domingo, diciembre 17, 2006

UNIDAD PARA EL INTERCAMBIO

Published on October 13, 2006, Page PAGE: 29A, Nuevo Herald, El (Miami, FL)


RAFAEL GUARIN

Hace unos días debatí con mis estudiantes sobre el intercambio humanitario. Casi la totalidad coincidió en que debe realizarse inmediatamente. Pero cuando pregunté sobre la desmilitarización de una zona del territorio nacional, la respuesta mayoritaria fue negativa y al comentar la liberación de más de 500 guerrilleros presos el rechazo creció.

Los colombianos estamos divididos frente al intercambio. Todos queremos el regreso a los hogares de los miembros de la fuerza pública y de los dirigentes políticos, pero no sucede igual con las condiciones en que debe adelantarse. El fantasma del Caguán y las barbaridades de la guerrilla atraviesan cualquier decisión, lo que explica que el presidente Uribe subraye que la política de seguridad democrática no se debilitará.

La división resulta de las diferencias sobre el camino hacia la paz, la irresponsabilidad electoral y la habilidad de las FARC para propiciarla. A los secuestrados los convirtieron en bandera proselitista, al igual que la seguridad. Tanto la coalición gubernamental como los partidos de oposición cabalgan sobre esos temas atendiendo más sus intereses electorales que los del país. La seguridad terminó siendo patrimonio personal para la reelección presidencial y el intercambio arma contra el gobierno.

El afán de algunos opositores llega al extremo de replicar el discurso de las FARC calificando de ''retenciones políticas'' el secuestro. Con esa lógica los despreciables secuestros son un ''romántico'' acto político y no una execrable acción contra la humanidad. No son un crimen de guerra consignado en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, sino recurso válido en la lucha política. ¡Monumental estupidez!

Así, mientras gobierno y oposición se despedazan, las FARC aprovechan la confrontación para sacar tajada y continuar la ejecución de su plan estratégico militar. Su prioridad en el mediano plazo es quebrar la voluntad de lucha del Estado en las urnas, convirtiendo las contradicciones de los actores democráticos en su mejor aliado.

En la estrategia ''fariana'' mantener fragmentada la sociedad es fundamental. De ahí que señalen que ''de darse el canje, será principalmente como consecuencia de la gran movilización de masas en campos y ciudades y no por voluntad del gobierno''. Entienden que la división les otorga ventajas, pues en ella se mide en parte la ''rentabilidad'' de los secuestros. En ese sentido, es un grave error que los familiares de las víctimas se pongan en contra del gobierno, que el gobierno desconozca a la oposición en ese proceso y que ésta pretenda desprestigiarlo con los crímenes guerrilleros.

Para Tirofijo el intercambio no es un repentino ataque humanitario. Es un medio que persigue objetivos políticos que tendrán impacto en el campo bélico. Esto hace parte de una partitura, muy bien escrita, que parece no importar en las relaciones entre el gobierno y la oposición.

Por esa razón, el problema no es estrictamente militar. La consecuencia de una zona de encuentro sin presencia de las fuerzas armadas no inclinará definitivamente la balanza. El territorio como tal no es lo esencial, lo que está realmente en juego se ubica en el plano de la legitimidad política. Además del reconocimiento como una organización alzada en armas y no simplemente terrorista, lo que hay es una estrategia de deterioro de la ''línea dura'' que conduce al Estado.

La subversión tiene muy clara la agenda. El intercambio lo hará siempre y cuando satisfaga sus intereses estratégicos, lo que puede prolongar indefinidamente la situación. La mejor forma de neutralizar sus intenciones es hacerlo rápido y expedito. Mucho más cuando la fuerza pública fue incapaz de rescatar a las víctimas.

Respecto al intercambio no puede haber cálculos electorales. La unidad de las diferentes fuerzas políticas contribuirá a que se lleve a cabo. Igual acontece con la política de seguridad. Sería muy bueno pensar que sobre la base de corregir errores, eliminar excesos y complementar falencias, exista un acuerdo entre gobierno y oposición que la haga una política de Estado. Eso sí sería un golpe político enorme a las FARC, con implicaciones militares evidentes.

La guerra popular prolongada hace del tiempo el mejor activo. La forma de vedar ese recurso es con una sociedad que las enfrente unida. Comprenderán que sin importar el gobierno o el partido en el poder la respuesta siempre será la misma. Se darán cuenta de que las contradicciones propias de la democracia no seguirán a su servicio para utilizarlas contra la democracia misma.

1 comentario:

  1. Me parecen muy interesantes todos sus diplomas, pero definitivamente con maestros como usted que mas se le puede pedir a las universidades privadas...no es de extrañar que sus estudiantes sean los que dicen que para acabar con el hambre en Choco, se deberia acabar con el departamento...

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