miércoles, marzo 11, 2009

¿ACASO EL 11M NO SE FIJÓ EN BRUSELAS?



FERNANDO REINARES
11/03/2009
EL PAIS - Madrid.


Los atentados de Madrid no fueron obra de una célula local de inmigrantes magrebíes radicalizados. Hay múltiples evidencias de que detrás hubo una trama 'yihadista' internacional vinculada a Al Qaeda


En Bruselas, sí. No en el barrio de Lavapiés ni en Morata de Tajuña. Fue cuando, casi cinco meses antes de que se produjeran los atentados de 2004 en Madrid, alguien adquirió una tarjeta prepago y facilitó para ello una serie de datos falsos, entre los que figuraba como fecha de nacimiento la del 11 de marzo de 1921.

Es significativo que en la azora 21 del Corán pueda leerse: "Si los infieles conocieran el momento en que no podrán apartar el fuego de sus rostros, ni de sus espaldas...". Además, dicha compra, y por tanto la fijación del 11-M, tuvo lugar el 19 de octubre de 2003. Al día siguiente -ni uno antes, ni uno después- de que un canal qatarí de televisión emitiese un vídeo en el que Osama Bin Laden amenazaba a varios países occidentales, mencionando de manera expresa a España. Una circunstancia asimismo muy reveladora.

Importa aclarar que la aludida tarjeta prepago estaba inserta en el terminal de telefonía móvil encontrado en el dormitorio de la vivienda en que residía -insisto, en Bruselas- Youssef Belhadj, actualmente condenado a 12 años de prisión.

Constato de manera habitual que la inmensa mayoría de los asistentes a conferencias y seminarios en los que se habla del tema desconoce tanto ésas como otras evidencias fundamentales acerca de los terroristas que intervinieron en la planificación y ejecución del 11-M. Quizá por haber estado durante largo tiempo enredados en un debate excéntrico, elucidando si ETA estaba o no implicada en esos trágicos hechos, ha pasado desapercibido lo que los atentados de Madrid indican sobre la configuración del terrorismo global tras los del 11-S en Nueva York y Washington, o sobre la evolución de la amenaza que continuamos afrontando.

Cinco años después, mi impresión es que gran parte de los españoles sigue pensando que lo sucedido aquel infame día en los trenes de cercanías que circulaban hacia la estación de Atocha fue obra de una pequeña célula, constituida de manera espontánea y formada por inmigrantes magrebíes mal adaptados a nuestra sociedad, radicalizados a sí mismos y sin conexiones internacionales de importancia. Pero las cosas no son así.

En primer lugar, entre los implicados en los atentados del 11-M hay varios individuos, como Jamal Zougam y Serhane Ben Abdelmajid Fhaket, El Tunecino, o el huido Said Berraj, que estuvieron integrados en la célula de Al Qaeda establecida en España a inicios de los noventa o mantenían estrechos vínculos con su dirigente, hoy en prisión, Abu Dahdah. Éste quedó al frente de la célula cuando el más notorio de sus fundadores, Abu Musab al Suri, dejó Madrid para trasladarse primero a Londres, donde desarrolló labores doctrinales junto a Abu Qutada, y luego a Afganistán, donde en 1996 era ya miembro del círculo inmediato de Osama Bin Laden.

Esa célula fue sustancialmente desmantelada por la policía en el otoño de 2001, al constatarse su trabazón con la de Hamburgo, la de los suicidas del 11-S, alguno de los cuales estuvo poco antes en nuestro país. Ni aquellos tres individuos ni otros cercanos a ellos encajan en el perfil propio de unos terroristas que constituyen su propia célula local e independiente de manera espontánea, una vez radicalizados a sí mismos.

Al aproximarnos a la identidad de los condenados en sumarios abiertos por los atentados de Madrid se distinguen, en segundo lugar, dos destacados miembros del Grupo Islámico Combatiente Marroquí (GICM), formado hacia 1993 en Peshawar, Pakistán, y afiliado con Al Qaeda. En su campo de adiestramiento de Jalalabad, Afganistán, se enseñaba a utilizar móviles en explosiones simultáneas. A inicios de 2002, esa organización terrorista y otras dos norteafricanas de la misma orientación -como el Grupo Islámico Combatiente Libio (GICL), alguno de cuyos notables entró en contacto con uno de los terroristas de Madrid- acordaron atentar en los países de donde procedían sus integrantes o en los que residieran.

Los atentados de Casablanca se produjeron en mayo de 2003 y los del 11-M en Madrid, diez meses después. Las redes terroristas de ambos casos se solapan parcialmente. Hassan el Haski, condenado aquí a 14 años, lo ha sido a 10 por lo ocurrido en aquella ciudad marroquí. Ningún miembro del GICM es, por definición, componente de una célula local surgida espontáneamente y carente de conexiones internacionales.

En tercer lugar, envuelto en el 11-M encontramos a un antiguo militante de la Yihad Islámica Egipcia (YIE), que en 2001, siendo su líder Ayman al Zawahiri, el actual lugarteniente de Osama Bin Laden, se fusionó con Al Qaeda. Hablo de Rabei Osman Es Sayed Ahmed, Mohamed el Egipcio, un notorio emprendedor de iniciativas a favor de Al Qaeda y el terrorismo global desde 1999 en Alemania, Francia, Italia, Bélgica y España, donde están acreditados sus ligámenes con algunos de quienes cometieron los atentados de Madrid. Por estos hechos fue condenado en Italia a ocho años de prisión.

Una investigación del Federal Bureau of Investigation (FBI) estadounidense, solicitada por las autoridades italianas, puso de manifiesto que, el 4 de febrero de 2004, es decir, cinco semanas antes del 11-M, El Egipcio activó por primera vez la dirección de correo electrónico que utilizaba normalmente, introduciendo en el formulario de registro un nombre imaginario, con domicilio ficticio y supuestamente nacido el 11 de marzo de 1970. Ocurrió en Milán. No en el barrio de Lavapiés ni en Morata de Tajuña.

Ciertamente, si repasamos el listado de cuantos han sido condenados por los atentados del 11-M o se suicidaron en Leganés el 3 de abril de 2004, hallamos unos cuantos marroquíes, originarios de ciudades como Tánger y Tetuán, inmersos en la delincuencia común y el narcotráfico, liderados por Jamal Ahmidan, El Chino.

Pero fueron expresamente movilizados para participar en los atentados y no constituyeron célula alguna de manera espontánea ni se radicalizaron solos. En cualquier caso, los rasgos comunes a estas personas son relativamente distintivos respecto al conjunto de quienes participaron en los atentados de Madrid y no debe tomarse esta parte por un todo más diverso. A la hora de explicar el amalgamiento de esos individuos caracterizados por su previa trayectoria delictiva con otros inmersos desde hacía mucho tiempo en grupos y organizaciones terroristas afines a Al Qaeda, dentro y fuera del territorio español, es preciso aludir a ligámenes afectivos de amistad, vecindad o parentesco que vinculaban entre sí a no pocos de estos terroristas.

A todo ello debe añadirse que Al Qaeda se hizo responsable de los atentados mediante un comunicado enviado el mismo día por las Brigadas de Abu Hafs al Masri al periódico en lengua árabe que es su destinatario habitual desde hace más de una década, donde fue validado.

Los escondidos en el piso de Leganés siguieron las directrices transmitidas posteriormente con esa rúbrica. Sin olvidar que, según todo indica, los terroristas del 11-M huidos recibieron ayuda no sólo del GICM, sino de Ansar al Islam y el entramado de Al Qaeda en Irak. Alguno de ellos cometió un atentado suicida en este país.

En suma, no parece que los atentados de Madrid fuesen obra de una célula local surgida espontáneamente y formada por un puñado de inmigrantes musulmanes radicalizados a sí mismos. Incluso que el 11-M ocurriese exactamente 911 días después del 9-11 -es decir, el 11-S- resultaría en exceso sofisticado para una camada así. Evidencias como las reseñadas y numerosas otras sugieren una realidad más compleja, que lo es también para una amenaza que persiste.

Fernando Reinares es catedrático de Ciencia Política en la Universidad Rey Juan Carlos e investigador principal de terrorismo internacional en el Real Instituto Elcano. Actualmente prepara un libro sobre el 11-M titulado Operación Trenes de la Muerte.

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viernes, marzo 06, 2009

DE LAS FARC AL POLO


Foto: www.elpais.com.co
Publicado el miércoles 4 Marzo 2009 en SEMANA.COM


RAFAEL GUARÍN

Imaginemos un momento que Carlos Castaño y Salvatore Mancuso hubieran enviado un mensaje público al Congreso de uno de los partidos de la coalición de gobierno o al Partido Liberal. ¿Cuál sería la reacción si además propusieran un acuerdo para cambiar el “régimen” y dicho partido no rechazara la amable invitación? ¿No sería una modalidad similar al Pacto de Ralito entre paramilitares y un grupo de políticos para “refundar el país”?

Pues fue exactamente eso lo que ocurrió la semana pasada con un mensaje del Secretariado de las Farc al Congreso del Polo Democrático Alternativo PDA. Luego de lanzar el infundio de que la Política de Seguridad Democrática es el obstáculo para la “convivencia”, la organización terrorista le señala a ese partido la necesidad de “acuerdos políticos que abran las puertas a un nuevo régimen con capacidad de cimentar la paz democrática”. En otras palabras, le proponen un “pacto” para derrotar la estrategia de seguridad en las urnas y abrirle paso a un gobierno que comparta los criterios farianos.

A pesar que los senadores Iván Moreno, Luis Carlos Avellaneda y Parmenio Cuéllar descalificaron tajantemente la carta de Alfonso Cano, el Congreso del PDA se abstuvo de pronunciarse. En realidad esas declaraciones sirvieron para ocultar que los delegados al Congreso evitaban abordar la propuesta fariana para no introducir un elemento que ahondara la fracturada unidad.

El secretario del Polo, Carlos Bula, sacó la versión que el tema estaba resuelto. Según él, era una “posición de principios” que no admite duda respecto a que ese partido está en contra del secuestro, el terrorismo y la combinación de todas las formas de lucha. Lo que no dijo Bula, es que para el Polo los soldados y policías no son secuestrados sino prisioneros de guerra, por tanto, que los miembros de la fuerza pública pueden seguir siendo raptados por la guerrilla conforme al derecho internacional, lo que no es otra cosa que la legalización del secuestro.

Se le olvidó también decir que desde el punto de vista del PDA las Farc no son terroristas sino un actor político con el cual se debe negociar y conseguir una “salida pacífica”, lo que implica que rechazar al terrorismo no es rechazar a las Farc. Y omitió reconocer que aunque en la retorica repudian la combinación de las formas de lucha, en la práctica el Partido Comunista Colombiano, que controla gran parte del Polo, defiende la “validez de la lucha armada”.

La razón del silencio institucional ante la carta de Cano es la misma que está detrás de los vientos de división que enmarcaron el Congreso del Polo. Los análisis redujeron la actitud de Lucho Garzón y Gustavo Petro a una derrota en el número de delegados, otros lo registraron como resultado de su afán de contemporizar con el “establecimiento”, pero más que esas razones lo que está en el fondo es la influencia que ejerce cada vez más las Farc en el PDA.

En septiembre pasado Petro dijo: “Hay una campaña soterrada de las Farc por sacar a Petro y a Lucho del Partido. Sería conveniente que todos los militantes del Polo no cayeran en esa trampa”. Nadie dijo nada. El repudio que ambos despiertan en sectores extremistas obedece a que descalifican la acción violenta y se niegan a concederle legitimidad a la guerrilla, mientras que los legitimadores de las Farc los acusan de uribistas, escudándose en los mitos farianos, la teoría de las causas objetivas de la violencia y la existencia de un supuesto “conflicto social y armado”.

Los agentes farianos, camuflados de dirigentes políticos y sociales, se mueven al interior del Polo y del Partido Liberal para ejecutar la estrategia planteada en diversos documentos internos. No hay que esforzarse mucho para saber la filiación política de Fensuagro y de Efraín Mendoza Gamba, “dirigente social” capturado en el campamento guerrillero del ‘Negro Antonio’. Según el Manifiesto de las Farc del 1 de octubre de 2007 el objetivo táctico es la “creación de una alternativa para el cambio, surgida de un Gran Acuerdo Nacional por la Paz” y un gobierno que “tome la decisión de regresar las tropas a sus cuarteles”.

Como lo señaló Petro, en la carta del Secretariado hay una “intención integral de incidir en la política del Polo Democrático”. Ante esa situación lo que se espera es un profundo y contundente rechazo del Partido como tal, no declaraciones aisladas de sus miembros. Si la izquierda no se blinda y deslinda sin ambigüedades del acecho terrorista y se depura de farcpolíticos, nunca llegará al poder. En ese propósito hay que estar del lado de Petro y de Lucho.

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domingo, marzo 01, 2009

MUERTE DE REYES DEJÓ EN EVIDENCIA VÍNCULOS POLÍTICOS DE LAS FARC



EL UNIVERSAL
Caracas - Venezuela
1 de marzo de 2009


Corre un año de la muerte del segundo líder de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), Raúl Reyes, en un bombardeo en territorio ecuatoriano. Más allá de ese hecho que dividió la historia de la mayor guerrilla de América Latina en un "es posible y no imposible" aniquilarlas, los computadores que se hallaron en el campamento rebelde evidenciaron hasta qué punto gobiernos extranjeros han colaborado con este grupo armado para obtener réditos.

Las evidencias descubiertas en el computador de Reyes mostraron que las FARC buscaban, con ayuda externa, desacreditar al presidente colombiano Álvaro Uribe, armarse y reforzarse, estableciendo nexos con gobiernos como el de Hugo Chávez (Venezuela) y el de Rafael Correa (Ecuador).

Rafael Guarín, experto en materia terrorista y académico de la Universidad del Rosario en Colombia, indica que "aunque debe haber mucho más información, la revelada fue suficiente para visibilizar ante la comunidad internacional la relación FARC-revolución bolivariana y, con ello, hacer más difícil el trabajo que venían desarrollando; lo que no significa que dicha relación se haya terminado".

Pero si Uribe, e incluso la prensa colombiana, guardan silencio con la información de los computadores, es porque el Gobierno está consciente de que Venezuela es fundamental para la economía colombiana.

A pesar de esto, Uribe consiguió lo que deseaba. "El objetivo era evitar que Chávez dispusiera de un grupo irregular en territorio colombiano, asegura Guarín, para construir el bloque regional por el socialismo del siglo XXI".

Y más que eso, los secretos de Reyes "abortaron el reconocimiento de beligerancia a las FARC solicitado por el presidente venezolano y el quiebre de facto de la política de seguridad democrática que ese hecho implicaría", agrega el académico colombiano.

MOVILIZACIÓN CONTRA EL SECUESTRO TUVO EFECTOS



Miércoles 4 Febrero 2009
REVISTA SEMANA

“Las liberaciones unilaterales de secuestrados de comienzos de 2009 son resultado de la movilización nacional contra las Farc del 4 de febrero de 2008”, dijo el senador Gustavo Petro, del Polo Democrático Alternativo, en el Foro SEMANA realizado este miércoles 4 de febrero para conmemorar el aniversario de “la más grande movilización política de la historia de Colombia”, como la calificó el analista Alfredo Rangel, director de la Fundación Seguridad y Democracia.

Ex secuestrados, líderes políticos y académicos coincidieron en que el 4F marcó la irrupción del poder de la ciudadanía, que “se autoconvocó”, en palabras del dirigente liberal Rafael Pardo, en la lucha del Estado contra las guerrillas. “El día que los colombianos le perdimos el miedo a las Farc”. “El día que comenzó la insurrección de la juventud y del país contra el terrorismo”. “El día que despertó la sociedad”. Sin duda, el 4F se ganó un sólido lugar en la conciencia y el imaginario nacional.

Según el columnista Rafael Guarín, “el 4F cerró la etapa del movimiento ciudadano pacifista, que tenía consignas abstractas contra la guerra y por la paz, y abrió una nueva etapa de movimiento civil anti-terrorista, que se pone claramente del lado del Estado”. A este contenido político se refería Alfredo Rangel. Para la senadora Martha Lucía Ramírez lo que sigue es “pulir el diamante en bruto de una sociedad civil activa para evitar que sus manifestaciones se vuelvan episódicas”.

Aunque se reconoció que el nivel de participación en las marchas ha bajado desde la del 4F, Clara Rojas, ex secuestrada, propuso convocar una marcha para dentro de unos meses, pasada la semana santa. Alejandro Santos, director de revista SEMANA, recordó que más allá del poder de las redes sociales en internet y de los medios de comunicación, lo que explica el 4F fue el momento histórico preciso de la rabia de los colombianos con los engaños de las Farc, especialmente en relación con el niño Emmanuel.

De este modo matizó Santos las interpretaciones más entusiastas de la marcha del 4F, y añadió que la ciudadanía parecía haber dado inicio a una “política líquida”, donde las personas se juntas y se disgregan muy fácilmente. Y que, por otro lado, la cultura política maniquea, que sataniza al adversario, seguía impidiendo acuerdos del gobierno y la oposición contra el terrorismo, como el que había propuesto Rafael Pardo, en sintonía con el impacto de la marcha del 4F.

El Foro, organizado por las fundaciones ‘Un millón de voces’ y ‘Unidad Nacional’, creadas por integrantes del grupo de facebook convocante del 4F, en asocio con revista SEMANA, dejó en claro un consenso general sobre la necesidad de doblegar a las Farc para llevarlas a un proceso de negociación política, con el apoyo activo de la ciudadanía: “Ni es viable el exterminio de las guerrillas ni otro proceso como el Caguán”.


domingo, febrero 08, 2009

AHMADINEJAD Y AMÉRICA LATINA



Publicado el domingo 08 de febrero del 2009
RAFAEL GUARIN

Madrid -- Mientras la Unión Europea hace unas semanas advirtió a Irán que es ''una amenaza inaceptable'' que adquiera capacidad nuclear militar, en América Latina su presidente es recibido con los brazos abiertos y respaldo a su programa atómico. Mahmud Ahmadinejad ha visitado la zona y con la ayuda de Hugo Chávez convirtió Teherán en un lugar de peregrinación para mandatarios de izquierda. La nueva alianza no es episódica, sino un plan de larga duración con condiciones propicias para ser ejecutado, a pesar de los efectos adversos de la caída de los precios del petróleo.

No obstante que los encuentros del presidente iraní y sus homólogos latinoamericanos concluyen con acuerdos en diversas aéreas, la razón de esos acercamientos es estrictamente política y militar. Chávez lo ilustró al decir en julio de 2006 que ''la revolución bolivariana es hermana de la revolución islámica''. No hay duda de que trabajan en la creación de una coalición sobre supuestos que comparten: la retórica antiimperialista y el sentimiento antinorteamericano. Ahmadinejad y Chávez se las arreglaron para imponer esas coincidencias sobre los antagonismos de la izquierda y del conservadurismo islámico. ¿Qué coherencia tiene un proyecto político de impíos imbuidos de marxismo y un estado que pretende sustentarse en el Corán? En todo caso, lo que en principio se observó como una extravagancia ''bolivariana'' es hoy punto central en la agenda.

Ambos presidentes emplean sus recursos de poder nacional para expandir su influencia y discurso ''revolucionario''. En enero de 2007 acordaron en Caracas crear un fondo de 2,000 millones de dólares para financiar iniciativas que cobijarían otros países latinoamericanos y africanos. Esta sumatoria de voluntades se profundizará y será de largo aliento con la eventual reelección que a cualquier costo busca Chávez.

Ecuador, Bolivia, Cuba y Nicaragua asumen con igual sentido estratégico que Venezuela el mismo compromiso, finalmente, hacen parte del ''bloque regional de poder'' que lidera Chávez. Rafael Correa regresó a Quito en diciembre pasado después de cinco días en Irán y de dialogar sobre compra de equipos de comunicación, aviones no tripulados, radares y misiles, no sin antes respaldar el programa nuclear que tanta inquietud genera en la Casa Blanca y en Bruselas. Según Correa ''la estrecha colaboración y cooperación entre Irán y Ecuador es irreversible''. En este caso, la nueva Constitución abre el camino para que Correa extienda su mandato y consolidé el lazo con Irán.

Igual periplo cumplió Evo Morales en septiembre. Un año antes Ahmadinejad estuvo en Bolivia y se comprometió con un ''plan de cooperación industrial'' por valor de 1,000 millones de dólares, esta vez el presidente boliviano resaltó que se trata de ''dos países revolucionarios y amigos''. Y fue más allá: ''los esfuerzos de Irán por proveer soporte económico y político ayudarían a la clase trabajadora de América Latina''. La reciente aprobación de la Constitución impulsada por Evo y el comienzo de la transformación de Bolivia en dirección al ''socialismo del siglo XXI'' augura que la relación con Irán se fortalecerá.

Daniel Ortega ha repetido a su manera el discurso de Chávez: las ''revoluciones de Irán y Nicaragua son casi gemelas'' y Cuba le ha ratificado a Irán su oposición a lo que califica como ''presiones y chantajes'' contra el pueblo iraní. Pero Ahmadinejad no se detiene. El 1 de noviembre recibió al canciller brasileño Celso Amorin como primer paso para estrechar vínculos con el gobierno de Lula Da Silva.

Es un error creer que para Irán sólo se trata de romper el aislamiento o para Chávez y sus amigos de mostrar los dientes a Washington. No. Todo esto demuestra la voluntad de construir un bloque antinorteamericano capaz de enfrentar también a Europa. Para el proyecto chavista la UE es también imperialista y para el fundamentalismo islamista no es muy diferente del Satán que ven en EEUU.

La Casa Blanca y los gobiernos democráticos de la región deben darse cuenta de esa realidad geopolítica. Obama quiere un renovado entendimiento con el mundo islámico, pero eso no es suficiente. Es indispensable que supere la indiferencia de su antecesor respecto a los vecinos del sur, que sea capaz de reconocer sus aliados y potenciar las relaciones con los gobiernos que coinciden en la defensa de la democracia liberal. La Unión Europea debe también tener una actitud activa frente a lo que amenaza sus intereses económicos en el hemisferio. La equivocación histórica sería dejar que Chávez goce de una década más de pasividad y que Ahmadinejad, con su apoyo a organizaciones terroristas de Medio Oriente y sus ambiciones nucleares, se convierta en un factor de decisión política en América Latina.

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viernes, febrero 06, 2009

RECOMENDADO: EL CUENTICO DE LA PAZ


PLINIO APULEYO MENDOZA

A un perro, según el dicho popular, no lo capan dos veces. Pero mucho me temo que esa desventura sí le pueda ocurrir a Colombia por cuenta de las seráficas ilusiones de paz que han vuelto a girar en torno al turbante de Piedad Córdoba y a la reciente entrega de secuestrados.

Semejante fábula tiene como sustento la idea equivocada de que las Farc, duramente golpeadas en el último año y ante la inminencia de una total derrota, no tienen más camino que el diálogo. La verdad, sin embargo, es otra. El diálogo que proponen sus eternos compañeros de ruta y los incorregibles ilusos que abundan en nuestro entorno mediático es, por lo pronto, una coartada de 'Alfonso Cano' para recobrar fuerzas, abastecerse, evadir cercos militares y tal vez disponer de un santuario semejante al del Caguán para proseguir su guerra en condiciones más favorables. Jamás ha pensado en desmovilizarse y abandonar su llamado proyecto revolucionario.

Eso en lo inmediato. En una perspectiva más amplia, 'Cano' busca poner en marcha una estrategia política, muy oportuna en tiempos electorales, encaminada a sustituir la mano dura de Uribe por un sucesor que muerda el anzuelo de otro proceso de paz.

¿Qué hilos mueve esa estrategia? Muchos. El más importante de todos es la guerra jurídica. Con ella se busca, por intermedio de agentes o amigos de las Farc infiltrados en la Fiscalía, la Procuraduría y las altas Cortes, abrir procesos contra civiles y militares sin más soportes que endebles y manipulados testimonios, dictar medidas de aseguramiento y dejar, de esta manera, suspendida sobre oficiales de las Fuerzas Armadas la amenaza de una inculpación, si es que deciden adelantar operaciones frontales contra la guerrilla.

El otro hilo, aún más sutil, es el llamado por 'Cano' trabajo de masas, que consiste en movilizar juntas de acción comunal, marchas indígenas y campesinas, paros sindicales, paros judiciales y movimientos de protesta en las universidades, con el fin de crear un clima de agitación y desorden capaz de debilitar al Estado.

Por último, en busca de favorecer alternativas de diálogo opuestas a la política de seguridad democrática, las Farc manejan de manera simultánea dos formas de acción aparentemente opuestas: el terrorismo (bombas en centros urbanos) y supuestos gestos humanitarios con la entrega de secuestrados. Es el viejo truco del garrote y la zanahoria para obtener que una población atemorizada dé una respuesta favorable a lo que engañosamente denominan acuerdo humanitario o conversaciones de paz.

En este contexto, una izquierda, que abarca desde los mamertos de toda la vida hasta aquellos intelectuales que la lucen como una elegante flor en el ojal, sin olvidar a los periodistas internacionales amigos del terrorismo y los infortunados que salen del cautiverio con síndrome de Estocolmo, acaba por ver a Uribe como un Presidente empecinado en la guerra y opuesto a toda tentativa de negociación. Esa engañosa visión la extienden hábilmente los agentes políticos de las Farc a las cancillerías, centros académicos y medios de comunicación de Europa y aun de Estados Unidos.

Quienes vemos con lucidez este nuevo ardid vamos a ser calificados, por supuesto, como derechistas, militaristas y enemigos de la concordia.

El "buenismo" -como se le llama en España- es una enfermedad recurrente de quienes consideran el terrorismo como un desvarío corregible y no como una alienación ideológica que no admite treguas ni apaciguamientos. Por influencia del "buenismo", enquistado en el PSOE, el gobierno español intentó en cierto momento un diálogo con Eta y acabó por comprender su error. ¿Nos ocurrirá lo mismo? ¿Volveremos al cuento de hadas del Caguán? Esperemos que no. Como sea, necesitamos vacunarnos contra ese mal endémico, tan propagado a veces en Colombia, que es simplemente la tontería.

Plinio Apuleyo Mendoza

jueves, febrero 05, 2009

EL PECADO DE RIVERA

Foto de la Revista Cambio www.cambio.com.co

Las directivas del Partido Liberal y “sesudos analistas” están tremendamente indignados por las reuniones de Rodrigo Rivera con el presidente Álvaro Uribe. Creen que por ser miembro del liberalismo no tiene derecho a hablar con el gobierno de temas económicos y de seguridad y que su papel debe estar al lado de su partido y enfrentando a como dé lugar a Uribe. Lo que ha hecho, piensan, merece la condena absoluta y por lo menos el repudio de los liberales.

El verdadero pecado de Rivera es colocar por encima de sus propias aspiraciones una decisión que definirá el futuro de Colombia. O repetimos el péndulo de la seguridad y la retorica de la paz, adoptado por la ineptitud de anteriores gobernantes y por la habilidad de las Farc, o mantenemos una política de firmeza que doblegue su voluntad de lucha y la lleve a un proceso de desarme, desmovilización y reintegración. La guerrilla lo ha dicho varias veces: quiere un gobierno que conduzca al “Socialismo del Siglo XXI” y “proscriba” la Política de Seguridad Democrática. Una determinación sensata es dejar abiertas todas las posibilidades para que ambos propósitos no se cumplan. Eso es lo que le reprochan a Rivera.

No es oportunismo político. Rivera tiene prácticamente asegurada la victoria en la consulta Liberal para escoger candidato presidencial. Pero el problema no es ese. Es de mucho mayor calado que las pequeñas maniobras a las cuales está dedicada la cúpula liberal. Hay que garantizar que la Política de Seguridad Democrática se convierta en una política de Estado y que la utilización de la falacia de nuevos diálogos de paz no haga de las elecciones de 2010 su punto de quiebre. El Partido Liberal no lo entiende. Es incapaz de ver su propia circunstancia, debatiéndose en medio de apologistas del terrorismo tipo Piedad Córdoba o de quienes eligieron a Uribe y después se hicieron sus enemigos políticos, el caso de Rafael Pardo.

Para Pardo su competidor es “muy inconsecuente”, olvidando que en el último congreso Liberal fue precisamente Rivera quien pidió respaldar la Política de Seguridad Democrática, al igual que lo hizo en la consulta liberal de 2006. Lo curioso es que Pardo, siendo un hombre preparado y competente, no es precisamente el mejor ejemplo de consistencia liberal. Fue uno de los principales líderes que eligió en 1998 a Andrés Pastrana en contra de Horacio Serpa. Luego fundó Cambio Radical, más adelante fungió de uribista, ofició de lugarteniente en su campaña presidencial y fue senador ponente de la reelección de Uribe. Al final pidió pista de aterrizaje en el Partido Liberal y ahora posa del más ortodoxo. Cuando Pardo respaldaba al gobierno que le entregó el Cagúan a las Farc, Rivera hacía en 1999 el primer debate parlamentario denunciando las atrocidades de la guerrilla en la zona de distensión.

Es la misma inconsistencia que demuestran cuando proponen una consulta entre partidos para escoger un solo candidato de oposición. Además del antiuribismo cerrero, ¿qué de común tiene el Liberalismo con el Polo Democrático o con el Partido Comunista? ¿Cómo pretenden meter en un mismo saco a Vargas Lleras y a Lucho Garzón? Es evidente que lo que menos hay en esas propuestas son convicciones.

Pero de todo esto lo más sorprendente es que mientras se persigue y recrimina a Rivera se admite la relación de Piedad Córdoba con el cartel de las Farc. La decisión del Fiscal General, Mario Iguarán, de enviar pruebas a la Corte Suprema de Justicia para que la investiguen por presuntos vínculos con esa organización terrorista no hecho pestañear a César Gaviria. En abril de 1995, cuando Piedad integraba la DLN, el fiscal Valdivieso hizo exactamente lo mismo que Iguarán respecto a los congresistas vinculados con el cartel de Cali. La respuesta fue cuestión de horas. Al día siguiente estaban suspendidos del Partido Liberal. En este caso no. Para Gaviria, Pardo y otros liderazgos menores es más cuestionable pretender que la Política de Seguridad Democrática sea una política de Estado que ser estafeta de las Farc.

Por otro lado, el liberalismo no es la DLN, tampoco los congresistas, mucho menos lo que queda de diputados, concejales, alcaldes y el reducido número de gobernadores. Esa es la destartalada estructura de la cual desconfían los ciudadanos. El Liberalismo está por fuera de esa máquina electoral. Si el ex presidente Gaviria reflexionara sobre las encuestas que la propia DLN contrata, se percataría que en 2005 era ya evidente que cerca del 60 por ciento de los ciudadanos que decían pertenecer al Partido Liberal respaldaban a Uribe. Esa cifra diez días antes de las elecciones presidenciales del año siguiente era de 70 por ciento. Eso no ha cambiado, entre otras cosas porque a Uribe lo identifican como liberal y están satisfechos con su gestión.

¿En esas condiciones para qué estar en el Partido Liberal? La mejor decisión que puede tomar Rivera es no ceder ante las presiones y chantajes, profundizar contra viento y marea su cruzada por la sostenibilidad de la Seguridad Democrática y dejar que el partido siga su curso, el cual puede incluir que Piedad Córdoba derrote a Rafael Pardo en la Consulta Popular. Al fin y al cabo, la inmensa mayoría de los liberales y el conjunto de la sociedad están por fuera del aparato partidista.


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viernes, enero 30, 2009

Recomendado ATRAPADOS POR LA "SEGURIDAD HUMANA"


Por Román Ortiz*

Como cualquier otra disciplina, los Estudios Estratégicos y de Seguridad también son víctimas de las modas. Tal fue el caso con el éxito de conceptos como el de “nuevas guerras” que se hizo famoso a comienzos de los años 90 para bautizar formas de violencia tan antiguas como los enfrentamientos étnicos. Lo mismo se puede decir de la oleada de explicaciones economicistas de los conflictos internos inspiradas en una lectura simplista de los estudios realizados por Paul Collier para el Banco Mundial a inicios de la década de 2000.

Ahora, el debate académico y la formulación de políticas de seguridad parecen empantanados por otra moda intelectual que entorpece el diseño de estrategias efectivas para defender a los ciudadanos: la teoría de la “seguridad humana”. Un término difuso que pivota sobre la doble creencia de que el fortalecimiento del Estado está en contradicción con la protección de los individuos y que los programas sociales pueden extinguir la criminalidad por sí mismos sin que las instituciones democráticas insistan en el empleo de la fuerza.

El debate en torno al concepto de “seguridad humana” sería un asunto escolástico si no fuera por su espectacular éxito en Colombia. Esta moda intelectual ha llegado a todas partes. Toda una muestra de la ubicuidad del término se puede encontrar en la página web de la Secretaria de Gobierno de Bogotá, Clara López (www.claralopez.net) donde se anuncia que “avanza la política de seguridad humana en Bogotá” al mismo tiempo que se subraya que se apuesta por “una seguridad fincada en la convivencia y no en la represión”.

La funcionaria distrital está lejos de ser una excepción. Políticos, académicos y antiguos miembros de la Fuerza Pública han abrazado el concepto con entusiasmo. Una inmensa mayoría de las universidades invierten mucho más tiempo y recursos en instruir a sus estudiantes sobre las finezas de la “seguridad humana” que en la enseñanza de otras disciplinas con más tradición académica e igualmente relacionadas con la protección de los ciudadanos como los estudios sobre criminalidad o terrorismo.

Curiosamente, existen pocos conceptos tan ajenos a la experiencia cosechada por Colombia en su esfuerzo por restaurar el orden y la paz como las ideas agrupadas bajo la etiqueta de “seguridad humana”. Si se puede señalar una causa primaria de la crisis de seguridad que padeció el país a finales de los 90, se trata de la fragilidad del Estado y en particular de su aparato de seguridad.

Durante ese período negro, los colombianos fueron asesinados, secuestrados y desplazados no por la omnipotencia de un Estado tiránico sino por la incapacidad de las instituciones para proteger a los ciudadanos. Se vivió un ejemplo cruel de como Thomas Hobbes concebía la vida del hombre en ausencia de gobierno: pobre, tosca, embrutecida y breve.

De igual forma, la paradoja de cómo la inversión estatal no solo no apagó la violencia en las regiones sino que estimuló la codicia de los grupos armados por capturar los fondos destinados a educación o salud demostró como crimen y terrorismo no pueden ser apaciguados haciendo uso exclusivamente de programas sociales. Sin duda, el acceso a la educación y las oportunidades económicas fortalecen la confianza popular en las instituciones y animan a la opinión pública para cerrar filas frente a quienes quebrantan la ley. Pero la seguridad es una condición previa para generar desarrollo y prosperidad. Sin ella, la inversión en hospitales o escuelas es solamente un botín a merced de los violentos.

Si los postulados de la “seguridad humana” parecen bastante lejanos de la realidad, ¿cuál es entonces la explicación de su éxito? Sin duda, existen académicos competentes y políticos sinceros que han sido atraídos por el espejismo de encontrar una alternativa a la “seguridad tradicional”.

Además, otros factores han contribuido a la difusión de este concepto en aulas académicas y despachos oficiales. Para empezar, la tentación de alinearse con lo políticamente correcto ha empujado a muchos a respaldar públicamente una idea que promete la fantasía de una estrategia de orden público sin su lado impopular: la necesidad del Estado de Derecho de hacer uso de la fuerza. Sobre esta base, la campaña de mercadeo lanzada desde sectores de la comunidad internacional ha sido decisiva para convertir la “seguridad humana” en un artículo de fe. De hecho, Naciones Unidas ha declarado este concepto como uno de los ejes de sus actividades globales donando decenas de millones de dólares para crear institutos, financiar proyectos de investigación y celebrar seminarios con esta orientación. Bajo tales circunstancias, ¿quién se resistiría a la “seguridad humana”?

El problema es que, parafraseando al filosofo norteamericano Richard Weaver, “las ideas tienen consecuencias”. Enarbolando la teoría de “seguridad humana”, sectores políticos y académicos buscan el origen de los problemas donde no está y toman decisiones de gasto en la dirección errada. Responden a alzas en los índices de delincuencia con discursos sobre la problemática social existente al tiempo que no se comprometen a proporcionar el respaldo político y las inversiones necesarias para que la Fuerza Pública pueda cumplir la tarea que le corresponde.

Abordar los problemas de seguridad demanda, en primer lugar, abandonar un discurso que puede cosechar aplausos en algunos círculos políticos de dentro y fuera del país; pero que impide concebir y ejecutar una estrategia efectiva para garantizar la protección de los ciudadanos. Un cambio que muchos agradecerían en una ciudad como Bogotá que ve su tranquilidad erosionada por el ascenso de la criminalidad y al mismo tiempo que se enfrenta al zarpazo del terrorismo.

Román D. Ortiz*
Coordinador
Área de Estudios de Seguridad y Defensa
Fundación Ideas para la Paz

domingo, enero 18, 2009

DE 1909 PARA 2009: REYES Y URIBE

17 de enero de 2009.

Por Daniel Mera Villamizar

Colombia entró al año de la víspera del Centenario, 1909, con un gobierno autoritario de gran desempeño, el de Rafael Reyes, que había logrado extender su periodo de seis a diez años (1904-1914), pero venía en proceso de divorcio de la opinión y dejaría inconclusa su obra. En 1910, un elegante opositor, Carlos E. Restrepo, asumió la Presidencia con la bandera de la Unión Republicana, que buscaba la concordia política y prohibió la reelección inmediata.

Tras la Guerra de los Mil Días y la separación de Panamá, Reyes interpretó el anhelo de reconstrucción y progreso, a contra corriente del conservatismo nacionalista, dominante bajo el mando de Miguel Antonio Caro. Hombre de provincia, nacido en Boyacá y templado en el Cauca y el Putumayo, pronto se reveló como caudillo de acción, práctico (sin reparar en códigos), que disgustaba a la intelectualidad bogotana y gozaba de enorme popularidad. Madrugaba, tenía "don de gentes", y oía a los ricos en detrimento de los políticos, gramáticos y abogados.

En diciembre de 1904 cerró el Congreso, que no le autorizaba medidas económicas y fiscales indispensables, en medio de la aceptación general. Una Asamblea Constituyente y Legislativa, a partir de 1905, validaría los designios del dictador moderado e incluyente, pues tenía ministros y constituyentes liberales, antes proscritos del poder. Reyes aseguró la ansiada paz con el desarme de la población y sus gamonales, y con la modernización y el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas. "Orden y economía", era su consigna.

Se consagró febrilmente a impulsar las industrias, los ferrocarriles, las "fuentes de trabajo y de riqueza", cuyos "secos y precisos números" exponía en "excursiones presidenciales" por el país, aun ante abrumadas y "nobles damas" de Cartagena y Barranquilla. Había recibido un país débil, visto en Europa como susceptible de nuevas desmembraciones, y con la imagen de tierra de leprosos, porque en la guerra civil miles "habían escapado de sus asilos, esparciéndose por las distintas regiones".

Para 1907, Colombia tenía otro atractivo internacional, y bastantes razones para agradecer con un Te Deum que "Dios protegiera a Reyes de forma descarada" en el atentado del 10 de febrero de 1906. Sin embargo, en 1908 los motivos acumulados de la oposición: los confinamientos, la falta de elecciones y representación, el reordenamiento territorial, la centralización política y rentística, entre otros, encontraron una decisión muy impopular del general Reyes que les facilitó ganar la opinión: un arreglo expedito con Estados Unidos, aun sin indemnización por Panamá, para atraer inversión extranjera, su gran esperanza.

Rafael Reyes, tildado de "poco pulido", sacó la conclusión de fondo, dejando una gran lección: "es base de la República la alternabilidad en el poder y no deseando aparecer como hombre necesario", renunció. "El orden y la paz no dependen de la permanencia de un solo hombre en el poder", dijo. Era el 13 de marzo de 1909. Cien años después, la renuncia del Presidente Uribe a un tercer periodo nos permitiría llegar al Bicentenario con la tradición republicana viva, con paz política y, muy probablemente, con un acuerdo de futuro basado en la firmeza, así apareciera un Carlos E. Restrepo.

viernes, enero 02, 2009

"LAS COSAS NO SON COMO PARECEN"

El Nuevo Herald - Miami / Publicado el 2 de enero de 2009

RAFAEL GUARIN


Madrid -- El ''intercambio epistolar'', en el cual han involucrado a más de un ingenuo de buena voluntad, no es más que una nueva operación psicológica y política concebida de acuerdo a los intereses y estrategia de las FARC. La liberación de la ignominia del secuestro de cuatro miembros de la fuerza pública y de dos políticos por parte de la guerrilla debe celebrarse, no así la forma en que ésta se producirá.

Al igual que hace un año, el anuncio de liberaciones no es un acto humanitario, ni un éxito de quienes posan de intermediarios. Las cosas no son como parecen y mucho menos cuando se trata con maestros de la simulación y la mentira. Detrás hay una perversa maniobra orientada a crear un clima favorable a las pretensiones de las FARC y que hace parte de la calculada respuesta política a los duros golpes recibidos.

Lo confirman las propias FARC en comunicación de octubre pasado al autodenominado grupo de ''intelectuales'', que Cano bautiza ahora con la consigna de ''Colombianos por la Paz''. En el texto aparece el verdadero objetivo de las viejas y nuevas liberaciones: ''crear condiciones y ambientes propicios'', ¿para qué? No sólo para el ''canje de prisioneros en poder de las partes contendientes'' (en su lenguaje), sino para avanzar en el objetivo que expresan en la carta de la semana pasada: ``Ver florecer un nuevo gobierno que convoque al diálogo de paz''.

A partir del secuestro, el espanto que genera la deplorable situación de las víctimas, el empleo de la propaganda y la ayuda de políticos nacionales y extranjeros, las FARC pretenden modificar la conducta de una sociedad que masivamente las condena. Es la aplicación de las enseñanzas de los terroristas anarquistas del siglo XIX. Joseph Conrad lo describe en boca de Osiipon: ''Lo único que importa es el estado emocional de las masas. Sin emoción no hay acción'' y esa acción, en este momento, es conseguir que los ciudadanos cambien el respaldo a una política de firmeza estatal por un gobierno que les reconozca el carácter de ''actores políticos'' y promueva la negociación. Es un esfuerzo por regresar al ``dialoguismo''.

El intercambio epistolar no es más que una renovada y más fina versión de la película que montaron Hugo Chávez, Piedad Córdoba y las FARC el año pasado. Los mismos actores y la excusa humanitaria sirviendo de treta. ¿Por qué insisten? Porque además de lo anterior la guerrilla para sobrevivir requiere con urgencia recuperar legitimidad política, paliar los efectos negativos del secuestro, dividir una sociedad unida contra el terrorismo y posibilitar la actuación de gobiernos amigos en la región. Cano lo reconoce sutilmente al recomendar ``tener en cuenta la manifiesta disposición de la gran mayoría de presidentes latinoamericanos para contribuir con sus esfuerzos en el proceso de intercambio humanitario y paz''.

Tan preparada está la actuación que a la primera carta de los supuestos ''intelectuales'' las FARC respondieron presurosamente, luego se promovió que todo el que quisiera escribirle a la guerrilla pidiéndole que cese los secuestros pudiera hacerlo. ¿Quién se negaría a pedirle que termine los crímenes de lesa humanidad? El portal de internet del Movimiento Bolivariano y el de las FARC inmediatamente se unieron, al igual que los integrantes del Partido Comunista Clandestino y la Coordinadora Continental Bolivariana. Era previsible. La guerrilla concibió hace más de una década el ''intercambio humanitario'' como un instrumento de agitación y movilización de masas.

Esta trampa lo que busca es allanar los obstáculos para avanzar en el reconocimiento de beligerancia. También legitimar el secuestro con el argumento de un conflicto armado no internacional. Los medios de comunicación no informaron que el Secretariado ratificó a los ''intelectuales'' que seguirán secuestrando. ¡Eso sí, para las FARC, los ''intelectuales'', un sector del Liberalismo y el Polo Democrático Alternativo los secuestrados no son secuestrados! Los policías y militares son ''prisioneros de guerra''. Otros son deudores morosos de las FARC porque no pagan las extorsiones, que tampoco son extorsiones sino impuestos revolucionarios. Y los políticos son retenidos por el reclamo del pueblo y por defender la Constitución de 1991. ¡Bonita forma de acabar con el secuestro disfrazándolo y optando por su legalización! En conclusión, el ''intercambio epistolar'' no sólo es un salvavidas para los farianos sino uno de los medios con los que buscan recuperar lo perdido en el terreno militar y político, al tiempo que contribuir a que escale la violencia y el secuestro. Evidentemente, las cosas no son como parecen.