¿Por qué sorprenderse que existan personas en la política, medios de comunicación, universidades y otros menesteres, que estén orgánicamente articuladas a la guerrilla?
RAFAEL GUARÍN
Entre las reacciones generadas sobresale el evidente doble rasero con el cual se trata a políticos descubiertos en andanzas con el crimen. Revistas, columnistas, programas de televisión y editoriales radiales que se explayan en condenas y excomulgan a todo aquel que se mencione en los procesos contra los paramilitares, sin esperar siquiera investigación o sentencia judicial, están a punto de desgañitarse tratando de desprestigiar los computadores y de crear un ambiente que favorezca la impunidad de los que profesan, desde la legalidad, como adalides del terrorismo fariano.
Durante las últimas semanas se han escuchado y leído las más inverosímiles versiones. “No es lo mismo que un político esté vinculado a los paramilitares que a la guerrilla”, “las Farc no son lo mismo que los paramilitares”, “sí; ambos cometen crímenes pero sus motivaciones son distintas”, “la farcpolítica no es más que una cortina de humo para tapar el régimen narcofacista”. El periódico Voz lanzó la siguiente perla: es una “patraña oficial” y una “escandalosa farsa”, para concluir que se “pretende judicializar la lucha por la paz y el intercambio humanitario”. Tales argumentos demuestran, según el autor, ingenuidad, ignorancia, antiuribismo irracional, propaganda y un intento por encubrir el delito.
Realmente, lo extraño sería que las guerrillas no tuvieran aliados en la legalidad. El senador del Polo Democrático Luis Carlos Avellaneda lo reconoce: “Las Farc y el Eln también han tratado de infiltrar el poder nacional, regional y local de Colombia”. Esto se explica por que el grupo armado visualiza la victoria como resultado de la confluencia entre acción armada e insurrección, esta última, en términos de Lenin, es “la respuesta más enérgica, más uniforme y más conveniente del pueblo entero ante el gobierno”.
Para lograrlo, se requiere que junto al aparato armado se teja un aparato político encargado de la movilización de masas y de promover el levantamiento popular. Uno y otro, muy temprano, se distribuyeron regionalmente. El primero tomó cuerpo en zonas en que la geografía obró como aliada, mientras la acción política se concentró en centros urbanos.
Gilberto Viera, sempiterno Secretario General del Partido Comunista, lo señaló así: “Cuando comienza la lucha armada en Colombia, del 50 en adelante, el Partido elabora su orientación táctica que hemos llamado la combinación de todas las formas de lucha”. “No se excluyen ninguna forma de lucha, sino que se trata de combinarlas todas adecuadamente”. Y cuando Viera decía “todas”, eran todas, es decir, guerrilla, acción de masas, marchas campesinas, brotes de violencia en las universidades, actividad sindical y representación parlamentaria y en los restantes cargos de elección popular, entre otras.
Eso no ha cambiado. El Manifiesto de las Farc y lo que se conoce de la IX Conferencia muestra que ese proceder sigue siendo el instrumento táctico y estratégico. La novedad es la creación del Partido Comunista Clandestino de Colombia (PC3) que opera en desarrollo del plan estratégico o de la llamada Campaña Bolivariana por la Nueva Colombia. Entonces, ¿por qué sorprenderse que existan personas en la política, medios de comunicación, universidades y otros menesteres, que estén orgánicamente articuladas a la guerrilla?
Las Farc no buscan copar el Congreso a la manera narcoparamilitar, pero si un nuevo gobierno que surja de una alianza con organizaciones y sujetos afines. Más peligroso que el Mono Jojoy es un farcpolítico infiltrado en instancias de decisión estatal y que utiliza las instituciones democráticas para destruir la Constitución. Su capacidad de daño es mucho mayor que la de un cabecilla guerrillero en las profundidades del Vaupés.
Las laptops de Reyes desencadenaron una gran oportunidad de desmantelar ese entramado político aplicando el Estado de Derecho y no la barbarie, camino seguido, en los años ochenta y noventa, por criminales de lesa humanidad que se propusieron exterminar a los miembros de la Unión Patriótica que maniobraban en el marco de la combinación de todas las formas de lucha y también los que estaban ajenos a ella.
Es muy grave que se llegara a demostrar que el Partido Comunista continúa en esa estrategia, ya no como la vanguardia, sino como apéndice de las Farc. Igual si comprueba idéntica conducta en otras facciones del Polo Democrático y del Partido Liberal. Pero más grave sería que la administración de justicia no actúe. Por lo pronto, las declaraciones provenientes de la Corte Suprema de Justicia inquietan. No sea que la mano invisible de comunistas y farianos terminen escribiendo sentencias de impunidad.
LEA OTRAS COLUMNAS: www.rafaelguarin.blogspot.com








