miércoles, noviembre 11, 2009

CRISIS COLOMBO - VENEZOLANA


EL ANÁLISIS DE INFOLATAM

Cuando Chávez quiso hacer sonar el escarmiento

Infolatam
Madrid, 10 de noviembre de 2009

Cuando la primera presidencia de Juan Perón estaba a punto de finalizar, y desde el poder se utilizaban métodos abiertamente represivos contra la oposición, el presidente argentino escribió en las páginas de un periódico: "El pueblo debe saber que si se altera el orden, si hay atentado o asesinato, su reacción ha de dirigirse sobre los verdaderos culpables y dar un escarmiento que, por ejemplar, se recuerde por varios siglos". Desde entonces la frase de hacer tronar el escarmiento tiene claras resonancias de violencia política en Argentina.

La intervención de Hugo Chávez en su programa semanal "Aló presidente", del pasado domingo 8 de noviembre, tuvo características semejantes. La brutalidad con la que el caudillo bolivariano aludió a un probable enfrentamiento bélico con Colombia no dejó indiferente a nadie. Se puede coincidir o no con las palabras del comandante Chávez, pero quedó claro que no se anda con medias tintas. Si a comienzos del siglo XXI el entonces embajador de Estados Unidos en Caracas, John Maisto, decía que había que atender a lo que Chávez hacía y no a lo que Chávez decía, hoy sabemos que esto no es así y que muchas de sus bravatas terminan convirtiéndose en dolores de cabeza para más de uno.

De ahí la necesidad de atender a los actos y también a las palabras de Chávez. Y éstas, precisamente, fueron bastante inamistosas, comenzando por aquello de que sí Estados Unidos ataca militarmente a Venezuela utilizando a Colombia y las bases disponibles en ese país comenzaría la "guerra de los 100 años, y esa guerra se extendería por todo el continente". Y esto sería así porque "Venezuela no está sola, tenemos un grupo grande de amigos en este mundo... Que nadie crea que una guerra contra este país será sólo contra Venezuela".

En su estilo habitual y pese a que no le gusta en absoluto que nadie se inmiscuya en lo que el llama los asuntos internos de Venezuela, que son casi todos, no hizo lo propio con Colombia. Su falta de respeto fue absoluta: "El gobierno de Colombia no está en Bogotá, ahora está en Estados Unidos... Colombia se entregó. No el pueblo de Colombia, el gobierno y la oligarquía colombiana. Se entregaron sin vergüenza y sin máscaras". No podía ser de otro modo, ya que en su opinión Uribe y sus seguidores son "simples lacayos del imperialismo".

Qué debe hacer Venezuela en este contexto. Pues, con la intención de "defender esta patria sagrada que se llama Venezuela" hay que prepararse para la guerra, a la vez que se debe ayudar al pueblo con el mismo objetivo.

La cuestión de fondo es por qué hizo Chávez sus declaraciones en este momento. Como siempre no hay respuestas sencillas, ya que hay argumentos relacionados con la difícil coyuntura interna que atraviesa el país y otros relacionados con el flanco exterior. Internamente no es la primera vez que Chávez agita el banderín del nacionalismo y del antiimperialismo ante grandes dificultades. El victimismo sirve para aglutinar a sus bases detrás de su liderazgo y también para reducir el nivel de las críticas y el umbral del descontento.

Las restricciones energéticas y de agua, unidas a crecientes dificultades económicas (la inflación no da tregua) y de abastecimiento han incrementado el malestar popular. Tras una década en el poder, el discurso de echar las culpas al pasado y a sus predecesores cada vez tiene menor audiencia. Para colmo, en septiembre de 2010 se convocarán unas elecciones parlamentarias decisivas para sus planes de reelección.

Externamente hay que mostrar a sus aliados, especialmente a los más leales, a los que han adherido al ALBA (Alianza bolivariana para los pueblos de nuestra América), que no se ha perdido la iniciativa. Los hechos, sin embargo, muestran otra cosa. La evolución de la crisis hondureña puede arrojar un desenlace contrario a sus intereses.

El diferendo con Colombia, que esperaba resolver después de la reunión de Unasur y de su Consejo Sudamericano de Defensa, sigue igual y los colombianos no sólo no se han movido un ápice de sus posiciones iniciales, sino que ni siquiera fueron condenados por sus pares continentales. Todavía la vieja idea de la soberanía nacional y de la no injerencia pesa demasiado en América Latina, pese a la retórica de los discursos integracionistas.

Ante tal situación, ante la incertidumbre que provocan las expresiones altisonantes y desmedidas de Chávez no es de extrañar la preocupación de Colombia. El gobierno de Uribe ha manifestado su deseo de resolver las cosas a través del diálogo, pero no habría que descartar alguna aventura bélica por parte de sus vecinos.

Es verdad lo que señalan muchos analistas de que una guerra entre ambos países es ridícula, sería impensable y todo lo demás, pero también es verdad aquello de que a las armas las carga el diablo y los tontos las disparan. Cuando un conflicto comienza a escalar a veces resulta muy difícil volver para atrás y, en este sentido, la actitud del gobierno venezolano es, cuanto menos, altamente irresponsable.

Se dice que es la ocasión de que actúen los organismos regionales como Unasur o el Consejo Sudamericano de Defensa. Lula dijo que mediaría en el conflicto si ambos gobiernos lo solicitan. Sin embargo, hasta ahora, su gobierno ha sido demasiado condescendiente con las posturas bolivarianas. Es hora de que Brasil se haga oír, tanto da si es potencia o no lo es, tanto da si quiere ejercer el liderazgo regional o no.

Si las cosas siguen como hasta ahora y Venezuela persiste en su actitud provocativa y amenazante las fracturas regionales aumentarán y la división hará naufragar cualquier proyecto de integración sudamericana. De prosperar la retórica guerrera, al menos durante muchos años, los campos de América Latina quedarán yermos por la sal derramada sobre ellos. Y éste será el legado que el sucesor de Bolívar dejará para la posteridad.






martes, noviembre 03, 2009

PAPELES PARA ANÁLISIS


GUERRILLA


Secundino González Marrero
Universidad Complutense de Madrid

Desde un punto de vista estricto, el término "guerrilla" sirve para designar al grupo que usa tácticas militares irregulares en un conflicto bélico: operaciones de sabotaje, acoso, hostigamiento y , en su caso, acciones terroristas que debilitan al enemigo. Dichas acciones pueden ser exclusivas o complementarias por parte de o de los contendientes: de hecho. el concepto se acuñó para designar a las unidades integradas por españoles que combatían junto al ejercito regular de los británicos en la Guerra de la Independencia española. Pese a que la palabra tiene, pues, un origen relativamente cercano en el tiempo, el uso de acciones guerrilleras se remonta a los propios orígenes de la guerra, y su práctica fue recomendada por los teóricos y estrategas de los conflictos armados desde la aparición generalizada de estos.

Sin embargo, y aunque hay que insistir en que el uso de unidades guerrilleras puede ser una táctica habitual por parte de los ejércitos regulares, el concepto de guerrilla ha venido restringiéndose en los últimos cincuenta años para terminar asociándose con los de insurgencia o revolución: de este modo se piensa en la guerrilla como en aquel grupo que, usando tácticas guerrilleras, se enfrenta a un ejército regular con el fin de alterar el orden político. La ideología y los objetivos políticos devienen así parte constitutiva del moderno uso del término, de tal modo que a algunos de los episodios de cambio político más relevantes en los últimos decenios se les asocia con él: las revoluciones china, cubana o nicaragüense fueron llevadas a cabo en toda o buena parte por las guerrillas maoísta (transformada finalmente en un ejército mas o menos regular) , castrista y sandinista, las cuales, y en especial las dos primeras, produjeron asimismo algunos textos que han servido como apoyatura teórica para subsiguientes movimientos guerrilleros. Reflexiones sobre el uso de la guerrilla se encuentran ya en el general chino Sunt-tzu, que escribió su tratado sobre la guerra en el año 350 a. C. y, desde luego, concitó el interés de quien ha sido considerado uno de los principales teóricos de la guerra, Claus von Klausewitz . En la guerrilla contemporánea, esto es, en la asociada con un tipo específico de acción política, los autores más destacados, y ellos mismos notables dirigentes guerrilleros, son sin duda Mao Zedong (1893 - 1976) y Ernesto Che Guevara (1928 -1967). La influencia de los escritos de Mao fue notable para Ho Chi Minh y para Vo Nguyen Giap, que dirigieron las sucesivas luchas de independencia en Indochina / Vietnam. Por su parte, el texto de Guevara La guerra de guerrillas (1961) se convirtió en una referencia central para los movimientos guerrilleros latinoamericanos, casi tanto como la propia vida del Che.

El fundamento estratégico de la guerrilla es relativamente simple: un grupo irregular armado, que disponga de apoyo entre la población civil y un terreno apropiado que le permita rehuir el combate abierto, puede, en determinadas circunstancias, enfrentarse a un ejército regular con posibilidades de éxito. Para ello se necesitan, en primer lugar, unos objetivos políticos susceptibles de cohesionar a un grupo dispuesto al uso de la guerrilla. Dichos objetivos pueden ser tan variados como opciones políticas hay en el espectro; sin embargo, la mayoría de los movimientos guerrilleros se han articulado sobre la base de dos ideologías, a menudo combinadas, el nacionalismo y el marxismo-leninismo en cualquiera de sus variantes. Ello ha sido así al menos en los últimos 50 años y no es de extrañar, por cuanto ambas ideologías, sea cual sea la consideración global que puedan merecer, comparten la cualidad de ser altamente movilizadoras para un tipo de acción política, la guerrilla, que exige un elevado grado de sacrificio y se efectúa en condiciones de alto riesgo.

Una ideología fuerte , elaborada como respuesta a una opresión real o percibida como tal es pues condición necesaria para el establecimiento del núcleo guerrillero. Dicha ideología, y en especial la marxista leninista (pues el nacionalismo es de suyo simple), se expone de manera simplificada y a menudo conscientemente adulterada o encubierta a aquella parte de la población que debe constituirse en la base de la guerrilla.

En este tránsito de la ideología desde el grupo originario al grupo social cuyo soporte se pretende obtener interviene de manera decisiva el liderazgo. Cierto es que ello ocurre con cualquier forma de acción política; sin embargo, dado que las guerrillas surgen, en general, en contextos de baja o nula institucionalización política, y dado el tipo de acción que se reclama, el papel del líder es central. Sin cualidades de organizador, férreas convicciones, ingenio militar, habilidad política y valor por parte del líder o del grupo reducido de líderes, es bastante difícil que la guerrilla pueda no ya triunfar, sino tan siquiera estructurarse y mantenerse con presencia significativa. Uno de los pocos casos en los que el liderazgo tuvo un perfil bajo - diluido en una impersonal Dirección colectiva - y la guerrilla resultó triunfante fue el de los sandinistas en Nicaragua, aunque compensaron tal carencia con una sólida unidad de la élite dirigente en los momentos decisivos. Unidad que es, por cierto, otro de los requisitos básicos para el éxito de la guerrilla, al punto que su ausencia ha sido considerada como una de las causas más comunes del fracaso total o parcial de la insurgencia.

En el análisis comparado de los movimientos guerrilleros suele destacarse un factor que resulta fundamental para la extensión de su actividad y sus posibilidades de éxito, y que podría ser denominado "acumulación de capital simbólico". En efecto, para que la población despliegue actitudes de cooperación y simpatía o cuando menos se mantenga neutral, los movimientos guerrilleros han de cuidar dos aspectos. En primer lugar, que los resultados de sus acciones armadas se circunscriban en lo posible a las fuerzas rivales y no afecten a la población civil directamente, siempre y cuando se trate de guerras internas, ya que en los casos de las guerrillas nacionalistas, los civiles del país colonial se convierten en objetivos militares. La ausencia de cuidado en las relaciones con la población civil en el caso de conflictos internos es considerada parcialmente responsable del fracaso de varios movimientos guerrilleros (los comunistas griegos en 1946-1949 y el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional en los primeros años del conflicto salvadoreño, aunque aquí se trata de un fracaso parcial, v. infra).


El cuidado con relación a la población civil no obsta para que las guerrillas, a partir del viejo principio radical del "cuanto peor mejor", puedan estimular mediante sus actos reacciones represivas indiscriminadas por parte de las autoridades, de modo que la ciudadanía "tome conciencia" de estar sometidos a un orden tiránico. De hecho, en la mayoría de las guerrillas que acabaron triunfando, y también en las que no triunfaron, la búsqueda de este tipo de reacciones constituyó una táctica recurrente. De igual manera, los movimientos guerrilleros, a partir del mismo principio antes enunciado, suelen concentrar sus esfuerzos en desbaratar los procesos de reforma internos por parte de los regímenes contra los que actúan. Casos ha habido , en especial frente a regímenes de tipo sultanístico, donde aún siendo técnicamente posible eliminar al gobernante máximo, se renunció a hacerlo, por cuanto la permanencia en el poder del mismo constituía una garantía de que no se abrirían procesos de reforma que desactivaran las posibilidades de insurrección generalizada.

Al mismo tiempo que sus acciones "desvelan" la perversión esencial del régimen a derrocar, la guerrilla debe hacer visible ante la población que el nuevo orden que pretenden construir es sustancial-mente mejor (mas justo, mas libre) que aquel contra el que se dirigen. Las recomendaciones de Mao Zedong a sus tropas para que pagaran la comida que obtenían de los campesinos ilustra bien este punto, al igual que en otros casos lo ha sido el establecimiento de escuelas y centros de salud en las zonas bajo control, como también, allí donde es una demanda sentida, la ejecución de reformas agrarias.


Este tipo de comportamientos con respecto a la población civil es vital para las guerrillas, y no solo por razones políticas, sino por otras que derivan de la esencia misma del tipo de confrontación militar que desarrollan. El rechazo a la confrontación abierta, la realización de sabotajes y emboscadas, la elevada movilidad y diversificación, que son consustanciales a la acción guerrillera ("usar la más pequeña fuerza, en el tiempo más rápido y en el lugar más lejano", como hacía Lawrence de Arabia, uno de los grandes guerrilleros de todos los tiempos), se vería enormemente dificultado sin la colaboración de algún sector de la población, que puede servir, además de como fuente de reclutamiento (en ocasiones forzoso), en tareas de espionaje, de guía, de transporte, de mantenimiento de depósitos clandestinos de armas y de proveedor de alimentos, así como de ayuda médica.

Es obvio que el desarrollo de las guerrillas no depende solo de su capacidad de proveerse de capital simbólico y de recursos humanos. Las armas, por cierto, suelen tener algo que ver en la consecución de sus objetivos, aunque en las fases iniciales la guerrilla puede y suele subsistir con material escaso, e incluso claramente insuficiente. Si el problema de las armas puede solucionarse en el tiempo - en buena medida por la intervención de otros gobiernos - mas complejo resulta en ocasiones la obtención de "santuarios" seguros desde donde operar: de ahí la asociación de la guerrilla con las montañas o la selva, y de ahí también la importancia que adquieren los países fronterizos con aquel en que se desarrolla la confrontación.

Armas, legitimidad y santuarios, recursos externos en suma, aparecen históricamente como condiciones de posibilidad en el origen y, sobre todo, en el desarrollo de la guerrilla. Sin embargo, ello no significa, como apresuradamente concluyeron algunos teóricos de la contrainsurgencia, que la eclosión de actividades guerrilleras haya obedecido exclusivamente a algún malévolo plan elaborado desde centros de poder interesados en generalizar la subversión.

Ahora bien, descartada la hipótesis de la conspiración externa, la pregunta subsiguiente es ¿existen algunas causas más o menos precipitantes - y más o menos generalizables - que estén en la génesis de movimientos guerrilleros?.

Si ponemos la mirada en América Latina , sin duda el área donde más ha proliferado este modo de acción política ( más de un centenar organizaciones guerrilleras fueron creadas allí entre 1955 y 1995, aun cuando algunas fueran poco más que siglas y otras meramente terroristas) parece claro que pueden detectarse algunas causas comunes. Desde luego, la mayoría de los regímenes desafiados por las guerrillas fueron (algunos todavía lo son) doblemente excluyentes. En el ámbito político, autoritarios de diversa condición, desde burocrático-autoritarios, según el modelo de Guillermo O'Donnell, hasta sultanísticos, tal y como los caracterizó Juan J. Linz. La otra exclusión, de tipo social -desigualdad, pobreza, marginación étnica- alimentó la voluntad de cambio radical. Sin embargo, ambas exclusiones pueden ser condiciones necesarias, pero no suficientes. La modernización asincrónica de las estructuras sociales latinoamericanas tuvo, entre
otros efectos. el de incrementar exponencialmente el número de estudiantes universitarios, sin que aparentemente se produjeran otras transformaciones que hubiesen podido permitir la formación de canales regulados de acción política. La persistencia de la marginación y la pobreza fue explicada a través de la óptica de la dependencia económica y de la existencia de una alianza esencial entre el gobierno de Estados Unidos y las oligarquías y los ejércitos nativos. Las escasas democracias del área , sin duda de baja intensidad, eran interpretadas como meras fachadas, al servicio de los poderes antedichos, incapaces sustancialmente de mejorar las condiciones de vida de la población. Armados de tales convicciones, miles de estudiantes latinoamericanos abandonaron las aulas durante los años sesenta para engrosar los movimientos guerrilleros.

Pero para que todo ello ocurriera tuvo que darse otro factor , sin duda decisivo y que fue el efecto de imitación que provocó la victoria de Fidel Castro en Cuba. Aún cuando antes de 1959 movimientos guerrilleros habían surgido en algunos lugares del continente, el triunfo castrista muestra claramente una línea divisoria. Si se descarta el precedente de las guerras de independencia contra España, antes de 1959 los grupos y movimientos que pueden considerarse dentro de la categoría de guerrilla apenas llegan a diez en toda América Latina. Después de Cuba, la cifra sobrepasó el centenar.

La influencia de la guerrilla cubana en el resto del área se produjo en tres ámbitos. En primer lugar, en los métodos, por cuanto se mostraba que era posible, a partir de un pequeño núcleo guerrillero - el foco, teorizado más tarde por Ernesto Che Guevara - crear las condiciones objetivas y subjetivas para la revolución. No era necesario esperar, ni a que se fortaleciera el proletariado como clase ni siquiera a la formación del partido proletario. El foquismo se convirtió así en el principal método de acción guerrillera, aun cuando a principios de los años 70 diversas fracciones de las guerrillas se apartaron de él y optaron por otras vías y otros métodos (guerrilla urbana, guerra popular prolongada, según el modelo de Mao, formación de estructuras político- militares) lo que, por cierto, contribuyó a incentivar la tendencia de estos grupos al fraccionamiento. El segundo aspecto de la influencia de Cuba tuvo que ver sin duda con el para muchos excelente balance de resultados del régimen creado por la guerrilla castrista. No solo por su orgullosa afirmación de identidad en la confrontación con Estados Unidos, de indudable influjo en países que eran percibidos por una parte de sus ciudadanos como semisubyugados por el imperialismo, sino por que, relativamente pronto, los indicadores de calidad de vida en algunos aspectos - igualdad, salud, educación - alcanzaron niveles sin duda envidiables si se comparaban con los mismos indicadores en casi la totalidad de los países latinoamericanos.

Una tercera influencia, no desdeñable, vino como resultado de la formación de mitos, y en especial el del Che Guevara, mito sacrificial e iconográfico para dos generaciones de estudiantes latinoamericanos. Omar Cabezas, guerrillero sandinista, llegó a escribir en su libro autobiográfico que su obsesión, al incorporarse al FSLN, era "ser como el Che" . .

En los años ochenta, buena parte de las guerrillas perdió parte de su fundamentación histórica y política. Y ello por dos motivos: las transiciones a la democracia de la Tercera Ola tuvo efectos notables en su capacidad para obtener apoyo. Al fin y al cabo, como había señalado el Che Guevara, la guerrilla tiene serias dificultades de prosperar allí dionde hay gobiernos electos mas o menos legítimos. Por otra parte, la crisis del socialismo real dejó a los grupos guerrilleros de orientación marxista-leninista sin referencias ideológicas y políticas, además de otro efecto de difícil evaluación, cual fue la disminución de su volumen de recursos externos. De este modo se iniciaron procesos de negociación orientados a la reinserción de las guerrillas en la vida regular de los regímenes democráticos, por la vía de su transformación en partidos, o su inclusión en alguno de los existentes. Elló ocurrió, entre otros lugares, en Uruguay, Argentina, El Salvador, Guatemala, Honduras y, parcialmente, en Colombia.

¿Ha terminado la época de las armas en América Latina ?. Afirmaciones apresuradas a esta pregunta fueron hechas poco antes del 1 de Enero de 1994, justo cuando, en el sur de México, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional irrumpía en varias poblaciones del Estado de Chiapas con el propósito de alterar la supuesta entrada de México en el Primer Mundo a raíz de la puesta en vigor del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. Combinación paradójica de fundamentación premoderna (es mas una revuelta, pensada para llamar la atención hacia un problema concreto o para protestar contra injusticias específicas que un movimiento guerrillero orientado a la toma del poder político) y tácticas posmodernas, como el uso de recursos publicitarios sofisticados, y de las nuevas tecnologías de comunicación, la revuelta organizada por el EZLN no ha tenido el efecto de imitación que muchos de sus panegiristas auguraban. La frustración de ciertos sectores de la ciudadanía por los efectos percibidos de las políticas de ajuste, la globalización y la mala calidad de las democracias se ha ido canalizando en los últimos años hacia fórmulas neopopulistas. Pocos jóvenes latinoamericanos quieren ser ya "como el Che". O como Marcos.

domingo, noviembre 01, 2009

LA CPI Y EL MIEDO MILITAR

SEMANA.COM - 1 de noviembre de 2009


RAFAEL GUARÍN

En el Cañón de las Hermosas, Alfonso Cano debe preocuparle lo mismo que antes de su extradición obsesionaba a Salvatore Mancuso y a Don Berna: ¿Cómo substraerse de la justicia penal internacional? A pesar de su soberbia, heredada de Jacobo Arenas, la cosa debe causarle tremendos salpullidos, más aún, cuando el 1 de noviembre finalizan los siete años consagrados en la cláusula 124 del Estatuto de Roma, en virtud de la cual el Estado colombiano declaró que no aceptaba competencia de la Corte Penal Internacional (CPI) respecto a los crímenes de guerra.

El tema conlleva también otro tipo de reacciones. Sectores de oposición pretenden utilizarla como “coco” para intimidar al gobierno, otros la emplean dentro de un discurso que quiere deslegitimar las instituciones democráticas. El caso de Piedad Córdoba ilustra ambas cosas: sugirió el absurdo de que antes que las Farc comparecieran ante ese tribunal por el secuestro de los llamados “canjeables”, lo harían los funcionarios del gobierno por la misma razón.

Por otro lado, hay una fuerte inquietud en las filas de la fuerza pública. Entre los militares hay temor, aún antes de que se develaran los “falsos positivos”. Al hablar con oficiales de diferente rango, con facilidad se percibe la preocupación de que luego de sacrificarse durante años enfrentando el narcotráfico y el terrorismo terminen injustamente en la cárcel.

Esa predisposición no es gratuita. Se piensa que la Corte se convertirá en una pieza de la guerra jurídica que la guerrilla adelanta contra el Estado, con la ayuda de farianos y elenos camuflados en la legalidad. Es racional, la combinación de todas las formas de lucha, legales e ilegales, como diría Lenin, implica el intento de utilizar las instituciones internas y foráneas para golpear al enemigo.

Los camaradas ven en el Estatuto de Roma una oportunidad para desplegar una ofensiva y generar pánico en las tropas. El tema no es menor. Si el pánico cunde en la fuerza pública, ni siquiera el firme liderazgo civil y apoyo de los ciudadanos será suficiente para contener un declive de la Política de Seguridad Democrática. Las Farc lo saben, al igual que sus aliados, y hacen todo lo posible por jugar esas cartas.

A pesar de eso y de las campañas de propaganda y rumor, desplegadas con el fin de producir aprensión en las fuerzas armadas con relación a la jurisdicción penal internacional, los soldados y policías no deben tener el más mínimo temor. Son varias las razones: Primero, en Colombia no hay una política de Estado de violación de los derechos humanos. Segundo, la CPI actúa subsidiariamente, es decir cuando la justicia del país no lo haga.

Y, tercero, en ambos aspectos el Estado está trabajando para garantizar el respeto absoluto de los derechos humanos, lo certifican las cifras del CINEP que registran un descenso en las denuncias sobre supuestos falsos positivos, al tiempo que existe un esfuerzo muy grande por dilucidar judicialmente las responsabilidades de casos que se enmarquen en crímenes de lesa humanidad y de guerra.

Así, pues, no debe haber miedo alguno en la medida que se aplique justicia y las fuerza pública cumpla con sus deberes constitucionales, comenzando por que no haya ni una sola violación de derechos humanos. ¡Esa debe ser su real preocupación!
Alfonso Cano.

Quienes en realidad deben desvelarse son los cabecillas de los grupos armados ilegales. Jojoy y compañía insistirán en la supuesta “salida negociada al conflicto social y armado”, al tiempo que pretenderán que el primer acuerdo sea la impunidad total. El detalle está en que frente a la justicia penal internacional no tiene ninguna validez cualquier medida que signifique perdón y olvido, así provenga del voto directo del pueblo.

La consecuencia es que si el diálogo y la negociación se condicionan a impunidad, la entrada en vigencia de la Corte no solo no es una amenaza para la fuerza pública, sino una estocada a la estrategia guerrillera. También a sus recurrentes montajes de “salida política” y, en últimas, el más formidable refuerzo a una política de firmeza contra el terrorismo y a la acción legítima de la fuerza pública. A las Farc, con pena de Alfonso Cano, solo les queda el sometimiento a la justicia o desfallecer en el Cañón de las Hermosas. ¡Escojan!

miércoles, octubre 28, 2009

EL SINDICALISTA AGENTE SECRETO DE LAS FARC

Publicado en Octubre 2009


Lo invito a que debatamos en twitter @RafaGuarin
RAFAEL GUARÍN
Una inédita y reveladora entrevista que le fuera hecha en el 2007 al secretario de Fensuagro, Juan Efraín Mendoza, capturado por el Ejército en un campamento en Sumapaz, muestra lo que las Farc busca conseguir en el campo político.*
Tratándose de un dirigente sindical, muchos se sorprendieron de su captura en combates contra las Farc. No fue mi caso. La entrevista que le hice a Juan Efraín Mendoza revelaba una inquietante cercanía con la organización guerrillera y el papel que Fensuagro cumple.
LAS MARCHAS CAMPESINAS DE 2007

En medio de la agitada movilización campesina realizada en octubre de 2007 y que bloqueó carreteras en Tolima, Valle, Cauca y Nariño, pude dialogar con participantes de Rioblanco, el municipio donde a comienzo de los años cincuenta se fundó el asentamiento comunista de El Davis, verdadero origen de las Farc. Al llegar a la Plaza Murillo Toro de Ibagué percibí que estaban muy bien organizados y con voceros con un discurso unificado.

Además de denunciar las necesidades de la región, llamó la atención que afirmaran que “donde existen los grupos guerrilleros, por ejemplo, en el caso de la región donde nosotros vivimos, no existen los problemas” o que la seguridad se las proporcionaba las Farc mientras que el ejército les daba terror, entre otras cosas, por supuestos asesinatos de civiles. En el diálogo se evidenció que existían mecanismos de control sobre la población a través de las juntas de acción comunal que en muchos casos eran influenciadas o dominadas por la guerrilla, al punto que quienes no asistían a la marcha se sancionaban con multas, arreglo de carreteras o trabajos en proyectos productivos.
A la pregunta de quién los lideraba, uno de los campesinos entrevistados dijo que las “centrales agrarias” que “son las que están rigiendo esa ley de hacer paros y todo eso”, entre ellas Fensuagro, y otro anotó: “con base a ellas es que hemos recibido capacitación y hemos estado activos organizando la gente”.
Para mayor claridad decidimos acudir directamente a Fensuagro. Su secretario, Juan Efraín Mendoza, nos recibió a la semana siguiente en una desordenada oficina presidida por la hoz y el martillo, en plena calle 17 con carrera 10 en Bogotá. Se trataba de un campesino metido en un apretado traje de corbata, moreno, obeso y afable. Es el mismo que 16 meses después al ser capturado junto al “negro Antonio” diría que era “un secuestrado” y de quien el Fiscal General de la Nación, Mario Iguarán, afirmó que "no es un sindicalista sino un subversivo”.
Contó que Fensuagro es una federación que agrupa a sindicatos de pequeños agricultores y asociaciones de campesinos. Están en 22 departamentos y tienen 68 organizaciones afiliadas. Hacen parte de la “Vía Campesina” y de la “Federación Sindical Mundial”. Precisó que las marchas las orientaba la Coordinadora Campesina, Obrero y Popular de la que hace parte muy activa Fensuagro.

Juan Mendoza Gamba - Secretario General de FENSUAGRO


TUMBAR A URIBE
Sobre las razones de la marcha, con tranquilidad indicó: una reforma agraria integral y democrática, la soberanía alimentaria, el respeto por los derechos fundamentales y porque “haya una salida negociada al conflicto social y armado”. Luego, con convicción, añadió el objetivo central e inmediato: “el principal y primer punto eje de la movilización es la renuncia del presidente Uribe y su vicepresidente, por ser un gobierno ilegal e ilegítimo”. Pero la cosa no para ahí. Se pretende “instaurar un gobierno democrático de alta representación popular… de lo contrario vamos a seguir enmarcados en unas políticas nefastas como la seguridad democrática”, que calificó de “guerra contra el sector agrario”.
La curiosidad aumentaba. ¿Hay una fuerza política que pueda proyectar ese gobierno? “Mire, no tanto como una fuerza política, sino que aquí hay ciudadanos capaces de gobernar, por eso es que nosotros hablamos de amplia participación popular, no un partido político como tal”. ¿Y entonces? “Un gobierno de coalición donde estén representados todos los sectores” y cuando “esté posesionado, convocar a un referendo, convocar a que se modifique la constitución nacional y a que se monten unas nuevas estructuras donde todos tengamos cabida en este país. ¿Eso incluye a la guerrilla? “Desde luego está la insurgencia, porque la insurgencia hace parte del proceso colombiano”.

¿Las Farc tienen base social? Sí, “si las Farc no tuvieran base social no existirían”. “Porque, por ejemplo, ¿de dónde salen los combatientes? Los combatientes tienen que salir de ese apoyo popular que tiene”. Ante la reflexión sobre el rechazo de la opinión pública a las Farc, aludió a los medios de comunicación. A “la gente de la ciudad le dicen que la insurgencia es un grupo terrorista, que mata, que asesina, que secuestra y dizque los que están allá armados tienen sueldos o son obligados y que son cosas totalmente contrarias de lo que se dice de esa realidad”.

Destacó que los resultados militares contra las Farc eran pobres. Le pregunté la razón: “porque es una política que cree que a través de la vía armada va a arrasar a las Farc y al gobierno se le olvida que es un movimiento de 43 años de lucha, de rebeldía en contra de la injusticia en Colombia”. ¡A esta altura ya no sabía con quien estaba hablando! Mendoza continúo: “entonces el señor (Uribe) prometió la toalla de Marulanda, que en seis meses la entregaba, oiga y vamos para seis años y la verraca toalla no aparece, se le embolató”. No alcanzaba a imaginar los contundentes golpes que el ejército le propinaría a la guerrilla en 2008.

Sobre las garantías para la marcha, narró que no existieron presiones de ningún tipo de la guerrilla, pero eso sí, por supuesto que las hubo del Estado. Denunció que en el Tolima botaron unos volantes que decían: “campesinos no salgan a la marcha que esto es una propuesta de las Farc”. “Nosotros somos unas organizaciones campesinas, de obreros, de civiles que no tenemos nada, absolutamente nada que ver con el movimiento insurgente. ¡Eso que quede claro!”, subrayó.

A la réplica de que si no era posible que miembros o simpatizantes de la guerrilla participaran en las marchas, fue contundente: “No hay espacio para la infiltración del movimiento armado”. “Los militares bocones, que salieron a decir que la movilización era de las Farc, nos están poniendo a la palestra pública ante los grupos paramilitares”.

Más adelante reconoció que “en las zonas donde el movimiento guerrillero tiene influencia y dominio del territorio, entonces son la autoridad de la zona”. E ilustró: “Yo, por ejemplo, estaba de presidente de la junta y entonces llegó un mando guerrillero a la vereda y me dijo, bueno, esos caminos están muy abandonados, convoque a reunión a todos los afiliados y comience a limpiar los caminos”. “Entonces, miren a ver, toca limpiar los caminos”. “Pero a mí no me parece malo, ni eso está en contra de la población, que cuando el Estado no invierte en el arreglo de las vías lo tenga que hacer uno mismo. Y es el movimiento (Farc) el que está controlando que los caminos estén en buen estado. Eso nos beneficia a los que vivimos en la vereda”.

LA MANO DE CHÁVEZ

No podía dejar de preguntar por Hugo Chávez. “Lo que ocurre con Chávez es que uno tiene que decir que en América Latina, en los actuales momentos, las condiciones están cambiando”. Mencionó inmediatamente Bolivia, Ecuador y Argentina. “Yo he tenido la posibilidad de estar en Venezuela, de ver el proceso, por ejemplo, de reforma agraria, una reforma agraria real”. “Podría decir que bienvenido ese proceso, pero aclarando que el de Venezuela es un proceso aparte y el de nosotros tiene que ser un proceso distinto”.

¿Ha recibido apoyo en algún momento del gobierno venezolano? Hay procesos que si lo han recibido. “Se está recibiendo específicamente en educación. Hay becas que ha otorgado para organizaciones populares en el país. También con salud a través de la misión Milagro”, pero para las movilizaciones campesinas lo negó.

Frente a la pregunta sobre persecuciones a Fensuagro, Mendoza relató que el ejército lo detuvo en su finca el 25 de junio de 2003 acusándolo de rebelión. Lo llevaron a la base militar y “32 horas después, con la presión de aquí de la organización de derechos humanos y de un periodista internacional que se hizo presente, Dick Emanuelsson, del diario Liberación, me dan la libertad”. Es público que Emanuelsson es un periodista con acceso a las Farc, pluma preferida de ANNCOL y fuentes oficiales lo señalan de militante del grupo terrorista. Sorprende que como excusa el sindicalista añadiera que para esa época “ejecutaba un proyecto con el Banco Mundial”.

Al final enfatizó que “nosotros no tenemos el primer compañero, miembro de la organización, que haya sido sentenciado, los tienen un tiempo y los tienen que dejar en libertad porque no se les ha comprobado nada”.


¿PARA DÓNDE VAN?

“Mire, el proceso va y sigue. Nuestra intención es que esta Coordinadora Agraria, Obrero y Popular tiene que ser una organización inmensa, donde logremos concretar a todos los sectores” para “construir un gobierno de amplia representación popular y democrática”. Interrogué: O sea… ¿ustedes apuntan al 2010? “Al 2010 o no sé cuando, de pronto antes”.

Musité, refiriéndome a Uribe: ¿Ojalá que se cayera antes, o qué? “Bolivia y Ecuador no esperaron hasta que el marco constitucional diera para renovar. Y yo creo que al pueblo colombiano nos está haciendo falta eso”. Lo que acababa de escuchar me hizo recordar el Manifiesto de las FARC, publicado tan solo dos semanas antes de las marchas campesinas.

No obstante, el camarada del negro Antonio, para concluir la charla insistió: “no tenemos nada que ver con el movimiento insurgente de Colombia. Nosotros no tenemos la culpa de coincidir en los planteamientos políticos que hacemos con los que tenga el movimiento insurgente. Quienes estamos ahí somos organizaciones legalmente constituidas, no somos delincuentes, no tenemos ordenes de captura, no tenemos nada de eso, somos personas totalmente legales”. Al final, pensé, como dice el dicho, “a la gente hay que creerle”.
*Entrevista concedida a Rafael Guarín.

Los detalles de la captura por parte del Ejército en febrero de 2009 y de la absolución de Juan Efraín Mendoza Gamba por parte de un juez los encuentra en: http://www.politicayseguridad.blogspot.com/2012/07/impunidad-judicial.html



SOBRE SITUACIÓN EN NORTE DEL CAUCA puede consultar:


Análisis sobre FARC, indigenas y movilizaciones en Cauca @RafaGuarin en @CanalCapital  http://www.politicayseguridad.blogspot.com/2012/07/farc-seguridad-e-indigenas-en-el-norte.html

Columna en El Nuevo Herald "Jaque de las Farc" http://www.politicayseguridad.blogspot.com/2012/07/jaque-de-las-farc.html

Columna en Semana.com "Repensar la Guerra" sobre situación en Cauca: http://www.politicayseguridad.blogspot.com/2012/07/a-repensar-la-guerra.html


Vaya a la página de inicio: www.politicayseguridad.blogspot.com

domingo, octubre 25, 2009

EL MINUÉ PRESIDENCIAL DE CHILE

Las próximas elecciones amenazan la continuidad de la "Concertación" en el gobierno, pero no la continuidad de las políticas que han marcado el éxito chileno. Un artículo de Carlos Gervasoni.

CHILE - Foto: www.astrored.org

CARLOS GERVASONI

El Tiempo - 25 de octubre de 2009

BUENOS AIRES. Chile ha sido la historia de éxito de América Latina desde los años 80, como consecuencia de un rápido crecimiento económico, una integración exitosa a la economía mundial, instituciones democráticas sólidas, una efectiva burocracia estatal y bajos niveles de corrupción. En todas estas áreas, en términos generales, el país supera claramente al promedio de la región.

No es de sorprender que los chilenos hayan mantenido a la gobernante coalición demócrata cristiana-socialista (la Concertación) en el poder durante cuatro mandatos consecutivos desde 1990, cuando se restableció la democracia después de 17 años del represivo régimen militar del general Augusto Pinochet. El 13 de diciembre, sin embargo, es probable que los votantes en las elecciones presidenciales de Chile "hagan transpirar" al candidato presidencial oficialista.

La Concertación lleva como candidato al demócrata cristiano Eduardo Frei, hijo de un ex presidente, y él mismo presidente desde 1994 hasta 2000. Su principal contendiente es Sebastián Piñera, magnate, ex senador y candidato presidencial en el 2006, representante de las principales fuerzas de la oposición: la moderadamente conservadora Renovación Nacional (RN), de Piñera, y la Unión Demócrata Independiente (UDI), más de derecha.

Hasta aquí, nada nuevo: RN y la UDI -que difieren principalmente en su actitud hacia el gobierno militar del cual surgieron (RN es la más autocrítica)- han sido los principales retadores en todas las elecciones previas.

Sin embargo, ahora se está produciendo un cambio importante, representado por la figura de un candidato independiente de 36 años sin respaldo de un partido tradicional. Marco Enríquez-Ominami, con aproximadamente el 20 por ciento de apoyo según las últimas encuestas, está notablemente cerca de Frei (alrededor del 26 por ciento) y no tan lejos de Piñera (alrededor del 38 por ciento). El inesperado apoyo popular a este joven candidato está arraigado en la misma coalición gobernante: su padre adoptivo es un prominente senador socialista (su padre biológico, un líder de la izquierda revolucionaria de los años 70, fue asesinado por la policía política de Pinochet).

El propio Marco fue electo diputado socialista, pero abandonó el partido cuando este le negó la posibilidad de disputar la candidatura con Frei en una elección interna. Con esta mezcla única de tradición y renovación, y una frescura de la que carecen ambos candidatos principales, Enríquez-Ominami ha llegado más lejos de lo que predecía la mayoría de los observadores.

El liderazgo de Piñera y el surgimiento de Enríquez-Ominami probablemente sean expresiones del mismo fenómeno: la fatiga con y dentro de la Concertación. A pesar de sus muchos logros desde 1990, y la alta popularidad de la actual primera mandataria (la socialista Michelle Bachelet, primera presidenta mujer de Chile), el tiempo está pasando factura.

En los últimos años, varios grupos se han desprendido de los partidos gobernantes tradicionales. Muchos votantes están siguiendo sus pasos, atraídos principalmente por Enríquez-Ominami. Las deslucidas cifras de Frei en los sondeos reflejan sus propias debilidades (es notoriamente poco carismático y fue el menos popular de los cuatro presidentes de la Concertación), así como el inevitable estrés que dos décadas de gobierno ininterrumpido han generado en la coalición gobernante.

Como están las cosas hoy, la derecha probablemente gane la primera vuelta, pero con menos del 50 por ciento. Incluso una victoria cómoda de Piñera podría revertirse en la segunda vuelta el 17 de enero, ya que Frei y Enríquez-Ominami esencialmente se dividen el voto de la centroizquierda.

Enríquez-Ominami tiene la popularidad y el ímpetu para desplazar a Frei de la segunda vuelta, pero le puede resultar más difícil derrotar a Piñera. Los dos escenarios más probables, entonces, son la continuidad del gobierno o el cambio predecible (hace años se espera que la derecha llegue a la presidencia). Pero no debería descartarse un tercer escenario -un cambio menos predecible tras una victoria de Enríquez-Ominami-, en parte porque la publicidad de campaña recién aparecerá en los medios a partir del 13 de noviembre.

En cuanto a las principales políticas públicas de Chile, sin embargo, es muy probable que prevalezca la continuidad, aun si gana Enríquez-Ominami. La coalición de centroizquierda que derrotó a Pinochet (en un plebiscito en 1988, y a su candidato presidencial en las elecciones de 1989) ha tenido la inteligencia de mantener, y en algunos casos profundizar, las sólidas políticas de libre mercado heredadas del gobierno militar.

Chile ostenta una administración fiscal y monetaria ortodoxa, una economía muy abierta y un sector privado dinámico. También fue el primer país del mundo en adoptar un sistema de pensiones totalmente privado, una experiencia liderada por uno de los tecnócratas de Pinochet (que curiosamente era el hermano de Piñera, José) y que ha sido esencialmente mantenido desde entonces.

Estas políticas son populares entre los votantes, y están respaldadas por actores poderosos (por ejemplo, el fuerte sector empresario exportador) y por acuerdos comerciales con casi todas las principales economías y bloques regionales del mundo. A diferencia de muchos países latinoamericanos, en los que a las reformas liberales de los 90 fueron seguidas por reacciones populistas, la principal oposición en Chile es una coalición aún más pro mercado.

Más allá de la economía, existen, por supuesto, muchas áreas de desacuerdo. La Concertación ha lidiado prudentemente con los legados políticos de la dictadura, desmontando gradualmente las instituciones creadas por Pinochet para protegerse a sí mismo, a las fuerzas armadas y a la derecha, y haciendo progresos en el juzgamiento de los violadores de los derechos humanos.

Pero muchos no están contentos: la extrema izquierda -no muy fuerte en estos días, pero con una importante tradición política- quiere un mayor y más rápido progreso en los juicios, mientras que la derecha recalcitrante insiste en tratar a Pinochet (que murió en el 2006) como un héroe nacional. Las cuestiones morales, étnicas y ambientales siguen similares líneas ideológicas. Y, sin embargo, el espectro del debate político es mucho más estrecho, y el tono más amigable, que en el caso de los vecinos más polarizados de Chile, como Argentina, Bolivia y Venezuela.

En cualquiera de los escenarios más factibles, la continuidad o el cambio prudente, o incluso si gana el candidato independiente, Chile muy probablemente seguirá siendo un faro de estabilidad democrática, dinamismo económico y compromiso internacional en una región demasiado frecuentemente caracterizada por turbulencias políticas y económicas.

* Carlos Gervasoni es profesor de ciencia política en la Universidad Torcuato Di Tella en Buenos Aires (Argentina).
© Project Syndicate 1995-2009

Carlos Gervasoni *

domingo, octubre 18, 2009

LOS MITOS FARIANOS

Manuel Marulanda, Tirofijo, al comienzo de las FARC
Rafael Guarín
Especial para FACEBOOK

Las Farc son verdaderas maestras en el manejo del mito. Uno de sus mitos sobre su origen relata que hacia 1964 eran humildes e indefensos campesinos agredidos por el Estado que tuvieron que armarse para defenderse. Una revisión histórica muestra otra cara: para 1960 ya existían 13 cuadrillas comunistas en Tolima, Cundinamarca, Valle del Cauca, Boyacá y Santander, con un total de 912 integrantes, como lo recuerda James Henderson.

La realidad es que desde los años cincuenta estos grupos armados fueron organizados, adoctrinados, entrenados y protegidos por el Partido Comunista Colombiano. El proceso organizativo de las Farc estuvo a cargo de ese partido de la mano de dirigentes provenientes de las ciudades, como Jacobo Arenas.

El mito de la "agresión" nunca se descuida. Un ejemplo es el comunicado del Secretariado en que se informa la decisión de liberar a los secuestrados Clara Rojas, el niño Emanuel y la excongresista Consuelo de Perdomo, fechado el 9 de diciembre de 2007. Debajo de la fecha y antes de la firma, aparece la siguiente leyenda: “17 años después de la agresión a Casa Verde”. Se refiere a la legítima y legal acción militar realizada en 1990, en el municipio de la Uribe, por el ejército colombiano en contra del santuario de las FARC, donde se planificaban y ordenaban acciones terroristas. La ecuación es sencilla: el ejercicio legítimo de la autoridad del Estado es una agresión que justifica ejercer la violencia como legítima defensa. Todo un artificio.

Otro mito es el de la existencia en Colombia de una guerra civil. Para esto desarrollaron un lenguaje, avalado por sectores de opinión, algunos medios de comunicación y académicos, que reconoce implícitamente legitimidad a las FARC y justifica directa o indirectamente sus acciones. De esa forma, se llega a la necesidad de “acuerdos humanitarios”, se edifica el concepto de prisioneros de guerra para hablar de secuestrados o el de impuesto revolucionario para referirse a las extorsiones, igual que sucede en el País Vasco.

Un mito más consiste en decir que en Colombia no se puede hacer política de izquierda lo que obliga a tomar las armas. Se basa en una atrocidad incuestionable: el asesinato masivo de dirigentes de la Unión Patriótica. El hecho, también incuestionable, es que en el proceso electoral de 2007 fueron asesinados 30 candidatos de los cuales ninguno era de izquierda. La mayoría pertenecían a partidos de la coalición de gobierno y otros al Partido Liberal, que sigue siendo percibido como uno de los bastiones del establecimiento político. Muchos de ellos muertos por las Farc y otros por las bandas criminales que quedaron luego de la desmovilización de las AUC.

Los mitos son centrales en todos y cada uno de los actos de comunicación fariana. Si se revisan con atención las entrevistas a sus miembros, los videos publicitados en Anncol o en la Agencia Bolivariana de Prensa, los comunicados y los “editoriales” que aparecen en su página web, se encontrará que sin excepción acuden a los mitos para ratificar la “justeza de su lucha”.

El discurso de Marulanda leído en la instalación de los diálogos con el gobierno de Andrés Pastrana, al referirse a los “cerdos y las gallinas” buscaba ratificar los mitos fundadores. Igual ocurre con el video de las liberaciones de secuestrados realizadas en febrero pasado y en los que un guerrillero relata su visión de las Farc. De ahí, el interés de Farc por las cámaras de televisión y por contar con un movimiento en la legalidad que les sirva de caja de resonancia.

Finalmente, el mantenimiento de dos mitos son claves para las Farc en este momento: su supuesta “invencibilidad” y el carácter “imprescindible de la salida negociada”. Sobre el primero se edifica el segundo. Ambas ideas fueron entronizadas durante años y son, tal vez, su mayor capital.

Toda una generación creció dibujando palomas de paz y convencida que el diálogo era la única salida a una situación originada en lo que el ex presidente Belisario Betancur denominó “causas objetivas de la violencia”, haciendo suyo el discurso guerrillero. Consciente o inconscientemente dirigentes políticos, profesores universitarios, periodistas, líderes sociales y muchos ciudadanos reproducen ambos mitos. Por cuenta de ellos, Farc y ETA logran dividir la sociedad, mientras consiguen que un segmento de la misma ejerza presión sobre el gobierno para que negocie, ceda ante el terrorismo, reduzca el componente de autoridad, doblegue el estado de derecho y caiga en la trampa del diálogo, que se utiliza como táctica al servicio de una estrategia de guerra.

En conclusión, el ejemplo colombiano ilustra la forma en que los mitos y la manipulación de la historia se vinculan íntimamente a la existencia y actuación de los grupos terroristas. Éstos los asumen como fuente de legitimidad de su existencia, instrumento de deslegitimación del Estado y como medio de propaganda para ganar adeptos. Una línea de acción antiterrorista es la de desmitificar aquellos acontecimientos que sirven de sustento al discurso de las agrupaciones violentas presentándolos en su real dimensión.

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viernes, octubre 09, 2009

LAS TARAS DE ANDRÉS FELIPE


Semana.com - 8 de octubre de 2009

RAFAEL GUARÍN

Coincido con la oposición en el debate sobre Agro Ingreso Seguro. No se trata de estar del lado de Uribe o de sus críticos. La cuestión es simple, así como ser antiuribista no puede ser excusa para ser blando con el terrorismo, ser uribista no puede ser excusa para ser blando con la corrupción.

Y corrupción es lo que hay en este caso. No basta con el argumento de legalidad del exministro Andrés Felipe Arias para exorcizar cualquier reproche a su gestión. En una democracia, además de observar el Estado de Derecho, las decisiones deben ser legítimas, atender el escrutinio ciudadano y la responsabilidad política. La forma en que se distribuyeron los subsidios podrá ser muy legal pero es absolutamente inmoral.

La corrupción no se limita a conductas delictivas. Así se ampare en la ley, el favoritismo y el ejercicio del poder al servicio de intereses particulares, en contra del bien general, es también corrupción. Exactamente lo que ocurre al regalar los impuestos de los colombianos a una minoría privilegiada en lo social, poderosa en lo político y rica en lo económico.

La razón de ese vulgar despojo con destino a terratenientes, reinas de belleza, cantantes, familias adineradas e hijos de políticos corruptos, obedece a una tara ideológica y a un afán electorero del ex Ministro.

En el fondo está la perversa idea de que subsidiar a los pobres es botar el dinero. Únicamente los ricos pueden generar riqueza, contribuir al crecimiento económico y crear fuentes de empleo. Desde esa perspectiva, más racional es destinar millones de pesos a quienes tienen tierra y cuantiosos recursos, que pretender apoyar a pequeños emprendedores.

Gracias a dicha tara la propuesta de campaña del presidente Álvaro Uribe de convertir a Colombia en un “país de propietarios” se está cumpliendo, pero no vía promoción del acceso a la propiedad a quienes no la tienen o a aquellos a los que les fue arrebatada por el narcotráfico, el paramilitarismo y las Farc, sino volcando el aparato estatal al servicio de los grandes potentados de la tierra. ¡Una cosa absurda!

Esa misma idea explica que durante el ministerio de “Uribito” no se haya hecho ningún intento de reforma agraria, a pesar de contar con millones de hectáreas que deben expropiarse a las organizaciones criminales.

Se preguntará Arias: ¿Para qué entregar tierras a ineptos e incapaces de hacerlas producir? Y responderá: más eficiente y eficaz es apoyar a los terratenientes y adinerados propietarios que sí generaran riqueza y no a las grandes masas de desharrapados y desplazados que cunden como plaga por las montañas y sabanas del país.

No solo es un concepto elitista, excluyente y que fragmenta más la sociedad, sino una institucionalizada manera de reproducir relaciones de sometimiento en el campo, de control político y de explotación. Dicha política anula la posibilidad de explorar caminos para democratizar la propiedad y de formas de propiedad colectiva de la tierra (así suene socialista) que fomenten el acceso a la misma a los campesinos pobres.

De la igual manera, impide adelantar iniciativas orientadas a enfrentar en las zonas rurales las condiciones de marginamiento y pobreza extrema que aprovechan las organizaciones de narcotraficantes y grupos armados ilegales.

Resulta una estupidez monumental regalar a familias ricas miles de millones de pesos mientras no se invierten los recursos necesarios para construir legitimidad estatal en el sur del Tolima y en otros enclaves históricos de la guerrilla. Para eso no hay plata, ni voluntad política y no puede haberla pues la tara ideológica convierte esa inversión en un gasto irracional.

La segunda razón es mucho menos elaborada. No se trata de pagar apoyos a la elección o reelección de Uribe. Todo el mundo sabe y las encuestas lo demuestran que no necesita de tales maniobras para mantener el apoyo popular. No así la desbocada y loca carrera del joven Andrés Felipe que, al mejor estilo samperista en el proceso 8000, decidió ganar adeptos feriando los impuestos y el Estado.

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martes, octubre 06, 2009

LOS MITOS DEL TERRORISMO


Especial para Facebook
RAFAEL GUARÍN

Justificar su existencia y la decisión de optar por la violencia es indispensable para los grupos terroristas. Tales organizaciones saben que la violencia no es suficiente para cumplir su objetivo y de la necesidad de combinarla con otros instrumentos y medios que permitan la movilización ciudadana a su favor.

La revolución sobreviene, siguiendo a Von der Heydte, cuando la fórmula en que se sustenta un orden político pierde vigencia, esto es, que agota su legitimidad y es reemplazada por una nueva, la que proponen los terroristas. Por esa razón, el cumplimiento del objetivo político implica instalar esa nueva fórmula, lo cual se alcanza si ésta obtiene legitimidad, es decir, si consigue coincidir con los valores y las ideas imperantes en la sociedad.

Para lograrlo, los terroristas deben ofrecer a los ciudadanos una lectura de la historia que justifique su actividad y propósitos. La manera en que se relatan los acontecimientos, se adjudican responsabilidades, se exaltan o condenan individuos o grupos y se explica el presente, resulta decisiva en la posibilidad de que el proyecto impulsado por los terroristas gane la legitimidad necesaria para imponerse.

Por esa razón, una de las tareas permanentes es la creación de mitos legitimadores. Se trata de convertir ciertos acontecimientos en hechos que permiten explicar el presente y justificar conductas futuras. Más que el hecho en sí, lo importante es el significado y alcance que se le otorgue, al igual que lograr que sea interiorizado por el colectivo del cual se busca obtener apoyo. Esto explica que las organizaciones terroristas insistan hasta la saciedad en las supuestas “causas del conflicto” y que cada de una de sus operaciones se cubra con idéntico manto discursivo.

En ese contexto, se entiende por mito una historia ficticia construida sobre sucesos reales cuya narración e interpretación obedece a determinados intereses políticos y visión de la sociedad. Los mitos políticos determinan la acción política, pues al ser aceptados por la sociedad se convierten en condicionante de sus actitudes y conductas.

Tal y como lo describe Ernst Cassirer en “El Mito del Estado”, los “nuevos mitos políticos no surgen libremente”. “Son cosas artificiales, fabricadas por artífices muy expertos y habilidosos”. Dicha característica es clave a la hora de interpretar el papel de los mitos en el terrorismo y su utilización por parte de los agentes políticos. El profesor Antonio Elorza tiene razón al afirmar que la “historia no hace el mito; es el mito el que se convierte en historia”.

Los mitos enmarcan los enfoques, fijan las percepciones de los involucrados, son imprescindibles en la adhesión popular que buscan los grupos terroristas y en el reclutamiento de nuevos integrantes. Tienen también que ver con la decisión de mantener la violencia y constituyen un elemento de cohesión interna. Un aparato armado que impugna el orden político debe contar con un discurso en que los mitos se repiten y se extienden, al tiempo que proporcionan una explicación a su existencia y una justificación para sus miembros. En virtud del mito se avala el asesinato, los carros bombas, el secuestro y, en general, el empleo de todo tipo de acciones terroristas. El mito permite además descargar la responsabilidad de los propios crímenes en el enemigo o en la sociedad, nunca en la organización terrorista.

Al examinar los casos de Irlanda del Norte con IRA y del País Vasco con ETA se ratifica la forma en que los mitos y la manipulación de la historia se vinculan íntimamente a la existencia y actuación de los grupos terroristas.

Las FARC son muy diestras en el manejo del mito. Antes de su fundación oficial y con el surgimiento de las primeras guerrillas comunistas, en los años cincuenta, una de las principales tareas ha sido la de escribir una narrativa que justifique la violencia. Son muchos los ejemplos que se pueden citar, pero dejémoslos para la siguiente columna, por lo pronto, subrayemos que una línea de acción antiterrorista es la de desmitificar aquellos acontecimientos que sirven de sustento al discurso de las agrupaciones violentas presentándolos en su real dimensión.

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martes, septiembre 29, 2009

EL ÉXITO DIPLOMÁTICO CHAVISTA

Foto AP: Reunión de Unasur en Bariloche. Agosto de 2009.

El Nuevo Herald - Miami - 29 de septiembre de 2009

RAFAEL GUARÍN

Hay que aceptarlo, un acierto diplomático innegable de Hugo Chávez es utilizar las organizaciones internacionales para sus propósitos. Así ocurre con la OEA, UNASUR y el Grupo de Río. En los tres casos, tales instancias terminaron siendo útiles al gobierno bolivariano y a sus aliados, mientras evaden el cumplimiento de su papel.

Veamos algunos ejemplos. La pretensión de reincorporar a Cuba al sistema interamericano encontró la plataforma ideal en el Grupo del Río, al cual ingresó en la cumbre celebrada en Brasil en diciembre del 2008. Al referirse a la resolución que revocaba la decisión que excluyó a Cuba de la OEA, en junio pasado, el diario Juventud Rebelde señaló que "lo importante es que el continente le dobló el brazo al imperio''.

Tan sólo un mes después, los mismos que para aceptar la abominable dictadura cubana incineraron la Carta Democrática, sin sonrojarse se convirtieron en los más fervientes defensores de su vigencia. La Carta se invocó en la reacción al golpe y contragolpe que en Honduras produjo la salida del poder de Manuel Zelaya. Hasta el gobierno cubano, en el seno del ALBA, que lidera Chávez, condenó la ``dictadura'' y levantó la bandera de la defensa del régimen democrático en Honduras. ¡Qué cinismo!

Pero hay mucho más. El grupo de Río se abstuvo de debatir las pruebas presentadas por el gobierno Uribe que demostraban las relaciones de la revolución bolivariana con las Farc. Esa actitud se mantuvo en la OEA con el concurso de su flamante secretario, José Miguel Insulza. La misma suerte tuvieron las denuncias impetradas contra la administración de Chávez por la oposición. Tampoco existe ninguna actividad para salvaguardar la democracia venezolana de las veleidades totalitarias del chavismo.

En UNASUR la cosa no es diferente. Durante la crisis boliviana del 2008 los presidentes rodearon a Evo Morales sin reservas, ante lo que se denunció como una tentativa de golpe del "imperio''. Al igual que en el caso de Honduras nunca examinaron la situación interna con imparcialidad, ni se percataron de las arbitrariedades de ambos gobernantes para imponer el socialismo del siglo XXI. Chávez logró que el legítimo rechazo popular a la revolución bolivariana se reprimiera en el escenario internacional.

Por otro lado, el repudio a la injerencia norteamericana en América Latina se convirtió en la bandera, mientras la injerencia chavista se aplaude o se ignora. El principio de no intervención en los asuntos internos, piedra angular del sistema internacional, para la OEA, UNASUR y el Grupo de Río solo existe como elemento de agitación antinorteamericana, nunca para censurar el abierto y grosero involucramiento del gobierno venezolano en las democracias del continente, aun cuando este se realice de la mano de grupos terroristas.

Es la misma conducta frente a los temas militares. Acudiendo al expediente vetusto de la guerra fría, que registra el apoyo a dictaduras por Estados Unidos, se prenden las alarmas respecto al acuerdo de cooperación con Colombia, no obstante la absoluta pasividad frente a la carrera armamentista de Chávez, que no es nueva, a la que se suma Lula con una gigantesca inversión en equipamiento militar. Para la izquierda eso no rompe el equilibrio de poder, pero sí la ayuda contra el narcotráfico y el terrorismo que presta el gobierno Obama a Colombia.

Esto debería ser una cuestión pasajera. La diplomacia chavista encontró un ambiente propicio y una ola de izquierda que la favorece. Quizás cuando la correlación de fuerzas cambie y tengamos gobiernos de otro signo ideológico en Brasil, Argentina y Chile, sea otro cantar. Al igual que si, por fin, la Casa Blanca da prioridad a América Latina. En este tema, no es mucho realmente lo que diferencia a Obama de Bush.

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domingo, septiembre 27, 2009

Reflexiones preliminares: CONSULTAS DEL POLO Y DEL LIBERALISMO OFICIALISTA





RAFAEL GUARÍN

DIEZ REFLEXIONES PRELIMINARES sobre los resultados de las consultas del liberalismo oficialista y el Polo:

1. El Partido Liberal es un partido rural y desconectado de la mayoría de los colombianos que habitan en las ciudades. Su resultado es lamentable, a pesar de la intervención de maquinarias de otros partidos y de parapolíticos.

2. El Polo no tiene mayor relevancia fuera de Bogotá. La baja votación en la capital obedece a la deficiente gestión de Samuel Moreno.

3. Se ratifican las encuestas que reflejan el escaso apoyo popular de los candidatos de la oposición.

4. La especie de plebiscito que impulsó el Liberalismo contra la reelección, utilizando la consulta, fue un fracaso y terminó favoreciendo a Álvaro Uribe.

5. Perdió vergonzosamente el serpo-samperismo que estaba detrás de Alfonso Gómez Méndez.

6. Dentro del Polo perdieron el Partido Comunista Colombiano, el Moir, Samuel Moreno, las Farc y la corrupción y el clientelismo de Jaime Dussán.

7. No solo ganó Petro la candidatura, sino que le ganó el pulso a las Farc, que según el propio Petro querían sacarlo del Polo.

8. Perdió César Gaviria al sacar la mitad de los votos que se propuso en la Consulta. Con tan magros resultados, hasta su propia y oculta aspiración a desplazar al ganador de la consulta, para hacerse a la candidatura presidencial, quedo enredada.

9. Los congresistas liberales deben preocuparse por el oscuro panorama electoral de las elecciones parlamentarias de 2010.

10. Un ganador de hoy, no visible, es Sergio Fajardo, quien queda como la única opción con cierta solidez para enfrentar al uribismo, sea en cabeza del presidente Uribe o de Rodrigo Rivera, Juan Manuel Santos, Nohemí Sanín o Andrés Felipe Arias. Nada raro será ver a Liberales y al Polo haciendo fila detrás de Fajardo, si hay segunda vuelta.

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