilización ciudadana. Los colombianos debemos unirnos contra el terrorismo y exigir una conducta similar de los actores políticos. Cordial saludo.

    ResponderEliminar
  5. Maldoror,gracias por su comentario. La jurisprudencia europea no autoriza disolver partidos por que comparta una u otra ideología, sino porqué sus métodos sean contrarios a la Constitución. Es el caso del uso de la violencia o ser parte de una organización terrorista. Lo que se debe hacer (y para eso se debe abrir un debate) es estudiar qué se debe hacer en aquellos casos en que un partido tolera facciones a su interior que emplean métodos o alientan métodos al margen de la constitución.
    Es importante destacar que no se proscribe la libertad de pensamiento, opinión u expresión, son los métodos que se emplean.
    Cordial saludo.

    ResponderEliminar
  6. Jaime, coincido parcialmemte con usted. Los imaginarios colectivos y la historia misma se ha diseñado para justificar y legitimar el crimen como instrumento de acción política. Es la batalla de las ideas la que primero debemos ganar. Cosa difícil con tanto mito que hay que derrumbar. Cordial saludo y gracias por el comentario.

    ResponderEliminar