viernes, octubre 09, 2009

LAS TARAS DE ANDRÉS FELIPE


Semana.com - 8 de octubre de 2009

RAFAEL GUARÍN

Coincido con la oposición en el debate sobre Agro Ingreso Seguro. No se trata de estar del lado de Uribe o de sus críticos. La cuestión es simple, así como ser antiuribista no puede ser excusa para ser blando con el terrorismo, ser uribista no puede ser excusa para ser blando con la corrupción.

Y corrupción es lo que hay en este caso. No basta con el argumento de legalidad del exministro Andrés Felipe Arias para exorcizar cualquier reproche a su gestión. En una democracia, además de observar el Estado de Derecho, las decisiones deben ser legítimas, atender el escrutinio ciudadano y la responsabilidad política. La forma en que se distribuyeron los subsidios podrá ser muy legal pero es absolutamente inmoral.

La corrupción no se limita a conductas delictivas. Así se ampare en la ley, el favoritismo y el ejercicio del poder al servicio de intereses particulares, en contra del bien general, es también corrupción. Exactamente lo que ocurre al regalar los impuestos de los colombianos a una minoría privilegiada en lo social, poderosa en lo político y rica en lo económico.

La razón de ese vulgar despojo con destino a terratenientes, reinas de belleza, cantantes, familias adineradas e hijos de políticos corruptos, obedece a una tara ideológica y a un afán electorero del ex Ministro.

En el fondo está la perversa idea de que subsidiar a los pobres es botar el dinero. Únicamente los ricos pueden generar riqueza, contribuir al crecimiento económico y crear fuentes de empleo. Desde esa perspectiva, más racional es destinar millones de pesos a quienes tienen tierra y cuantiosos recursos, que pretender apoyar a pequeños emprendedores.

Gracias a dicha tara la propuesta de campaña del presidente Álvaro Uribe de convertir a Colombia en un “país de propietarios” se está cumpliendo, pero no vía promoción del acceso a la propiedad a quienes no la tienen o a aquellos a los que les fue arrebatada por el narcotráfico, el paramilitarismo y las Farc, sino volcando el aparato estatal al servicio de los grandes potentados de la tierra. ¡Una cosa absurda!

Esa misma idea explica que durante el ministerio de “Uribito” no se haya hecho ningún intento de reforma agraria, a pesar de contar con millones de hectáreas que deben expropiarse a las organizaciones criminales.

Se preguntará Arias: ¿Para qué entregar tierras a ineptos e incapaces de hacerlas producir? Y responderá: más eficiente y eficaz es apoyar a los terratenientes y adinerados propietarios que sí generaran riqueza y no a las grandes masas de desharrapados y desplazados que cunden como plaga por las montañas y sabanas del país.

No solo es un concepto elitista, excluyente y que fragmenta más la sociedad, sino una institucionalizada manera de reproducir relaciones de sometimiento en el campo, de control político y de explotación. Dicha política anula la posibilidad de explorar caminos para democratizar la propiedad y de formas de propiedad colectiva de la tierra (así suene socialista) que fomenten el acceso a la misma a los campesinos pobres.

De la igual manera, impide adelantar iniciativas orientadas a enfrentar en las zonas rurales las condiciones de marginamiento y pobreza extrema que aprovechan las organizaciones de narcotraficantes y grupos armados ilegales.

Resulta una estupidez monumental regalar a familias ricas miles de millones de pesos mientras no se invierten los recursos necesarios para construir legitimidad estatal en el sur del Tolima y en otros enclaves históricos de la guerrilla. Para eso no hay plata, ni voluntad política y no puede haberla pues la tara ideológica convierte esa inversión en un gasto irracional.

La segunda razón es mucho menos elaborada. No se trata de pagar apoyos a la elección o reelección de Uribe. Todo el mundo sabe y las encuestas lo demuestran que no necesita de tales maniobras para mantener el apoyo popular. No así la desbocada y loca carrera del joven Andrés Felipe que, al mejor estilo samperista en el proceso 8000, decidió ganar adeptos feriando los impuestos y el Estado.

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martes, octubre 06, 2009

LOS MITOS DEL TERRORISMO


Especial para Facebook
RAFAEL GUARÍN

Justificar su existencia y la decisión de optar por la violencia es indispensable para los grupos terroristas. Tales organizaciones saben que la violencia no es suficiente para cumplir su objetivo y de la necesidad de combinarla con otros instrumentos y medios que permitan la movilización ciudadana a su favor.

La revolución sobreviene, siguiendo a Von der Heydte, cuando la fórmula en que se sustenta un orden político pierde vigencia, esto es, que agota su legitimidad y es reemplazada por una nueva, la que proponen los terroristas. Por esa razón, el cumplimiento del objetivo político implica instalar esa nueva fórmula, lo cual se alcanza si ésta obtiene legitimidad, es decir, si consigue coincidir con los valores y las ideas imperantes en la sociedad.

Para lograrlo, los terroristas deben ofrecer a los ciudadanos una lectura de la historia que justifique su actividad y propósitos. La manera en que se relatan los acontecimientos, se adjudican responsabilidades, se exaltan o condenan individuos o grupos y se explica el presente, resulta decisiva en la posibilidad de que el proyecto impulsado por los terroristas gane la legitimidad necesaria para imponerse.

Por esa razón, una de las tareas permanentes es la creación de mitos legitimadores. Se trata de convertir ciertos acontecimientos en hechos que permiten explicar el presente y justificar conductas futuras. Más que el hecho en sí, lo importante es el significado y alcance que se le otorgue, al igual que lograr que sea interiorizado por el colectivo del cual se busca obtener apoyo. Esto explica que las organizaciones terroristas insistan hasta la saciedad en las supuestas “causas del conflicto” y que cada de una de sus operaciones se cubra con idéntico manto discursivo.

En ese contexto, se entiende por mito una historia ficticia construida sobre sucesos reales cuya narración e interpretación obedece a determinados intereses políticos y visión de la sociedad. Los mitos políticos determinan la acción política, pues al ser aceptados por la sociedad se convierten en condicionante de sus actitudes y conductas.

Tal y como lo describe Ernst Cassirer en “El Mito del Estado”, los “nuevos mitos políticos no surgen libremente”. “Son cosas artificiales, fabricadas por artífices muy expertos y habilidosos”. Dicha característica es clave a la hora de interpretar el papel de los mitos en el terrorismo y su utilización por parte de los agentes políticos. El profesor Antonio Elorza tiene razón al afirmar que la “historia no hace el mito; es el mito el que se convierte en historia”.

Los mitos enmarcan los enfoques, fijan las percepciones de los involucrados, son imprescindibles en la adhesión popular que buscan los grupos terroristas y en el reclutamiento de nuevos integrantes. Tienen también que ver con la decisión de mantener la violencia y constituyen un elemento de cohesión interna. Un aparato armado que impugna el orden político debe contar con un discurso en que los mitos se repiten y se extienden, al tiempo que proporcionan una explicación a su existencia y una justificación para sus miembros. En virtud del mito se avala el asesinato, los carros bombas, el secuestro y, en general, el empleo de todo tipo de acciones terroristas. El mito permite además descargar la responsabilidad de los propios crímenes en el enemigo o en la sociedad, nunca en la organización terrorista.

Al examinar los casos de Irlanda del Norte con IRA y del País Vasco con ETA se ratifica la forma en que los mitos y la manipulación de la historia se vinculan íntimamente a la existencia y actuación de los grupos terroristas.

Las FARC son muy diestras en el manejo del mito. Antes de su fundación oficial y con el surgimiento de las primeras guerrillas comunistas, en los años cincuenta, una de las principales tareas ha sido la de escribir una narrativa que justifique la violencia. Son muchos los ejemplos que se pueden citar, pero dejémoslos para la siguiente columna, por lo pronto, subrayemos que una línea de acción antiterrorista es la de desmitificar aquellos acontecimientos que sirven de sustento al discurso de las agrupaciones violentas presentándolos en su real dimensión.

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martes, septiembre 29, 2009

EL ÉXITO DIPLOMÁTICO CHAVISTA

Foto AP: Reunión de Unasur en Bariloche. Agosto de 2009.

El Nuevo Herald - Miami - 29 de septiembre de 2009

RAFAEL GUARÍN

Hay que aceptarlo, un acierto diplomático innegable de Hugo Chávez es utilizar las organizaciones internacionales para sus propósitos. Así ocurre con la OEA, UNASUR y el Grupo de Río. En los tres casos, tales instancias terminaron siendo útiles al gobierno bolivariano y a sus aliados, mientras evaden el cumplimiento de su papel.

Veamos algunos ejemplos. La pretensión de reincorporar a Cuba al sistema interamericano encontró la plataforma ideal en el Grupo del Río, al cual ingresó en la cumbre celebrada en Brasil en diciembre del 2008. Al referirse a la resolución que revocaba la decisión que excluyó a Cuba de la OEA, en junio pasado, el diario Juventud Rebelde señaló que "lo importante es que el continente le dobló el brazo al imperio''.

Tan sólo un mes después, los mismos que para aceptar la abominable dictadura cubana incineraron la Carta Democrática, sin sonrojarse se convirtieron en los más fervientes defensores de su vigencia. La Carta se invocó en la reacción al golpe y contragolpe que en Honduras produjo la salida del poder de Manuel Zelaya. Hasta el gobierno cubano, en el seno del ALBA, que lidera Chávez, condenó la ``dictadura'' y levantó la bandera de la defensa del régimen democrático en Honduras. ¡Qué cinismo!

Pero hay mucho más. El grupo de Río se abstuvo de debatir las pruebas presentadas por el gobierno Uribe que demostraban las relaciones de la revolución bolivariana con las Farc. Esa actitud se mantuvo en la OEA con el concurso de su flamante secretario, José Miguel Insulza. La misma suerte tuvieron las denuncias impetradas contra la administración de Chávez por la oposición. Tampoco existe ninguna actividad para salvaguardar la democracia venezolana de las veleidades totalitarias del chavismo.

En UNASUR la cosa no es diferente. Durante la crisis boliviana del 2008 los presidentes rodearon a Evo Morales sin reservas, ante lo que se denunció como una tentativa de golpe del "imperio''. Al igual que en el caso de Honduras nunca examinaron la situación interna con imparcialidad, ni se percataron de las arbitrariedades de ambos gobernantes para imponer el socialismo del siglo XXI. Chávez logró que el legítimo rechazo popular a la revolución bolivariana se reprimiera en el escenario internacional.

Por otro lado, el repudio a la injerencia norteamericana en América Latina se convirtió en la bandera, mientras la injerencia chavista se aplaude o se ignora. El principio de no intervención en los asuntos internos, piedra angular del sistema internacional, para la OEA, UNASUR y el Grupo de Río solo existe como elemento de agitación antinorteamericana, nunca para censurar el abierto y grosero involucramiento del gobierno venezolano en las democracias del continente, aun cuando este se realice de la mano de grupos terroristas.

Es la misma conducta frente a los temas militares. Acudiendo al expediente vetusto de la guerra fría, que registra el apoyo a dictaduras por Estados Unidos, se prenden las alarmas respecto al acuerdo de cooperación con Colombia, no obstante la absoluta pasividad frente a la carrera armamentista de Chávez, que no es nueva, a la que se suma Lula con una gigantesca inversión en equipamiento militar. Para la izquierda eso no rompe el equilibrio de poder, pero sí la ayuda contra el narcotráfico y el terrorismo que presta el gobierno Obama a Colombia.

Esto debería ser una cuestión pasajera. La diplomacia chavista encontró un ambiente propicio y una ola de izquierda que la favorece. Quizás cuando la correlación de fuerzas cambie y tengamos gobiernos de otro signo ideológico en Brasil, Argentina y Chile, sea otro cantar. Al igual que si, por fin, la Casa Blanca da prioridad a América Latina. En este tema, no es mucho realmente lo que diferencia a Obama de Bush.

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domingo, septiembre 27, 2009

Reflexiones preliminares: CONSULTAS DEL POLO Y DEL LIBERALISMO OFICIALISTA





RAFAEL GUARÍN

DIEZ REFLEXIONES PRELIMINARES sobre los resultados de las consultas del liberalismo oficialista y el Polo:

1. El Partido Liberal es un partido rural y desconectado de la mayoría de los colombianos que habitan en las ciudades. Su resultado es lamentable, a pesar de la intervención de maquinarias de otros partidos y de parapolíticos.

2. El Polo no tiene mayor relevancia fuera de Bogotá. La baja votación en la capital obedece a la deficiente gestión de Samuel Moreno.

3. Se ratifican las encuestas que reflejan el escaso apoyo popular de los candidatos de la oposición.

4. La especie de plebiscito que impulsó el Liberalismo contra la reelección, utilizando la consulta, fue un fracaso y terminó favoreciendo a Álvaro Uribe.

5. Perdió vergonzosamente el serpo-samperismo que estaba detrás de Alfonso Gómez Méndez.

6. Dentro del Polo perdieron el Partido Comunista Colombiano, el Moir, Samuel Moreno, las Farc y la corrupción y el clientelismo de Jaime Dussán.

7. No solo ganó Petro la candidatura, sino que le ganó el pulso a las Farc, que según el propio Petro querían sacarlo del Polo.

8. Perdió César Gaviria al sacar la mitad de los votos que se propuso en la Consulta. Con tan magros resultados, hasta su propia y oculta aspiración a desplazar al ganador de la consulta, para hacerse a la candidatura presidencial, quedo enredada.

9. Los congresistas liberales deben preocuparse por el oscuro panorama electoral de las elecciones parlamentarias de 2010.

10. Un ganador de hoy, no visible, es Sergio Fajardo, quien queda como la única opción con cierta solidez para enfrentar al uribismo, sea en cabeza del presidente Uribe o de Rodrigo Rivera, Juan Manuel Santos, Nohemí Sanín o Andrés Felipe Arias. Nada raro será ver a Liberales y al Polo haciendo fila detrás de Fajardo, si hay segunda vuelta.

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viernes, septiembre 25, 2009

LOS CAMINOS A LA PAZ - PARTE 1

Conferencia
LOS CAMINOS A LA PAZ - Parte 1
RAFAEL GUARÍN

Foro "LOS UNIVERSITARIOS TIENEN LA PALABRA" - Septiembre de 2009. Fundación Un Millón de Voces.


LOS CAMINOS A LA PAZ - Parte 2

Conferencia
LOS CAMINOS A LA PAZ - Parte 2
RAFAEL GUARÍN

Foro "LOS UNIVERSITARIOS TIENEN LA PALABRA" - Septiembre de 2009. Fundación Un Millón de Voces.


LOS CAMINOS A LA PAZ - Parte 3

Conferencia
RAFAEL GUARÍN

Foro "LOS UNIVERSITARIOS TIENEN LA PALABRA" - Septiembre de 2009. Fundación Un Millón de Voces.

TRES MODELOS PARA ARMAR(SE)

Foto: Tomada por Rafael Guarín - Museo Militar. París.

EL NUEVO HERALD - 24/09/2009

EDUARDO ULIBARRI

Brasil, Colombia y Venezuela son el pelotón de punta en la carrera armamentista latinoamericana. Sus adquisiciones y pedidos de artefactos bélicos tienen en común las cifras multimillonarias y el temor que ello infunde en el entorno.

Pero cada uno sigue modelos muy distintos en su estrategia de crecimiento militar. Ninguno es esencialmente bueno. Todos suponen riesgos. Sin embargo, hay que explorarlos con sentido de realidad para entender su ``lógica'' y ponderar sus verdaderos efectos.

La apuesta brasileña es de largo plazo. No responde a la percepción de un desafío actual y preciso, ni la dispara el desafío directo de algún vecino, aunque el armamentismo venezolano genera preocupación.

Su horizonte es de futuro, y se vincula con un creciente protagonismo --y reconocimiento-- de Brasil como potencia media de proyección global; el único país latinoamericano que aspira a ese papel.

Los multimillonarios contratos suscritos con Francia no sólo responden al deseo de equiparse con tecnología bélica de punta (submarino nuclear incluido). Esto es sólo una parte. La otra consiste en impulsar un verdadero complejo industrial-militar de amplio aliento, algo que se remonta hacia décadas atrás y se une con las pretensiones de sus regímenes militares. De aquí que esos acuerdos incluyan transferencia tecnológica y manufacturas binacionales, y la participación, junto a sus gobiernos, de grandes grupos empresariales brasileños y franceses.

Para Brasil, la inversión militar es consustancial con sus objetivos políticos y económicos. Forma parte de un ``proyecto país'' que también incluye la inminente explotación de sus fantásticos yacimientos submarinos de hidrocarburos.

En las alianzas público-privadas que contemplan ambos planes (el petrolero y el militar) los conglomerados locales de diseño, ingeniería, energía, aeronáutica, siderurgia y construcción cumplirán tareas esenciales y garantizarán su crecimiento bajo tutela oficial. La lógica económica resulta discutible, pero el diseño geopolítico es claro.

Para Colombia, en cambio, el incremento del potencial bélico tiene un carácter más circunstancial. No forma parte de una visión nacional profunda. Es la respuesta inevitable ante un agudo problema local con repercusiones hemisféricas: el narcoterrorismo y sus irradiaciones; una decisión esencialmente reactiva.

El papel de Estados Unidos como proveedor de financiamiento, armas, entrenamiento y logística, y como usuario de siete bases colombianas, está claramente enmarcado por ese objetivo.

Suponer que forma parte de un esquema expansionista o de una visión bélica de largo aliento es una simple fantasía ideológica. Desconoce la especificidad del ``Plan Colombia'' y los límites impuestos por el Congreso en Washington, siempre receloso del uso que pueda darse a sus aviones, helicópteros e informes de inteligencia.

El armamentismo venezolano es otra cosa. Su objetivo es dar músculo a la opción político-ideológica del presidente Hugo Chávez, un proyecto autoritario hacia adentro, intervencionista hacia afuera y enmarcado en delirios hegemónicos.

Su dimensión interna se orienta a alimentar grupos armados paralelos, afines al régimen (milicias de factura represiva controladas por Chávez), mientras corteja a las fuerzas armadas, más institucionales, con sofisticados juguetes bélicos.

La externa, además de fortalecer su turbia alianza estratégica con Rusia, como aguijón en el ``traspatio'' estadounidense, pretende convertir a Venezuela en un foco de irradiación militar en el entorno regional.

Este crecimiento bélico es el cuarto pilar de una estrategia en la que el ALBA es el sostén político, PETROCARIBE el económico y el Congreso Bolivariano de los Pueblos el informal y ``social''.

De los tres modelos armamentistas, el venezolano es, por mucho, el más inquietante. Forma parte de un proyecto claramente antidemocrático, sin controles internos ni contenciones externas. A ello se añaden los nexos de Chávez con Irán, Siria y Libia.

Esto no implica aplaudir las otras dos opciones de crecimiento bélico. Cada una tiene justificaciones: más urgentes las de Colombia; menos convincentes, aunque más sofisticadas, las de Brasil. Pero ambas, también, son inevitables detonantes de inquietud en el entorno regional.

Países como Argentina, Chile, Ecuador y Perú tienen derecho a ponderar los tres modelos con creciente alarma. Por esto, la carrera armamentista latinoamericana ya luce incontenible.

jueves, septiembre 24, 2009

SALIR DE UNASUR


RAFAEL GUARÍN
Especial para Facebook
20 de septiembre de 2009


Más que un foro adecuado para la gestión de crisis en el subcontinente, Unasur se convirtió en el instrumento ideal para los intereses de Hugo Chávez y Luis Inácio Lula da Silva, al tiempo que en la punta de lanza de una estrategia que busca asfixiar al gobierno de Álvaro Uribe.

Chávez y Lula aparentemente emulan por el liderazgo en la región y aunque son harina de diferente costal coinciden en un trasnochado discurso anti – norteamericano y en el propósito de implantar un proyecto en el que son muchos los puntos de encuentro entre el Socialismo del Siglo XXI y la Plataforma del Foro de Sao Paulo, fundado en 1990 por Lula, con el apoyo de Fidel Castro.

Para contribuir a ese objetivo Chávez creó el ALBA y Lula lideró la fundación de Unasur. Los hechos demuestran que era justificada la desconfianza del gobierno colombiano ante la insistencia brasileña para que integrara esa organización y se creara el Consejo Suramericano de Defensa. Las recientes reuniones lo ratifican: se concentraron en el acuerdo de cooperación militar entre Colombia y Estados Unidos, al tiempo que con el liderazgo de Brasil y Venezuela se excluyeron la lucha contra el terrorismo, la compra inusitada de armas de esos países, las relaciones de gobiernos de la región con las Farc y la necesidad de intensificar la cooperación contra el crimen transnacional. Mientras se impugna a Colombia, tales asuntos solo caben en declaraciones retóricas.

En Unasur Colombia está sometida al guión elaborado por Lula, Chávez y sus amigos. La agenda la impulsa la revolución bolivariana con el silencio cómplice de Lula o la intervención del canciller Celso Amorín, de tal forma que el equilibrio en el tratamiento de los temas no existe, pero sí un afán de convertir a Unasur en un tribunal de acusación contra la política de seguridad de Colombia, que de paso sirve como inaceptable mecanismo de presión e injerencia.

En dicho foro exclusivamente se ve la paja en el ojo ajeno, esto es, en todos aquellos gobiernos o acciones que no armonicen con los intereses de Lula y de Chávez. Es natural que el acuerdo de cooperación militar genere inquietudes y la obligación de informar sobre su alcance, pero también que se exija transparencia frente a los convenios de compra de armamento y asistencia militar, celebrados con Rusia o Francia, cuestión evadida en las sesiones.

Por otro lado, las declaraciones de presidentes y ministros de algunos países permiten afirmar que probablemente en el corto y mediano plazo se utilizará a Unasur para revivir el pacto celebrado en noviembre de 2007, en el Palacio de Miraflores, entre Hugo Chávez e Iván Márquez, en representación de las Farc. En esa oportunidad, en nombre de la liberación de los secuestrados se acordó conformar una “caravana humanitaria” con delegados gubernamentales que, ante el engaño guerrillero, terminó estrellándose en la frustrada Operación Emanuel. Según las palabras del propio Chávez y los emails encontrados en las “laptop” de Raúl Reyes, el siguiente paso era constituir con dichos países una especie de “Grupo Contadora” que diera reconocimiento a las Farc como fuerza beligerante y presionara al gobierno Uribe.

La cosa le puede estar saliendo como anillo al dedo a las Farc y estamos volviendo lenta y casi imperceptiblemente al escenario diseñado por Chávez y Márquez. No solo Unasur no las califica como una organización terrorista, sino que en su seno se escuchan voces que reclaman una negociación gobierno – guerrilla para lograr la paz, lo que implica concederles a éstas un tácito trato de agrupación política e igualarlas con el gobierno colombiano.

La consigna de la paz es el inocente disfraz con el cual algunos gobiernos, que han mantenido relaciones clandestinas con las Farc, pretenden meter la mano en Colombia. El ministro Nicolás Maduro insistió en esa línea al proponer un “plan suramericano de paz para Colombia”. El objetivo no ha cambiado desde 2007: en nombre del diálogo se quiere otorgar legitimidad política a los farianos y contribuir al quiebre de una política de firmeza contra el terrorismo, ambas cosas requisitos indispensables para imponer su modelo.

El gobierno Uribe debe evaluar seriamente su papel en Unasur e incluso su permanencia. Si esa incipiente organización no logra constituirse en un mecanismo efectivo de gestión de crisis, tendría que dar el salto a la OEA o, llegado el caso, al Consejo de Seguridad de la ONU.


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miércoles, septiembre 23, 2009

MI VOTO POR PETRO

Foto tomada de www.elespectador.com


Rafael Guarín
SEMANA.COM
23 de septiembre de 2009

Pensé votar el próximo domingo por Gustavo Petro en la Consulta del Polo Democrático Alternativo por las siguientes razones:

Petro decidió quedarse en el Polo para dar la batalla. En las condiciones más adversas se enfrenta a la maquinaria política y clientelista de Jaime Dussan y al control del aparato que tiene el Partido Comunista Colombiano y el Moir.

Petro ha sido el único líder del Polo que ha denunciado la complacencia de algunos sectores de izquierda con el principio leninista de la combinación de todas las formas de lucha, esto es, con el empleo de la violencia. En septiembre de 2008 dijo que las Farc lo querían sacar del Polo: “Hay una campaña soterrada de las Farc por sacar a Petro y a Lucho del Partido”. Reconoció que esa guerrilla contaba con elementos dentro del Polo, tan influyentes y poderosos, que podían excluirlo de la lucha democrática. ¿Quiénes son? ¿A quién respaldan en la Consulta?

Petro, en 2007, propuso una hoja de ruta que incluía un pacto democrático que termine “definitivamente el uso de la combinación de las formas de lucha” y una política de seguridad de Estado, resaltando el rol definitivo que tienen las fuerzas militares.

Petro desafió a quienes en su partido decidieron no marchar el histórico 4 de febrero y a quienes se resistieron a apoyar las movilizaciones ciudadanas que condenaron la masacre de los once diputados del Valle del Cauca. Rechazó la falta de contundencia de las directivas del Polo frente a la masacre, al punto de señalar que “la sociedad colombiana no encuentra definidos totalmente los hechos que nos separan de las Farc".
Le cayeron rayos y centellas, no sólo de copartidarios sino de Raúl Reyes.

Petro, en febrero pasado, repudió la misiva que el Secretariado de las Farc envío al Congreso del Polo, en la que le proponen a ese Partido “acuerdos políticos”. El senador denunció que las Farc tenían la “intención integral de incidir en la política del Polo Democrático”, mientras el Congreso del partido se hizo el de la vista gorda.

Petro, entre otras cosas, es un símbolo de la lucha contra el narcoparamilitarismo que devastó a Colombia. No hay duda de su verticalidad para denunciar este fenómeno y amparar los derechos de las víctimas de masacres, torturas y desplazamientos. Propósito que compartimos.

Petro, también ha dicho que la izquierda debe abandonar “el sectarismo político y cierta enfermedad muy infantil de extremo-izquierdismo que la viene penetrando”, lo cual demuestra al afirmar la semana pasada que “agredir al presidente Álvaro Uribe es agredir a Colombia”, claro, tal afirmación hizo que cundieran ataques cardiacos masivos y simultáneos al interior del Polo.

La otra opción, Carlos Gaviria, es todo lo contrario. Mientras menciona el rechazo a la combinación de las formas de lucha y niega su existencia al interior de la colectividad, en 2002 fue candidato al Senado del Partido Comunista, partido que creó ese esperpento, y ha hecho de esa agrupación la quinta columna con la cual domina la estructura del Polo. Es el protagonista de todos los titubeos frente al terrorismo, objeta calificar de esa forma a las Farc y de participar en las marchas ciudadanas que la condenan. Y para colmo de males, en el proceso electoral de 2006 señaló estar dispuesto a reconocer beligerancia a las Farc.

Ahora bien, hay cosas muy graves que me llevan a recapacitar sobre la posibilidad de mi voto por Petro. Nunca cumplió con el deber de denunciar quiénes son los farianos dentro del Polo y a quién apoyan, tampoco ha renegado del pacto que suscribió con Hugo Chávez, en la Quinta de San Pedro Alejandrino el 18 de Diciembre de 1994, que todo indica que éste sigue vigente, a pesar de su animadversión reciente a la injerencia venezolana en los asuntos colombianos.

En esto hay dudas. Mientras habla de Socialismo del Siglo XXI en Caracas y Quito, al igual que en eventos del Polo, ante la opinión pública colombiana estratégicamente omite ese discurso. ¿Cuál es su verdadera posición ante al Socialismo del Siglo XXI? ¿Sigue apoyándolo pero se disfraza de moderado? ¿Mantiene su relación privilegiada con Chávez? ¿Es un lobo con piel oveja?

Tampoco ha contado lo que conoce sobre los autores intelectuales de la toma del Palacio de Justicia y que puede cobijar a ex guerrilleros del M19 que pelechan hoy en cargos públicos. Ahora que la Corte Suprema de Justicia dijo que procesará por crímenes de lesa humanidad a los parapolíticos, muy bueno sería hacer lo mismo con los ideólogos de esa guerrilla, responsables de esa y otras matanzas.

Pensándolo bien, esas razones son suficientes para que no pueda votar por Petro.

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