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martes, octubre 09, 2012

CHÁVEZ: REELEGIDO PERO NO LEGÍTIMO. El Nuevo Herald.



Publicado en el periódico El Nuevo Herald de Miami el 10 de Octubre de 2012 

*RAFAEL GUARÍN

Terminó el proceso electoral en Venezuela. Algunas reflexiones:

Primero. El 84% de quienes hacen parte del padrón electoral concurrieron a las urnas. Una cifra histórica, impensable en la mayoría de países donde los porcentajes son muy inferiores. Esto indica que el debate entre revolucionarios y contrarrevolucionarios politizó ampliamente a la sociedad venezolana.

Segundo. El populismo es rentable. Cabalgando en el despilfarro, al igual que en los recursos del petróleo, Chávez ha creado una extensa red de asistencialismo y un eficiente sistema clientelista con el cual controla amplios segmentos de la población.

domingo, octubre 07, 2012

¿EL FIN DEL DISPARATE?



CARLOS ALBERTO MONTANER
Quién ganará las elecciones venezolanas? Hay encuestas para todos los gustos. Yo me quedo con la de Consultores 21, una empresa seria, fundada en 1974, dirigida por un profesional prestigioso, Luis Christiansen. ¿Por qué elijo esta encuesta y no otra? Por tres razones: porque los resultados de su último survey concuerdan con los de las recientes elecciones a diputados; porque Henrique Capriles ha hecho una extraordinaria campaña mientras Chávez se ve enfermo y sin una sola idea; y porque se palpa entre los demócratas venezolanos un espíritu de triunfo que no había visto en los 14 años que ha durado el sobresaltado manicomio bolivariano.

martes, septiembre 29, 2009

EL ÉXITO DIPLOMÁTICO CHAVISTA

Foto AP: Reunión de Unasur en Bariloche. Agosto de 2009.

El Nuevo Herald - Miami - 29 de septiembre de 2009

RAFAEL GUARÍN

Hay que aceptarlo, un acierto diplomático innegable de Hugo Chávez es utilizar las organizaciones internacionales para sus propósitos. Así ocurre con la OEA, UNASUR y el Grupo de Río. En los tres casos, tales instancias terminaron siendo útiles al gobierno bolivariano y a sus aliados, mientras evaden el cumplimiento de su papel.

Veamos algunos ejemplos. La pretensión de reincorporar a Cuba al sistema interamericano encontró la plataforma ideal en el Grupo del Río, al cual ingresó en la cumbre celebrada en Brasil en diciembre del 2008. Al referirse a la resolución que revocaba la decisión que excluyó a Cuba de la OEA, en junio pasado, el diario Juventud Rebelde señaló que "lo importante es que el continente le dobló el brazo al imperio''.

Tan sólo un mes después, los mismos que para aceptar la abominable dictadura cubana incineraron la Carta Democrática, sin sonrojarse se convirtieron en los más fervientes defensores de su vigencia. La Carta se invocó en la reacción al golpe y contragolpe que en Honduras produjo la salida del poder de Manuel Zelaya. Hasta el gobierno cubano, en el seno del ALBA, que lidera Chávez, condenó la ``dictadura'' y levantó la bandera de la defensa del régimen democrático en Honduras. ¡Qué cinismo!

Pero hay mucho más. El grupo de Río se abstuvo de debatir las pruebas presentadas por el gobierno Uribe que demostraban las relaciones de la revolución bolivariana con las Farc. Esa actitud se mantuvo en la OEA con el concurso de su flamante secretario, José Miguel Insulza. La misma suerte tuvieron las denuncias impetradas contra la administración de Chávez por la oposición. Tampoco existe ninguna actividad para salvaguardar la democracia venezolana de las veleidades totalitarias del chavismo.

En UNASUR la cosa no es diferente. Durante la crisis boliviana del 2008 los presidentes rodearon a Evo Morales sin reservas, ante lo que se denunció como una tentativa de golpe del "imperio''. Al igual que en el caso de Honduras nunca examinaron la situación interna con imparcialidad, ni se percataron de las arbitrariedades de ambos gobernantes para imponer el socialismo del siglo XXI. Chávez logró que el legítimo rechazo popular a la revolución bolivariana se reprimiera en el escenario internacional.

Por otro lado, el repudio a la injerencia norteamericana en América Latina se convirtió en la bandera, mientras la injerencia chavista se aplaude o se ignora. El principio de no intervención en los asuntos internos, piedra angular del sistema internacional, para la OEA, UNASUR y el Grupo de Río solo existe como elemento de agitación antinorteamericana, nunca para censurar el abierto y grosero involucramiento del gobierno venezolano en las democracias del continente, aun cuando este se realice de la mano de grupos terroristas.

Es la misma conducta frente a los temas militares. Acudiendo al expediente vetusto de la guerra fría, que registra el apoyo a dictaduras por Estados Unidos, se prenden las alarmas respecto al acuerdo de cooperación con Colombia, no obstante la absoluta pasividad frente a la carrera armamentista de Chávez, que no es nueva, a la que se suma Lula con una gigantesca inversión en equipamiento militar. Para la izquierda eso no rompe el equilibrio de poder, pero sí la ayuda contra el narcotráfico y el terrorismo que presta el gobierno Obama a Colombia.

Esto debería ser una cuestión pasajera. La diplomacia chavista encontró un ambiente propicio y una ola de izquierda que la favorece. Quizás cuando la correlación de fuerzas cambie y tengamos gobiernos de otro signo ideológico en Brasil, Argentina y Chile, sea otro cantar. Al igual que si, por fin, la Casa Blanca da prioridad a América Latina. En este tema, no es mucho realmente lo que diferencia a Obama de Bush.

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domingo, febrero 08, 2009

AHMADINEJAD Y AMÉRICA LATINA



Publicado el domingo 08 de febrero del 2009
RAFAEL GUARIN

Madrid -- Mientras la Unión Europea hace unas semanas advirtió a Irán que es ''una amenaza inaceptable'' que adquiera capacidad nuclear militar, en América Latina su presidente es recibido con los brazos abiertos y respaldo a su programa atómico. Mahmud Ahmadinejad ha visitado la zona y con la ayuda de Hugo Chávez convirtió Teherán en un lugar de peregrinación para mandatarios de izquierda. La nueva alianza no es episódica, sino un plan de larga duración con condiciones propicias para ser ejecutado, a pesar de los efectos adversos de la caída de los precios del petróleo.

No obstante que los encuentros del presidente iraní y sus homólogos latinoamericanos concluyen con acuerdos en diversas aéreas, la razón de esos acercamientos es estrictamente política y militar. Chávez lo ilustró al decir en julio de 2006 que ''la revolución bolivariana es hermana de la revolución islámica''. No hay duda de que trabajan en la creación de una coalición sobre supuestos que comparten: la retórica antiimperialista y el sentimiento antinorteamericano. Ahmadinejad y Chávez se las arreglaron para imponer esas coincidencias sobre los antagonismos de la izquierda y del conservadurismo islámico. ¿Qué coherencia tiene un proyecto político de impíos imbuidos de marxismo y un estado que pretende sustentarse en el Corán? En todo caso, lo que en principio se observó como una extravagancia ''bolivariana'' es hoy punto central en la agenda.

Ambos presidentes emplean sus recursos de poder nacional para expandir su influencia y discurso ''revolucionario''. En enero de 2007 acordaron en Caracas crear un fondo de 2,000 millones de dólares para financiar iniciativas que cobijarían otros países latinoamericanos y africanos. Esta sumatoria de voluntades se profundizará y será de largo aliento con la eventual reelección que a cualquier costo busca Chávez.

Ecuador, Bolivia, Cuba y Nicaragua asumen con igual sentido estratégico que Venezuela el mismo compromiso, finalmente, hacen parte del ''bloque regional de poder'' que lidera Chávez. Rafael Correa regresó a Quito en diciembre pasado después de cinco días en Irán y de dialogar sobre compra de equipos de comunicación, aviones no tripulados, radares y misiles, no sin antes respaldar el programa nuclear que tanta inquietud genera en la Casa Blanca y en Bruselas. Según Correa ''la estrecha colaboración y cooperación entre Irán y Ecuador es irreversible''. En este caso, la nueva Constitución abre el camino para que Correa extienda su mandato y consolidé el lazo con Irán.

Igual periplo cumplió Evo Morales en septiembre. Un año antes Ahmadinejad estuvo en Bolivia y se comprometió con un ''plan de cooperación industrial'' por valor de 1,000 millones de dólares, esta vez el presidente boliviano resaltó que se trata de ''dos países revolucionarios y amigos''. Y fue más allá: ''los esfuerzos de Irán por proveer soporte económico y político ayudarían a la clase trabajadora de América Latina''. La reciente aprobación de la Constitución impulsada por Evo y el comienzo de la transformación de Bolivia en dirección al ''socialismo del siglo XXI'' augura que la relación con Irán se fortalecerá.

Daniel Ortega ha repetido a su manera el discurso de Chávez: las ''revoluciones de Irán y Nicaragua son casi gemelas'' y Cuba le ha ratificado a Irán su oposición a lo que califica como ''presiones y chantajes'' contra el pueblo iraní. Pero Ahmadinejad no se detiene. El 1 de noviembre recibió al canciller brasileño Celso Amorin como primer paso para estrechar vínculos con el gobierno de Lula Da Silva.

Es un error creer que para Irán sólo se trata de romper el aislamiento o para Chávez y sus amigos de mostrar los dientes a Washington. No. Todo esto demuestra la voluntad de construir un bloque antinorteamericano capaz de enfrentar también a Europa. Para el proyecto chavista la UE es también imperialista y para el fundamentalismo islamista no es muy diferente del Satán que ven en EEUU.

La Casa Blanca y los gobiernos democráticos de la región deben darse cuenta de esa realidad geopolítica. Obama quiere un renovado entendimiento con el mundo islámico, pero eso no es suficiente. Es indispensable que supere la indiferencia de su antecesor respecto a los vecinos del sur, que sea capaz de reconocer sus aliados y potenciar las relaciones con los gobiernos que coinciden en la defensa de la democracia liberal. La Unión Europea debe también tener una actitud activa frente a lo que amenaza sus intereses económicos en el hemisferio. La equivocación histórica sería dejar que Chávez goce de una década más de pasividad y que Ahmadinejad, con su apoyo a organizaciones terroristas de Medio Oriente y sus ambiciones nucleares, se convierta en un factor de decisión política en América Latina.

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jueves, febrero 05, 2009

EL PECADO DE RIVERA

Foto de la Revista Cambio www.cambio.com.co

Las directivas del Partido Liberal y “sesudos analistas” están tremendamente indignados por las reuniones de Rodrigo Rivera con el presidente Álvaro Uribe. Creen que por ser miembro del liberalismo no tiene derecho a hablar con el gobierno de temas económicos y de seguridad y que su papel debe estar al lado de su partido y enfrentando a como dé lugar a Uribe. Lo que ha hecho, piensan, merece la condena absoluta y por lo menos el repudio de los liberales.

El verdadero pecado de Rivera es colocar por encima de sus propias aspiraciones una decisión que definirá el futuro de Colombia. O repetimos el péndulo de la seguridad y la retorica de la paz, adoptado por la ineptitud de anteriores gobernantes y por la habilidad de las Farc, o mantenemos una política de firmeza que doblegue su voluntad de lucha y la lleve a un proceso de desarme, desmovilización y reintegración. La guerrilla lo ha dicho varias veces: quiere un gobierno que conduzca al “Socialismo del Siglo XXI” y “proscriba” la Política de Seguridad Democrática. Una determinación sensata es dejar abiertas todas las posibilidades para que ambos propósitos no se cumplan. Eso es lo que le reprochan a Rivera.

No es oportunismo político. Rivera tiene prácticamente asegurada la victoria en la consulta Liberal para escoger candidato presidencial. Pero el problema no es ese. Es de mucho mayor calado que las pequeñas maniobras a las cuales está dedicada la cúpula liberal. Hay que garantizar que la Política de Seguridad Democrática se convierta en una política de Estado y que la utilización de la falacia de nuevos diálogos de paz no haga de las elecciones de 2010 su punto de quiebre. El Partido Liberal no lo entiende. Es incapaz de ver su propia circunstancia, debatiéndose en medio de apologistas del terrorismo tipo Piedad Córdoba o de quienes eligieron a Uribe y después se hicieron sus enemigos políticos, el caso de Rafael Pardo.

Para Pardo su competidor es “muy inconsecuente”, olvidando que en el último congreso Liberal fue precisamente Rivera quien pidió respaldar la Política de Seguridad Democrática, al igual que lo hizo en la consulta liberal de 2006. Lo curioso es que Pardo, siendo un hombre preparado y competente, no es precisamente el mejor ejemplo de consistencia liberal. Fue uno de los principales líderes que eligió en 1998 a Andrés Pastrana en contra de Horacio Serpa. Luego fundó Cambio Radical, más adelante fungió de uribista, ofició de lugarteniente en su campaña presidencial y fue senador ponente de la reelección de Uribe. Al final pidió pista de aterrizaje en el Partido Liberal y ahora posa del más ortodoxo. Cuando Pardo respaldaba al gobierno que le entregó el Cagúan a las Farc, Rivera hacía en 1999 el primer debate parlamentario denunciando las atrocidades de la guerrilla en la zona de distensión.

Es la misma inconsistencia que demuestran cuando proponen una consulta entre partidos para escoger un solo candidato de oposición. Además del antiuribismo cerrero, ¿qué de común tiene el Liberalismo con el Polo Democrático o con el Partido Comunista? ¿Cómo pretenden meter en un mismo saco a Vargas Lleras y a Lucho Garzón? Es evidente que lo que menos hay en esas propuestas son convicciones.

Pero de todo esto lo más sorprendente es que mientras se persigue y recrimina a Rivera se admite la relación de Piedad Córdoba con el cartel de las Farc. La decisión del Fiscal General, Mario Iguarán, de enviar pruebas a la Corte Suprema de Justicia para que la investiguen por presuntos vínculos con esa organización terrorista no hecho pestañear a César Gaviria. En abril de 1995, cuando Piedad integraba la DLN, el fiscal Valdivieso hizo exactamente lo mismo que Iguarán respecto a los congresistas vinculados con el cartel de Cali. La respuesta fue cuestión de horas. Al día siguiente estaban suspendidos del Partido Liberal. En este caso no. Para Gaviria, Pardo y otros liderazgos menores es más cuestionable pretender que la Política de Seguridad Democrática sea una política de Estado que ser estafeta de las Farc.

Por otro lado, el liberalismo no es la DLN, tampoco los congresistas, mucho menos lo que queda de diputados, concejales, alcaldes y el reducido número de gobernadores. Esa es la destartalada estructura de la cual desconfían los ciudadanos. El Liberalismo está por fuera de esa máquina electoral. Si el ex presidente Gaviria reflexionara sobre las encuestas que la propia DLN contrata, se percataría que en 2005 era ya evidente que cerca del 60 por ciento de los ciudadanos que decían pertenecer al Partido Liberal respaldaban a Uribe. Esa cifra diez días antes de las elecciones presidenciales del año siguiente era de 70 por ciento. Eso no ha cambiado, entre otras cosas porque a Uribe lo identifican como liberal y están satisfechos con su gestión.

¿En esas condiciones para qué estar en el Partido Liberal? La mejor decisión que puede tomar Rivera es no ceder ante las presiones y chantajes, profundizar contra viento y marea su cruzada por la sostenibilidad de la Seguridad Democrática y dejar que el partido siga su curso, el cual puede incluir que Piedad Córdoba derrote a Rafael Pardo en la Consulta Popular. Al fin y al cabo, la inmensa mayoría de los liberales y el conjunto de la sociedad están por fuera del aparato partidista.


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viernes, enero 02, 2009

"LAS COSAS NO SON COMO PARECEN"

El Nuevo Herald - Miami / Publicado el 2 de enero de 2009

RAFAEL GUARIN


Madrid -- El ''intercambio epistolar'', en el cual han involucrado a más de un ingenuo de buena voluntad, no es más que una nueva operación psicológica y política concebida de acuerdo a los intereses y estrategia de las FARC. La liberación de la ignominia del secuestro de cuatro miembros de la fuerza pública y de dos políticos por parte de la guerrilla debe celebrarse, no así la forma en que ésta se producirá.

Al igual que hace un año, el anuncio de liberaciones no es un acto humanitario, ni un éxito de quienes posan de intermediarios. Las cosas no son como parecen y mucho menos cuando se trata con maestros de la simulación y la mentira. Detrás hay una perversa maniobra orientada a crear un clima favorable a las pretensiones de las FARC y que hace parte de la calculada respuesta política a los duros golpes recibidos.

Lo confirman las propias FARC en comunicación de octubre pasado al autodenominado grupo de ''intelectuales'', que Cano bautiza ahora con la consigna de ''Colombianos por la Paz''. En el texto aparece el verdadero objetivo de las viejas y nuevas liberaciones: ''crear condiciones y ambientes propicios'', ¿para qué? No sólo para el ''canje de prisioneros en poder de las partes contendientes'' (en su lenguaje), sino para avanzar en el objetivo que expresan en la carta de la semana pasada: ``Ver florecer un nuevo gobierno que convoque al diálogo de paz''.

A partir del secuestro, el espanto que genera la deplorable situación de las víctimas, el empleo de la propaganda y la ayuda de políticos nacionales y extranjeros, las FARC pretenden modificar la conducta de una sociedad que masivamente las condena. Es la aplicación de las enseñanzas de los terroristas anarquistas del siglo XIX. Joseph Conrad lo describe en boca de Osiipon: ''Lo único que importa es el estado emocional de las masas. Sin emoción no hay acción'' y esa acción, en este momento, es conseguir que los ciudadanos cambien el respaldo a una política de firmeza estatal por un gobierno que les reconozca el carácter de ''actores políticos'' y promueva la negociación. Es un esfuerzo por regresar al ``dialoguismo''.

El intercambio epistolar no es más que una renovada y más fina versión de la película que montaron Hugo Chávez, Piedad Córdoba y las FARC el año pasado. Los mismos actores y la excusa humanitaria sirviendo de treta. ¿Por qué insisten? Porque además de lo anterior la guerrilla para sobrevivir requiere con urgencia recuperar legitimidad política, paliar los efectos negativos del secuestro, dividir una sociedad unida contra el terrorismo y posibilitar la actuación de gobiernos amigos en la región. Cano lo reconoce sutilmente al recomendar ``tener en cuenta la manifiesta disposición de la gran mayoría de presidentes latinoamericanos para contribuir con sus esfuerzos en el proceso de intercambio humanitario y paz''.

Tan preparada está la actuación que a la primera carta de los supuestos ''intelectuales'' las FARC respondieron presurosamente, luego se promovió que todo el que quisiera escribirle a la guerrilla pidiéndole que cese los secuestros pudiera hacerlo. ¿Quién se negaría a pedirle que termine los crímenes de lesa humanidad? El portal de internet del Movimiento Bolivariano y el de las FARC inmediatamente se unieron, al igual que los integrantes del Partido Comunista Clandestino y la Coordinadora Continental Bolivariana. Era previsible. La guerrilla concibió hace más de una década el ''intercambio humanitario'' como un instrumento de agitación y movilización de masas.

Esta trampa lo que busca es allanar los obstáculos para avanzar en el reconocimiento de beligerancia. También legitimar el secuestro con el argumento de un conflicto armado no internacional. Los medios de comunicación no informaron que el Secretariado ratificó a los ''intelectuales'' que seguirán secuestrando. ¡Eso sí, para las FARC, los ''intelectuales'', un sector del Liberalismo y el Polo Democrático Alternativo los secuestrados no son secuestrados! Los policías y militares son ''prisioneros de guerra''. Otros son deudores morosos de las FARC porque no pagan las extorsiones, que tampoco son extorsiones sino impuestos revolucionarios. Y los políticos son retenidos por el reclamo del pueblo y por defender la Constitución de 1991. ¡Bonita forma de acabar con el secuestro disfrazándolo y optando por su legalización! En conclusión, el ''intercambio epistolar'' no sólo es un salvavidas para los farianos sino uno de los medios con los que buscan recuperar lo perdido en el terreno militar y político, al tiempo que contribuir a que escale la violencia y el secuestro. Evidentemente, las cosas no son como parecen.

jueves, diciembre 18, 2008

"LA GUERRA POR AMÉRICA LATINA"





EL NUEVO HERALD - 18 de diciembre de 2008

RAFAEL GUARIN

Madrid -- ¿Podría América Latina ser un escenario de confrontación geopolítica capaz de amenazar la seguridad y la paz internacionales? Si bien el acceso a recursos energéticos concentra la atención en el Oriente Medio, el Cáucaso y el centro de Asia, paulatinamente Latinoamérica se está convirtiendo en otro punto de puja. Los titulares de las últimas dos semanas testimonian una agenda de acuerdos y consolidación de alianzas: el presidente ruso Dimitri Medvedev visitó Perú, Brasil, Venezuela y Cuba, mientras que en Teherán se reunieron Rafael Correa y Mahmud Ahmadineyad.

Estas relaciones no deberían inquietar si no se inspiraran en la máxima de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Basta revisar las declaraciones de las últimas semanas para comprobarlo. El presidente Correa dijo que su ''intención en las relaciones estratégicas con Irán es promover una verdadera identidad con el Ecuador'' y ''conseguir la independencia de Estados Unidos''. En otras palabras: sellar una alianza para enfrentar un enemigo común. A Correa no le importa que el gobierno fundamentalista de Ahmadineyad quiera ''borrar a Israel del mapa'' y que la comunidad internacional lo perciba como potencial peligro nuclear. Tampoco que tenga relaciones con grupos terroristas del Medio Oriente, al fin y al cabo, él mismo las ha mantenido con las FARC. Su visita, por el contrario, derivó en cooperación militar, compra de armamento a Irán y apoyo a su programa nuclear.

Pero la cercanía de Irán se extiende particularmente a los países que integran el bloque de la revolución bolivariana. Chávez ha servido de base de operaciones para que en América Latina Ahmadineyad abra camino con sus petrodólares. Paralelamente penetra Hezbolá. El mensaje de felicitación de Nawaf Musawi, encargado de ''relaciones exteriores'' del grupo terrorista, al camarada Chávez, con ocasión de las elecciones regionales, es clarísimo: ``Dicha victoria refleja la gran confianza del pueblo venezolano en la lucha contra la hegemonía estadounidense''.

Por otro lado, la gira de Medvedev y los ejercicios militares conjuntos en el mar Caribe obedecen a una lógica similar. Las relaciones de Rusia y Estados Unidos han venido deteriorándose desde que se hizo pública la iniciativa Bush del escudo antimisiles y se agravaron con el apoyo a la independencia de Kosovo, la guerra en Georgia y la presencia militar norteamericana en su área de influencia. La rivalidad entre ambas naciones es inevitable en la medida que Rusia pretende ocupar el espacio de poder perdido con la disolución de la URSS y la Casa Blanca quiere mantener la unipolaridad.

El gobierno venezolano aprovecha las contradicciones para hacerse con un aliado y construir una política de disuasión ante una eventual intervención militar estadounidense. Podrá sonar fantástico, pero toda su política de seguridad y defensa nacional está diseñada sobre esa hipótesis de guerra. No en vano el ministro de Defensa, general Gustavo Rangel, agradeció a Rusia ''la voluntad política de apoyarnos y cooperar con nosotros, con miras a garantizar nuestra seguridad y soberanía''. Esa voluntad se constató durante el 2005 y el 2007 en contratos suscritos por Caracas y Moscú, por $4,400 millones para abastecer de armas a Chávez.

El presidente ruso es consciente del valor estratégico de América Latina: ''Es una región de rápido desarrollo, en la que se concentran importantes recursos tanto intelectuales como naturales'' y ''habitan pueblos que desean cooperar con Rusia''. Que no quede duda, los rusos y los iraníes llegaron para quedarse.

Un tercer país que juega duro en la región, pero con estilo muy diferente, es China. Tiene acuerdos de libre comercio con Chile y Perú y el próximo 19 de enero comienza negociaciones con Costa Rica. A su favor cuenta la irresistible atracción de un mercado de 1,300 millones de consumidores y que sabe colocarse por encima de reyertas ideológicas regionales.

Lo sorprendente es que todo esto no es suficiente para que el gobierno de Bush despierte. Su posición fue minimizar la presencia militar rusa, la misma que durante los últimos años aplicó a la revolución bolivariana y que terminó por facilitar la elección de gobiernos encabezados por populistas y extremistas antinorteamericanos. Esperemos que el presidente Barack Obama lo corrija. América Latina no es sólo un mercado, sino una zona estratégica para la seguridad de los Estados Unidos. Minimizar los alcances de una alianza entre Venezuela, Irán y Rusia puede tener efectos impredecibles para la seguridad y la paz internacionales en el mediano y largo plazo.

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lunes, noviembre 24, 2008

"OBAMA Y EL APOYO A COLOMBIA"




Publicado en El Nuevo Herald - Miami / lunes 24 de noviembre de 2008

La victoria de Barack Obama es una oportunidad para que Colombia continúe avanzando hacia la paz. Desde 2002 el trabajo conjunto de las administraciones Bush-Uribe permitió recuperar la seguridad en casi la totalidad del territorio. Este no es únicamente mérito de los republicanos, sino resultado de una estrategia bipartidista diseñada bajo el liderazgo demócrata de Bill Clinton.

Luego de diez años la estrategia resulta insuficiente y requiere ajustes. Continuar ese mismo esquema de cooperación posibilita seguir la reducción de guerrillas y bandas del narcotráfico, pero no garantiza la sostenibilidad de los logros a largo plazo. La guerra irregular puede nuevamente tomar impulso a menos que se construya el estado de derecho y legitimidad en las zonas donde están enquistados los grupos que la adelantan.

Además, no hay duda de que la penetración de la mafia en unidades militares y su alianza con sectores políticos desvía y desvirtúa la ayuda estadounidense. Tampoco que las violaciones de derechos humanos, por parte de corruptos miembros del ejército, son incompatibles con el fortalecimiento de la democracia que está en la justificación del Plan Colombia.

La llegada de Obama a la Oficina Oval despertó una ola de entusiasmo entre quienes rechazan el apoyo militar a Colombia. Muchos señalan que es el fin de la ''salida guerrista'' y de la política de seguridad democrática. La guerrilla aspira a que el nuevo gobierno demócrata elimine esa ayuda y presione a Uribe a negociar. Las FARC piensan que eso les da legitimidad política y les posibilita ser interlocutor de gobiernos y partidos, remover los obstáculos que le dificultan obtener el estatus de beligerancia y progresar en el proyecto farchavista. Algunas ONGs están en el mismo juego.

Probablemente el presidente Obama y su equipo asesor midieron las consecuencias de ese camino: incremento del tráfico de drogas, aumento de la violencia guerrillera, deterioro progresivo de la capacidad de respuesta de los organismos de seguridad y de la propia maniobrabilidad política del gobierno colombiano y crecimiento de bandas emergentes, entre otras. En su conjunto, la debacle de las instituciones democráticas con la reedición de la táctica del diálogo al servicio de la estrategia de guerra, la misma que narra Fidel Castro aplicaron las FARC en el Caguán.

Las cosas no serán así. A pesar de sectores demócratas que propugnan por un giro radical en la relación con el gobierno Uribe, lo cierto es que Obama tiene decidido cómo actuar. En mayo pasado, en un discurso en Miami, indicó: ''Apoyaremos totalmente la lucha contra las FARC. Trabajaremos con el gobierno para acabar con el régimen del terror de los paramilitares. Respaldaremos el derecho de Colombia de atacar a los terroristas que buscan santuario en otros países y haremos que se aclare cualquier apoyo que otros vecinos estén dando a las FARC''. Y no puede ser de otra manera. Lo adecuado es mantener el apoyo militar y político, elevar las exigencias en materia de respeto a los derechos humanos y reclamar transparencia a gobiernos involucrados con esa organización.

Por otro lado, después de conseguir la seguridad en regiones que hace una década estaban bajo dominio guerrillero y paramilitar, el reto es lograr el respaldo ciudadano que en muchas de ellas es esquivo. Eso hace conveniente repensar el Plan Colombia y enfatizar la intervención económica y social para consolidar territorios, ganar legitimidad y construir instituciones, cuidando de no afectar la ayuda militar.

Al parecer, según palabras de Frank Sánchez, asesor para América Latina en su campaña, esa será la directriz: ''Bajo una administración de Barack Obama el Plan Colombia va a seguir''. Dice que el nuevo presidente quiere agregar más fondos, ''específicamente para reforzar instituciones que fortalecen la democracia, la justicia y el desarrollo económico''. Sánchez aclaró la posición del nuevo presidente al señalar que ''él ha apoyado fuertemente al presidente Uribe en su lucha contra las FARC, hasta fue uno de los únicos políticos en Estados Unidos que apoyó al gobierno de Colombia y a Uribe mismo'', refiriéndose al ataque del ejército colombiano a un campamento guerrillero en territorio ecuatoriano. ''Ni Bush habló tan abiertamente apoyando a Uribe'', concluyó.

Si Obama concreta estos anuncios, lejos de debilitar la política de seguridad democrática avalará su sostenimiento, la mejor contribución que puede hacer a la paz de Colombia. También es oportuno que el apoyo de Estados Unidos a futuros diálogos se condicione a la decisión de las guerrillas, desde el principio y de forma irreversible, de entregar las armas y desmovilizarse. Y, segundo, a que se respeten los derechos de las víctimas de las FARC y el ELN a la verdad, la justicia y la reparación.

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viernes, noviembre 07, 2008

EL NARCOMILITARISMO

PUBLICADO EN EL NUEVO HERALD DE MIAMI - 7 DE NOVIEMBRE DE 2008

Hace 14 meses, en esta columna, denunciamos que ''sectores de las fuerzas militares y de policía en Colombia no sólo son infiltrados por la delincuencia, sino que son la delincuencia misma''. Estábamos en lo cierto. El propio presidente Alvaro Uribe, al relevar de su cargo por negligencia a 27 oficiales y suboficiales, aceptó que existe una confabulación orientada a aparentar que se combate a las bandas armadas del narcotráfico cuando en realidad se garantiza su operación.

Se trata de un espantoso triángulo criminal que conforman miembros de la fuerza pública, las FARC y grupos ilegales como los de el Loco Barrera, Cuchillo, Don Mario, las Aguilas Negras o la Organización Nueva Generación. Antiguos paramilitares son socios de cuadrillas guerrilleras dedicadas por completo al narcotráfico. Hay una distribución del trabajo: unos prestan seguridad a los cultivos de coca y a los laboratorios, mientras otros se encargan de las rutas de exportación del alcaloide. Por esa vía, la protección que militares y policías corruptos otorgan a las bandas criminales termina extendiéndose a las FARC. ¡Inadmisible!

En el caso de Ocaña hay muchas contradicciones, mentiras, tergiversaciones y asuntos sin aclarar. Hubiera sido sano esperar el resultado de las investigaciones judiciales para no desconocer la presunción de inocencia. Aun así, el reconocimiento que hace el gobierno es suficiente para afirmar que el principal desafío que tiene la continuidad de la política de seguridad democrática es enfrentar la descomposición de sectores de las fuerzas militares y de policía.

Las denuncias no son nuevas, lo nuevo es la severidad con la cual actuó el gobierno. Una fuerte reacción ante graves irregularidades debió darse mucho antes. En otro artículo de 2006, ante la evidente infiltración de carteles de la droga, pedíamos que se revisaran ''los mecanismos de seguimiento y control en el seno del ejército e iniciara una purga integral que no debe quedarse solamente en titulares de prensa que afecten a generales y coroneles''. La propia Oficina del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos desde 2004 alertó sobre la muerte de civiles a manos de miembros de la fuerza pública, sin embargo tan sólo el año pasado el Ministerio de Defensa tomó cartas en el asunto.

Es factible que en la reacción del gobierno haya cierto tufillo de ''efecto Obama''. En un momento en que se perfilaba ya para suceder a George W. Bush, que los demócratas critican las violaciones a los derechos humanos y mantienen en suspenso la aprobación del tratado de libre comercio con Colombia, resultaba nefasto quedarse con los brazos cruzados.

Pero no son suficientes las destituciones, ni la renuncia del general Mario Montoya, comandante del ejército, tampoco la retórica gubernamental de ''eficacia con transparencia''. Ante la comunidad internacional se necesita mucho más que movimientos audaces, espectáculos mediáticos, directivas ministeriales o discursos. El gobierno tiene que ser consciente que acaba de explotar en su cara un tema que puede dar al traste con los esfuerzos de los últimos diez años y que le cae de perlas a la estrategia de las FARC.

El narcomilitarismo golpea la legitimidad de la seguridad democrática y puede colapsarla. La guerrilla tiene por lo menos tres cartas: apuesta a la vía electoral para lograr un giro político que implique su desmonte, aspira a que un gobierno demócrata presione a Uribe para que caiga en la trampa de negociar con las FARC y busca agotar la capacidad de las fuerzas militares cercenando su fuente de recursos. Esta es la mejor oportunidad para hacerlo. Al fin y al cabo, si usted fuera congresista estadounidense se cuestionaría sobre el destino de los impuestos que pagan los ciudadanos. No es posible que a través del Plan Colombia se financien unidades militares convertidas en brazos armados de la mafia y en cómplices de grupos calificados como terroristas por el Departamento de Estado.

La campaña por la eliminación de la ayuda militar a Colombia toma un nuevo impulso. La semana pasada Amnistía Internacional pidió que se retirara ese apoyo. A eso se suma la izquierda internacional que cree que las FARC no son una organización terrorista y que sus demandas son legítimas. La paradoja es que el principal empujón lo ha recibido del ejército a través de una minoría de putrefactos militares.

Una nueva visión más integral del Plan Colombia es necesaria. Es conveniente que los demócratas eleven las exigencias en materia de respeto a los derechos humanos sin caer en el error de su desmonte. Hacerlo sería dar una victoria decisiva al cartel de las FARC y a las bandas criminales de la mafia, verdugos no sólo de Colombia, sino de la sociedad norteamericana.

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viernes, octubre 31, 2008

CONCIERTO PARA DELINQUIR

COLUMNA PUBLICADA EL 24 DE AGOSTO DE 2007
EN EL NUEVO HERALD DE MIAMI


RAFAEL GUARÍN

El gobierno y el Congreso estadounidenses deben preguntarse lo mismo que millones de colombianos. ¿Por qué el narcotráfico no disminuye después de siete años de Plan Colombia y de fortalecimiento de la fuerza pública? La respuesta comienza a conocerse con la orden de captura de 13 oficiales de las fuerzas militares por relaciones con el narcotráfico.

En mayo del año pasado con ocasión del asesinato del mejor grupo antinarcóticos de la policía a manos de soldados, en una columna encendimos las alarmas sobre el peligro de la corrupción para la política de seguridad democrática. Propusimos que, ''con una óptica de prevención'', se hiciera un estudio detenido de las vulnerabilidades de las fuerzas armadas en los enclaves regionales del narcotráfico y del paramilitarismo, se revisaran los mecanismos de seguimiento y control en el seno del ejército y se iniciara una purga integral.

Nada de eso se ha hecho y la crisis se torna estructural mientras el gobierno insiste en que se trata de casos aislados, a pesar de que son oficiales de alto rango quienes colocan a cientos de hombres bajo sus órdenes al servicio de la mafia, lo que explica, entre otras cosas, la inefectividad de las recompensas para encarcelar a los capos.

La realidad, por dura que sea, es que sectores de las fuerzas militares y de policía no sólo son infiltrados por la delincuencia, sino que son la delincuencia misma. De tratos esporádicos pasaron a socios de los carteles de drogas. Eso explica la conducta de coroneles involucrados en el Valle del Cauca con alias Don Diego, los bajos resultados en su área de operación y que las acciones en su contra se tuvieran que adelantar con policías provenientes de Bogotá.

Nada valdrá haber invertido (hasta 2005) en el Plan Colombia 10,732 millones de los cuales 3,782 fueron contribución de Estados Unidos, como tampoco servirá aumentar en 2008 el presupuesto militar en 163%, si no se depuran los cuerpos armados. ¿Cómo reducir el narcotráfico si los impuestos de los colombianos y la ayuda norteamericana termina financiando unidades militares sometidas a los narcos? ¿Será que a estos hombres les importa derrotar a las FARC y capturar a los traficantes cuando de ellos depende enriquecerse?

Es apremiante fortalecer el control civil sobre el aparato militar. Da la impresión de que el problema se dejó a la milicia, que tiende a tapar y tapar. El gobierno y el Congreso no ejercen rigurosa vigilancia. La comisión parlamentaria encargada del tema, lo recuerda el ex consejero presidencial de seguridad Armando Borrero, reacciona únicamente ante escándalos, no hace control permanente, se limita a aprobar ascensos, no examina el presupuesto militar ni su ejecución y carece de especialistas en la materia. Una buena idea es incorporar a inspectores civiles en las fuerzas con independencia de la línea de mando.

Conviene también replantear decisiones gubernamentales que pusieron a los militares al alcance del narcotráfico. Por ejemplo, al Consejo Nacional de Estupefacientes se le ocurrió en 2002 la genial idea de responsabilizar en los departamentos de mayor producción de cocaína a las fuerzas militares de la fiscalización de sustancias, como gasolina y querosén, que son utilizadas para la producción de alucinógenos.

Esto llevó a que tropas con años de entrenamiento, en vez de combatir las guerrillas se distraigan extorsionando a ciudadanos que comercian legalmente con tales productos. Así lo denunció FEDISPETROL, que no es de la oposición, en febrero de 2005, a los ministros del Interior y Defensa y al comandante del ejército. Nunca hubo respuesta.

Pero, al igual que en la ley de Murphy, todo puede empeorar. Ahora se dice, en voz baja, que en esas zonas los insumos siguen entrando y toneladas de coca salen con la complicidad de miembros de las fuerzas armadas. ¡Lo que nos faltaba! El cobro de peajes o ''gramaje'' que efectúan a narcotraficantes las guerrillas y los paramilitares parecen repetirse por parte de pútridos militares.

Y, finalmente, qué bueno sería que Estados Unidos comience a pedir en extradición a los militares socios de los narcos. No puede dudarse del heroísmo y la honestidad de miles de integrantes de las fuerzas armadas. Precisamente, para honrar su sacrificio y el de la sociedad, son necesarias las correcciones y evitar así que al final de este gobierno sea la corrupción interna la que derrote la política de seguridad democrática.