sábado, septiembre 08, 2012

Dudas y expectativas que marcan el nuevo diálogo por la paz en Colombia





El gobierno colombiano pretende poner fin a 48 años de conflicto.

  1) Cambio de estrategia y baja popularidad

 El Presidente Juan Manuel Santos cumplió en agosto dos años de gobierno, con una popularidad de un 43,9%, muy distante del 80% con el que terminó su primer período. Además, el 69,3% de sus compatriotas reprueba su gestión en materia de seguridad, que dista mucho de la estrategia militar implementada por su antecesor, Alvaro Uribe, con quien también se distanció tras limar las asperezas con el mandatario venezolano, Hugo Chávez. A su vez, y dada la crisis internacional, se espera que la economía colombiana no crezca al ritmo de años anteriores. Fue en ese contexto que Santos reconoció este lunes que “se han desarrollado conversaciones exploratorias” con las Farc. El analista Rafael Guarín afirmó que, de confirmarse los acercamientos, el presidente podría hipotecar su futuro político al éxito o fracaso del proceso. De darse el primer escenario, Santos no sólo le daría punto final a un conflicto que se apronta a cumplir 50 años, sino que también reforzaría la imagen de Colombia en el exterior.



 2) Debilitamiento general y nueva cúpula En su máximo apogeo, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia llegaron a contar con unos *30 mil miembros, en los años 90. Tras la modernización de las FF.AA. y la fuerte lucha contra la guerrilla, llevada a cabo mediante la política de seguridad democrática en la era de Alvaro Uribe (2002-2010), las Farc han visto disminuidas sus filas a unos 9.000 efectivos. Un posible diálogo con la Casa de Nariño -que incluiría el desarme y el alto el fuego- también se da cuando la nueva cúpula guerrillera aún se está ajustando tras las significativas muertes de sus líderes históricos, producto de operaciones militares, como sucedió con Raúl Reyes (2008); Jorge Briceño, alias “Mono Jojoy” (2010), y Alfonso Cano (2011). A raíz del acoso de las FF.AA. colombianas han logrado disminuir los sistemas de aprovisionamiento de alimentos, medicinas y armamento de las Farc, “lo que seguramente las está llevando a reconocer que tienen que entrar en algún proceso de paz”, dice el analista colombiano Javier Loaiza.

 3) Casi nula credibilidad en la guerrilla Aunque el último proceso de paz, desarrollado entre 1998 y 2002, durante la administración de Andrés Pastrana, fue un rotundo fracaso, este sirvió para golpear políticamente a las Farc, puesto que el hecho de que hayan continuado con sus actividades, en paralelo al diálogo que mantenían con Casa de Nariño -tal como lo hacían antes de que se sentaran a conversar-, logró “desenmascararlas”, según el analista Javier Loaiza. Con ello, los guerrilleros demostraron que “no tenían ninguna intención de alcanzar la paz, dejar las armas ni el secuestro ni el tráfico de drogas. (Como resultado) no creo que haya siquiera un 1% de simpatía de la población hacia la guerrilla”, señala. “Mientras no lo hagan, nada garantiza que este proceso finalice con la desmovilización de esta organización. Por el contrario, implica el riesgo de que el grupo terrorista vuelva a emplear el diálogo como táctica dentro de su estrategia de guerra”, asegura el experto Rafael Guarín. 

 4) Ventajas que exhibe el acuerdo A diferencia de documentos anteriores, el texto supuestamente firmado en La Habana por las Farc y el gobierno de Juan Manuel Santos contiene una tabla a tratar acotada en seis puntos, algo que “es un elemento central, porque cuando se trata de agendas amplias, el riesgo de que se vaya a ninguna parte es altísimo, como fue el caso del Caguán (diálogo con Pastrana)”, destacó el analista Alejo Vargas. Además, “el hecho de que se negocie en el exterior es una ventaja también, porque si hay algo en el pasado que ha interferido mucho las conversaciones” es que estas se hayan realizado en Colombia, “donde todo el mundo quiere meterse a dar su aporte”, agrega. Para que las negociaciones lleguen a buen puerto, el experto Javier Loaiza agrega que se debe garantizar a la ciudadanía, y en especial a las víctimas, que no habrá impunidad frente a los crímenes cometidos en los 48 años que lleva el conflicto interno en desarrollo.

*Nota: realmente nunca alcanzaron 30.000 miembros encuadrillados. Las cifras rodean los 20.000 integrantes para final del siglo pasado. Las cifras actuales son un poco superiores a 9.000 pero sólo en sus elementos encuadrillados. A eso deben agregarse cerca de 12.000 que hacen parte de las milicias o como el Gobierno Santos los llama: Redes de Apoyo al Terrorismo. Esas milicias son un componente también del aparato violento de las FARC y actualmente adelantan gran parte de las actividades terroristas del grupo.

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